Mostrando entradas con la etiqueta Los recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los recuerdos. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de mayo de 2012

Lost

A veces te cantaba una copla mundana al oído,
O tarareaba por debajo las costuras
Que eras mi vida y mi muerte.


Nunca acabaste de verle la gracia a Rossetta’s Stone,
Parecía como si no creyeras que entender
Mi lengua materna
Mereciera un ápice de tu tiempo,
Aunque me soslayabas
Muchas veces
Con tu acento
Y me decías “gracias” y sabías lo que significaba.
Una vez dijiste que tenía ojos de mapache,
Y no era de haber llorado en tu regazo durante horas,
Era mi lápiz de khol, que a veces,
Se me queda enganchado en los dedos
Y traza las líneas más oscuras por donde hayan de esbozarse los caminos
Que cada uno siga hasta su sien particular.
Parece que los ojos se me hubieran llenado de surcos,
Como tanta cupletista cantando con voz de ajenjo,
Una de las coplas que escuchaba en la niñez.
Entonces me decías que mi voz era hermosa,
Cómo no haberte creído,
En los pantanos de tus palabras, donde la noche más  sombría se vuelve
Y se torna el día más luminoso, y las luces opacas de una carretera lonely
Se convierten en puntos que no doma la distancia.
Cómo no haber seguido de frente tus discursos,
Y haber intentado intercalarlos de españoles soniquetes,
Cuando tus besos me apartaban del mundo
Y aunque no comprendiera todas las letras de tu boca,
Sabía que bebías despacito de mis labios,
Y que escuchabas de veras las canciones de mi vida.
Me lo dijeron mil veces.
Yo sólo pretendía relatarte la forma en que los recodos de mis venas
Se extenuaban de tanto fragor
Cuando me querías,
Y era tan difícil conseguir las palabras
Para hacerte arder en mi locura primigenia,
Que empecé a revolver en demasiados cajones
Para perder por siempre la oportunidad de hablarte.
Y ya supe que siempre te perdería un poco
Y encontraría el dolor para fingir que te tengo,
Y abriría la boca para ahogar tantos gritos,
Y tantas melodías olvidadas en falsete.
Perdí el derecho a conjurarte en las noches,
Y a suplicar que te vuelvas conmigo,
Y a invocarte en las horas de asueto
Cuando el padecimiento me trepa las tripas,
Cuando en el barrizal de mis lapsos de angustia,
Sólo quiero exhortarte y no exorcizarte,
Para hechizar de nuevo tus ojos nacientes,
Porque sólo requiero que tú seas mi muerte.

lunes, 23 de abril de 2012

Mi mandrágora

Yo perdí una mañana a mi mandrágora,
Me la extrajeron de la carne con tenazas.

Era blanca, arrugada y tan acuosa
Que guardaron sus lágrimas amargas
En un frasco anticuado de ambrosía.

Me duraron unas cuantas semanas,
Y con ellas lavaba yo mi herida.

Aprendí que los tubérculos del alma,
A menudo se enraízan y prosperan,
En parásita y alumbrada primavera.

Me sacaron mi mandrágora fetiche,
Hecha de venas, tendones, carne, grasa y mugre,
Cavaron un hoyo profundo,
Tiraron,
Tiraron,
Tiraron,
Y su llanto ensordecedor demolió en masa a la tierra
Que me circundaba.

Mi mandrágora era blanca y tenía los párpados arrugados,
No había visto nunca la luz,
Salió despedida con el dolor de un parto,
Se desgajó de mi piel desprendiendo sólo unas gotas
De pus purpúrea,
Que se quedó para siempre bajo mis membranas.

Tú querías esa mandrágora para ti,
No mientas,
La querías para acompañarte antropomórficamente
En todas las veladas consumidas de tus cantos,
En esa soledad que ambicionabas,
En esas noches que ibas a pasar lejos de mí,
Que ya entonces lo sabías.

Habías ordenado extraer esa mandrágora como un rey despótico,
Disponiendo a tu antojo adónde debía posarse cada hilo de mi carne.
Me llevaste en comitiva traicionera,
A que me extrajeran el fragmento ignominioso
Fruto de una vida entera
De terror a la soledad.

