jueves, 18 de junio de 2009

Greensleeves


Esta canción, versionada por Loreenna McKennitt, se dice que fue compuesta por el rey Enrique VIII para su futura consorte (a la que después decapitaría, no olvidemos), Ana Bolena. Sin embargo, parece ser que fue más leyenda que otra cosa, y en todo caso, esta letra forma parte del folklore popular inglés. Pero es muy hermosa:


GREENSLEEVES


Alas my love you do me wrong

To cast me off discourteously;

And I have loved you oh so long

Delighting in your company.

Greensleeves was my delight,

Greensleeves my heart of gold

Greensleeves was my heart of joy

And who but my Lady Greensleeves.

I have been ready at your hand

To grant whatever thou would'st crave;

I have waged both life and land

Your love and goodwill for to have.

Greensleeves was my delight,

Greensleeves was my heart of gold

Greensleeves was my heart of joy

And who but my Lady Greensleeves.

Thy petticoat of sendle white

With gold embroidered gorgeously;

Thy petticoat of silk and white

And these I bought thee gladly.

Greensleeves was my delight,

Greensleeves my heart of gold

Greensleeves was my heart of joy

And who but my Lady Greensleeves.



En la imagen, el cuadro del prerrafaelita Dante Rossetti, titulado "My lady Greensleeves".
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jueves, 11 de junio de 2009

Ruptura palindrómica barbarificada

Dábale arroz a la ¡muy! zorra el abad.

Dábale arroz, ¡yum!, a la zorra el abad.


El inglés siempre interponiéndose entre la Academia y los hablantes. La oralidad siempre pertrechando los dichos sentenciosos, cerrados, manidos y tradicionales. Qué mundo este.

viernes, 5 de junio de 2009

Recuerdos Pisers: cualquier tiempo pasado...

Este texto le fue entregado al copista Iesus Allonsus por el amanuense Josephus Catenarius, que arriesgó su vida para que estos hechos constaran en la historia y no cayeran en el olvido para siempre. Yo, Laurae Navarrensis, los recojo humildemente con la misma finalidad, con el apoyo de Sonix Teruelis. Ecce hoc los hechos:


Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.

En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…

En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.

En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…

En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.


En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.

En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.

En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.

La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.

Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.

Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...

miércoles, 3 de junio de 2009

Metro Golden... presenta...

- Yo ejjqueeee estoy aquí porque me gusta ver gente, ¿sabes?...

- ... jajajajaja...

- ... que mi padresel dueño de la Mercedes...

-... sí, de la Mercedes-Benz... jajajajaja...


Vigilante de la parada del metro de Diagonal (que sigue en obras por los siglos de los siglos) a sus colegas, apostados en las barandillas de la salida.