Mi mandrágora está ahora descompuesta, desintegrada , disgregada,
Desbaratada, destruida, corrompida.
Mi mandrágora nunca llegará a la tierra de donde procedía.

lunes, 16 de noviembre de 2009

A Barbazul, tirano, habiendo acabado de ver la segunda temporada de The Tudors

No eres un viejo verde sino azul,
Asesinaste a todas tus esposas,
Sin duda en tus noches aguardentosas,
Villano infame, cáustico, algazul,

Embístate gran toro, o un huemul,
Pues no brandes más que, calamitosas,
Feas malquerencias atrabiliosas,
Colgarte hemos todos de un abedul.

Ni Enrique VIII fuera tan protervo,
O al menos él no tuvo cuarto oscuro,
Donde guardabas a las muertas, cuervo.

De todas, la postrera, sin apuro,
Hallaría, llave en mano, tu acervo:
Maldito así abatiera tu futuro.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A la princesa del guisante

Porque has amanecido maltratada,
A todas luces: una mala noche,
¡Jesucristo! ¿Quién ha sido el fantoche,
Que te ha dejado así de amoratada?

Se creían que eras desharrapada,
Te torturaron a troche y moche,
Derroche de trasnoche a medianoche,
Princesa eras y muy delicada.

Papilonáceo verde y saltarín,
Que atormentaste tanto a la princesa,
En guardia ponte, presto, malandrín,

Te sacaremos de tu vaina tiesa,
Te sacaremos del colchón, ruïn,
Para que la doncella salga ilesa.

lunes, 9 de noviembre de 2009

A un lobizón divino o de por qué me pone tanto Hugh Jackman

Guifredo el Velloso era, a tu lado,
Lobo un imberbe de marca mayor
Pues no ha habido peludo, ¡ay, mi amor!
Con un talante menos rasurado.

Licántropo fiel, nunca estás helado,
Eres de vaho y despides calor,
Gran estufilla de humo y vapor,
Monstruo falaz, mi lobezno salado.

Hombre lobo hermoso, feliz me haces,
Con tu pestilencia y tu torso hirsuto
Diente amarillo y afiladas fauces,

Te amo, luna llena, abrazo enjuto,
Huelgo porque me mezas y me caces;
Tu aliento matutino es un esputo.

martes, 27 de octubre de 2009

Thank God I’m a country boy

Joe, que vengo molido del caballo,
Porque soy un tipo duro, un buen cowboy,
Con mis lazos y mi sombrero voy,
Te espero, toro, como agua de mayo.

Cuando acudas, no me pises el callo,
O te mandaré a todo mi convoy,
Todos están tan cachas como un boy,
Y te estrangularían como a un gallo.

Chicos de campo que, gracias a Dios,
Velamos por la América profunda,
Diciendo a nuestras madres un adiós

Punzante en nuestra alma vagabunda,
Aunque la marcha tenga algunos pros,
Como encontrar a la hembra más fecunda.

viernes, 23 de octubre de 2009

Noticia: Madame Blavatsky en la radio

Esta mañana, mi estimado ex-compañero de piso me ha informado de que en Catalunya Ràdio habían leído un relato de "una tal Madame Blavatsky". Enseguida he investigado más acerca de la noticia, encontrando el siguiente link, en el que, si vais al audio que pone "Tot és confús 1ª hora", alrededor del minuto 39 escucharéis cómo leen teatralmente una parte de mi blog, concretamente el post en el que hablé de mi querida Espardenyeta:


http://www.catradio.cat/pcatradio/crItem.jsp?seccio=programa&idint=1217

El post del que os hablo, si queréis comparar, es el siguiente:

http://madameblavatskyysusandanzas.blogspot.com/2007/10/lespardenyeta.html

Veréis que han modificado algunas cosas, pero bueno, lo que cuenta es la intención.

Así, sin yo comerlo ni beberlo, he salido en la radio, aunque han pronunciado mal mi apodo y no me han pedido permiso, pero bueno, le han leído el fragmento a Pilarín Bayés, que es la ilustradora del cuento que me ocupó, y la señora, que es muy simpática, se ha reído bastante.

Así que me doy por satisfecha, amigos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Lira de Johnny B. Goode

Johnny B. Goode, guitarra,
Fantástico iletrado de Louisiana,
La toca bizarra,
Si le da la gana;
Johnny sé bueno, Chuck te amilana.

martes, 20 de octubre de 2009

Mi novio es un zombie

Cuando se desprendió tu labio, beodo,
Noté tu hedor de muerto, y de tumba,
Me susurraste quejas de ultratumba,
¡Por poco te me descoyuntas todo!

Ya lo dijera Alaska, ella a su modo,
Ya el rey del pop lo convirtiera en rumba
Que en los oídos de todos retumba:
En paz descansen los muertos del lodo.

Cuando te arrastras y te tambaleas
Truculento amor, pareces borracho,
Tus órganos colgando bamboleas.

Pero eres un antiguo protomacho
Y sabes mover, como las poleas,
Tus restos de lengua como carpaccio.

viernes, 5 de junio de 2009

Recuerdos Pisers: cualquier tiempo pasado...

Este texto le fue entregado al copista Iesus Allonsus por el amanuense Josephus Catenarius, que arriesgó su vida para que estos hechos constaran en la historia y no cayeran en el olvido para siempre. Yo, Laurae Navarrensis, los recojo humildemente con la misma finalidad, con el apoyo de Sonix Teruelis. Ecce hoc los hechos:


Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.

En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…

En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.

En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…

En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.


En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.

En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.

En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.

La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.

Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.

Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...

jueves, 28 de mayo de 2009

Revisión de Gloria Fuertes 3




LA GALLINITA

La gallinita,
en el gallinero,
dice a su amiga
-Cuánto te quiero.
Gallinita rubia
llorará luego,
ahora canta:
-Aquí te espero...
"Aquí te espero,
poniendo un huevo",
me dio la tos
y puse dos.
Pensé en mi ama,
¡qué pobre es!
Me dio penita...
¡y puse tres!
Como tardaste,
esperé un rato
poniendo huevos,
¡y puse cuatro!
Mi ama me vende
a doña Luz.
¡Yo con arroz!
¡qué ingratitud!

lunes, 18 de mayo de 2009

Revisión de Gloria Fuertes 2


Un globo, dos globos, tres globos,

la luna es un globo que se me escapó.

Un globo, dos globos, tres globos,

la tierra es un globo donde vivo yo.


martes, 5 de mayo de 2009

Revisión de Gloria Fuertes 1

LOS PECES VAN A LA ESCUELA


Hay un colegio
en el fondo del mar,
y allí los "bonitos"
bajan a estudiar.

Y el que más escribe
es el calamar,
y el que menos sabe
no sabe la "a".

A dar la lección
"Pez Espada" va,
lleva su puntero
para señalar:

"Con olas y barcas,
el Norte del mar,
y limita al Este
con playas sin par..."

Y después, muy serios,
todos a rezar:
Pupitre de perlas,
bancos de coral,
encerado verde
y tiza de sal.

Muchos pececitos
ríen al sumar.
Y el buzo a los peces
bajaba a asustar,
con su cara blanca
dentro de un cristal.


Gloria Fuertes.


Y ahora, las declaraciones del Calamar:


jueves, 13 de noviembre de 2008

Juguemos a montar una historia


Elementos:


Laura vestida de boda, un zapato de boda, una fondue de chocolate gigante como la anterior, varias copas de más, un camarero que ha visto de todo, unos amigos más contentillos que tú a tu alrededor.


¿Qué ocurre?


jueves, 9 de octubre de 2008

Moniato/Boniato


Otoño. Como llueve tengo ese escalofrío en la espalda de querer meterme en casita, calentita, en zapatillas. Compro unos boniatos/moniatos a 0,99 el kilo. Los he visto y he pensado yupiiiiiiiiii, ya es otoño. A los yanquis siempre les gusta casarse en "the Fall". Será porque es una época bonita/boniata.

Me meto en casa y los horneo, despacito. A la Son-Son y a mí nos encantan estas patatas-zanahorias dulces. Los horneo envueltos en papel de plata. Me meto en la cama a leer, me duermo con la luz encendida, una media hora.

Por la noche, los tubérculos dulces y blanditos todavía están calientes. Pocas cosas han sido más agradables en este día.

lunes, 21 de julio de 2008

Loreena McKennitt: alfa y omega



Sólo quiero que mis bloguers sepan que ayer tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida, escuchando en directo a la inigualable Loreena McKennitt, con su excelente equipo de músicos. El poder de la música no tiene límites y es un vehículo ideal para hacer llegar a todo el mundo la cultura, que nos hace libres.


Al mismo tiempo, sé que no puedo compartir esta sensación con nadie, así que ahí queda.


Además, he adquirido un colgante con este símbolo celta. Se grababa en los escudos y tiene que ver con la protección y las cruces solares.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Cosas de abuelas

Hay tres cosas en la vida que siempre están frías:

1. La nariz de un perro.
2. Las manos de un barbero.
3. El culo de una mujer.

lunes, 28 de abril de 2008

Mi Sí-Cumpleaños


Sobre mis andanzas esta última semana hay poco o mucho que contar, según se mire, pero hoy era obligado escribir, porque es mi cumpleaños, lo demás ya vendrá. He pasado del bonito 25, del cuarto de siglo, del ecuador de la bonita segunda década, del decimoquinto año de existencia de este pequeño ser que se encuentra unas veces in the middle of nowhere y otras mucho más en medio todavía. Como véis, me he puesto filosófica, si es que eso se puede conseguir en un blog de color rosa cuyo último post está dedicado a unas extrañas judías gelatinosas de colores y sabores imposibles.

Hoy, día de mis 26, glorioso momento para la madre que me parió a la edad de 24 años (dios mío, se me pasa el arroz), a las 4.27 de la madrugada de un miércoles (estúpido día donde los haya, e insulso) en el que se había comido un huevo frito que le sentó como un tiro, a la pobre, que vomitaba por arriba un residuo de su digestión y por abajo un pingajo de su corazón. Qué cosas.

Pues hoy, hoy y no otro día, porque es lo que tienen los cumpleaños, que son un día, y al otro día el cumpleaños se ha marchitado ya, y ya no es lo mismo: es tu cumpleaños? no, lo fue ayer! vaya, bueno... ¡¡felicidades?? pero el mío es hoy, hoy, hoy, hoy es mi cumpleaños. Lo imperecedero de los cumpleaños sólo dura 24 horas (¿paradoja?) pero en esas 24 horas lo son, son imperecederos. La gente te dice, ¿te sientes más mayor, cómo se siente uno con X años? y uno responde siempre, haga frío o haga calor, llueva o truene, con un leve levantamiento de hombros, un fruncimiento de labios, que igual que ayer, y todo el mundo se ríe, de forma parecida a cuando vas a un funeral y alguien dice no somos nadie, y todos asienten en silencio o dicen "ya ves", o "desde luego" (los más pedantes).

Así son los cumpleaños, malvados, felices, mágicos y especiales, sólo si tú quieres.

Feliz No-Cumpleaños a todos los que, al contrario que yo, no celebran su aniversario HOY.


"- ¡Vaya! Hoy es mi No-cumpleaños también"


Sombrerero Loco

lunes, 24 de marzo de 2008

¡Que no es serendipia, que eso es otra cosa!

Parece que siempre vuelve a ocurrir esto de aprender algo un día, oír hablar de ello o leer acerca del asunto y que enseguida vuelva a aparecer en tu vida, en tus películas, en tus lecturas, en tus bocas. No deja de ser siempre curioso y fascinante, y creo que habíamos quedado en que era mero azar, o tal vez una compleja red de interconexiones, puramente estadísticas. Así, cuando leí en cierto(s) blog(s) acerca de Robert Capa y Gerda Taro, hice una observación, sobre otro personaje que aparecía en el post:

“Gerda Taro llevaba colgados de su hombro los aparatos fotográficos. Ella y Capa, también fotógrafo entusiasta, fueron los huéspedes más queridos de la Alianza de Intelectuales, y eso que hubo tantos. Con toda naturalidad, después del inesperado recibimiento de León Felipe, se instalaron junto a nosotros. Iban constantemente al frente y regresaban cansados y felices. La fama de buen fotógrafo de Capa era internacional. Creo que una de las instantáneas más famosas de nuestra guerra, aquella en la que el soldado herido de muerte comienza a caer en la trinchera abandonando el fusil, es suya. Gerda y Capa eran dos seres alegres y jóvenes capaces de reírse cuando el plato estaba vacío, cuando el fotógrafo americano Harry decía que fumaba “yerbas”, cuando Santiago Ontañón decía que las lentejas tenían gusanos que nos miraban, o Darío Cramona hablaba de sus sueños interminables y hambrientos, o Langston Hughes hablaba con diminutivos aprendidos en México. Entre nosotros Gerda Taro se convirtió en la indispensable. A ninguno se le ocurría temer por esta muchacha decidida que con su máquina fotográfica en bandolera se iba al frente como un soldado, y, sin embargo, un día alguien que llamó precipitadamente a nuestra puerta gritó: “María Teresa, en el frente de El Escorial han herido a Gerda Taro”.

[…]


Ésa fue mi primera experiencia; la segunda llamaba a mi puerta para decirme: “En la retirada de Brunete, Gerda Taro iba subida en el estribo de un camión, la rozó un tanque y la han llevado al Escorial, herida”. Cuando llegamos al Escorial ya había muerto. Nos dijeron: “Era una valiente. Como no había anestesia para operarla nos pidió un cigarrillo”. Fumando rabiosamente la operaron, pero no había remedio. Abrieron una puerta y la vimos tumbada en un cuarto vacío, cubierta por una sábana. Qué pequeñita se había quedado. Durante las guerras faltan siempre cajas para enterrar a los valientes. No encontramos ninguna. Por fin nos buscaron un camión y allí, entre cajones, tendieron a Gerda Taro. La guerra, amiga, no tiene miramientos, balbuceamos, y cuando echó a andar el camión nosotros lo seguimos y atravesamos campos ardiendo y casi no nos dimos cuenta de que los aviones franquistas nos estaban bombardeando.
Depositamos a Gerda en el jardín de invierno de la Alianza de Intelectuales. Velamos a la pequeña heroína francesa como a un soldado. Los milicianos le dieron guardia de honor y fueron desfilando comisiones obreras, jefes militares, amigos, vecinas que iban enterándose… y hacían un gran esfuerzo para no santiguarse. Yo dije a la mujer de nuestro portero: “Santíguate, mujer, quién sabe si le hubiese gustado a Gerda verte”. Al día siguiente se llevaron el pobre cuerpecito de Gerda Taro a París, donde fue recibido como el de un soldado que regresa con su deber cumplido. Capa, su compañero, siguió su camino de extraordinario fotógrafo, disparando su máquina como una ametralladora rabiosa. No hubo conflicto donde él no estuviese presente. La vida parecía importarle mucho menos que los testimonios que él recogía y mostraba de las torpezas del mundo y de la angustia de los hombres. Creo que la muerte que levantaba tantas veces su mano, asombrada de verlo cercado de peligros, un día, creo que en Vietnam, bajó su palma y le tapó los ojos, que eran tan claros como un arma, para siempre."


María Teresa León, Memoria de la melancolía

Pues bien, aquí está el testimonio de María Teresa León, por si nos sirve para ampliar perspectivas.

martes, 12 de febrero de 2008

Cicatrices antiguas que ya no duelen ni con el cambio de tiempo

¿Acaso esperaba que volvieras en un caballo blanco a decirme que todas las dudas del mundo se habían erradicado por orden del rey se hace saber que todas las princesas quedarán por siempre jamás con sus príncipes azules? ¿Pero en qué mundo vivo?

Se trata de las cien cosas que aún me quedan por decirte…

… y no puedo parar de llorar porque parece que esto me está purgando pero no: es que lo que me está es hurgando.

Cien cosas, o más, me quedan por decirte.
Cuando las pienso, las cien cosas, se me vuelven muchas más, y ya no sé en qué lugar quedan las cien que ya te dije.

Para que vuelvas, te diría cien cosas.

Pero no te las diré.

Las cuento con anhelo, las cuento con recelo. Cosas que me pasan, ahora que estás lejos. Ahora que el abismo chiquitito que nos separaba se ha abierto. Boca de lobo, abismo.

Pero no te las diré, porque quiero que vuelvas.

Para que vuelvas, te diría cien cosas.

Cada día las cuento, con los dedos de la mano. Cada día las cuento. Y al llegar a nueve me quedo igual. Todo lo que vengo tocando se me transforma en una de cien cosas.

Por orden del rey, se hace saber…

Por orden del rey se hacen saber más de cien cosas al príncipe de mis tristezas.