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lunes, 16 de noviembre de 2009

A Barbazul, tirano, habiendo acabado de ver la segunda temporada de The Tudors

No eres un viejo verde sino azul,
Asesinaste a todas tus esposas,
Sin duda en tus noches aguardentosas,
Villano infame, cáustico, algazul,

Embístate gran toro, o un huemul,
Pues no brandes más que, calamitosas,
Feas malquerencias atrabiliosas,
Colgarte hemos todos de un abedul.

Ni Enrique VIII fuera tan protervo,
O al menos él no tuvo cuarto oscuro,
Donde guardabas a las muertas, cuervo.

De todas, la postrera, sin apuro,
Hallaría, llave en mano, tu acervo:
Maldito así abatiera tu futuro.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A la princesa del guisante

Porque has amanecido maltratada,
A todas luces: una mala noche,
¡Jesucristo! ¿Quién ha sido el fantoche,
Que te ha dejado así de amoratada?

Se creían que eras desharrapada,
Te torturaron a troche y moche,
Derroche de trasnoche a medianoche,
Princesa eras y muy delicada.

Papilonáceo verde y saltarín,
Que atormentaste tanto a la princesa,
En guardia ponte, presto, malandrín,

Te sacaremos de tu vaina tiesa,
Te sacaremos del colchón, ruïn,
Para que la doncella salga ilesa.

lunes, 2 de noviembre de 2009

A la criatura gigante de ocho patas

Conozco que habitas en anchos mares
Que asomas por enormes claraboyas
Que a todo barco impunemente arrollas:
No quieres que nadie invada tus lares.

Incluso que los meriendas a pares
Que no dejas flotando ni las boyas,
No necesitas condimento ni ollas,
Siendo el más fiero de los calamares.

Tú fuiste quien venció al capitán Nemo,
Que a veinte mil leguas pescaba vieira,
Así que, Octopussy, no seas memo,

Escóndete muy bien del rianxeira
No permitas que te alcance su remo,
Y te cocine como pulpo a feira.

viernes, 23 de octubre de 2009

Noticia: Madame Blavatsky en la radio

Esta mañana, mi estimado ex-compañero de piso me ha informado de que en Catalunya Ràdio habían leído un relato de "una tal Madame Blavatsky". Enseguida he investigado más acerca de la noticia, encontrando el siguiente link, en el que, si vais al audio que pone "Tot és confús 1ª hora", alrededor del minuto 39 escucharéis cómo leen teatralmente una parte de mi blog, concretamente el post en el que hablé de mi querida Espardenyeta:


http://www.catradio.cat/pcatradio/crItem.jsp?seccio=programa&idint=1217

El post del que os hablo, si queréis comparar, es el siguiente:

http://madameblavatskyysusandanzas.blogspot.com/2007/10/lespardenyeta.html

Veréis que han modificado algunas cosas, pero bueno, lo que cuenta es la intención.

Así, sin yo comerlo ni beberlo, he salido en la radio, aunque han pronunciado mal mi apodo y no me han pedido permiso, pero bueno, le han leído el fragmento a Pilarín Bayés, que es la ilustradora del cuento que me ocupó, y la señora, que es muy simpática, se ha reído bastante.

Así que me doy por satisfecha, amigos.

martes, 15 de septiembre de 2009

A Bella, la zoofílica

Como tantas, mejor que tus hermanas,
¡Cómo no! Pulchra puella sine par,
No te atrae el primor apolinar,
Sino las barbas, pelusas y lanas.

Te estimulan los bárbaros, ¡membranas!
Beso incisivo, muerdo maxilar,
¡Ay!, que te constriñan el costillar,
Aunque tú no eres de las casquivanas.

Al contrario, eres pura y virginal,
Salvaste a tu padre de mangoneos,
Amando al hombre mitad animal,

Su furia, su empaque y sus forcejeos,
No te hicieron ni pensar, hormonal,
Aquello de que se mueran los feos.

martes, 18 de agosto de 2009

Al Cuervo Negro

Eres el ave del Americano,
Sobrevuelas y ensombreces llanuras,
Pico, plumajes, uña y espesuras,
Eres como el perro del hortelano.

Persigues sólo a los pollos mundanos,
Avechucho con faldas y negruras,
A las zorras, de queso las saturas,
Eres espíritu de tertulianos.

Vedete de siniestro vodevil,
Se auguran con tus tripas mil desgracias;
Clausura tu pico, bellaco y vil,

No alimentes, presente, las falacias
De almas atormentadas, que hay diez mil,
De los suicidas no rías las gracias.

jueves, 9 de julio de 2009

The Devil Went Down to Georgia

Otra de las canciones que me obsesiona: "The Devil Went Down to Georgia", de la Charlie Daniels' Band, un grupo de country de la América profunda. Me iba a hacer fan, pero descubrí que eran republicanos... lo cual, por otra parte, era normal. Debí haberlo imaginado. La canción es brutal, tanto por la letra como por la música. Habla del Diablo, que se desplaza hasta Georgia buscando almas, y reta a Johnny, un violinista que hay por allí. El trato con el muchacho es claro, y está basado en la tradición folklórica del pacto con el diablo: si Johnny gana se lleva un violín de oro, y si pierde, guess what!, el Diablo se queda con su alma. Pero Johnny resulta ser un jefe, y "the best there's ever been". Me encanta la parte en que le vacila, cuando el diablo ha terminado de tocar, con su banda de demonios, y le dice: "Well you're pretty good ol' son."But sit down in that chair, right there, and let me show you how it's done." Ahí, vacilándole al mismísimo Diablo. Estos yankis...

Destaco, también las versiones de la canción, respecto a un insulto: "son of a bitch/son of a gun". Hay versiones con los dos insultos, el ligero y el fuerte, también muy típico de los sureños, el cambiar exclamaciones que al parecer, les resultan blasfemas, como "For Christ's sake" por el "For crying out loud!", o "Fudge!" por Fuck!". Súper divertido y absurdo, algo así como el "¡miér...coles!" por "¡mierda!" de nuestros abuelos, o el "¡me ca... chis en la mar!" por "¡me cago en la madre que te parió!". Todo ello a base de cambios de sonidos y significados, omisiones y otros recursos para no blasfemar ni tomar el nombre de dios en vano.

Parece que Charlie Daniels se inspiró en parte para hacer esta canción en un poema que leyó en la escuela, The Mountain Whippoorwill, de Stephen Vincent Benet, por si os interesan las fuentes. Además, las partes en las que tocan el Diablo y Johnny están hechas por el propio Charlie Daniels y como él mismo explica: "The Devil's just blowing smoke. If you listen to that, there's just a bunch of noise. There's no melody to it, there's no nothing, it's just a bunch of noise. Just confusion and stuff. And of course Johnny's saying something: You can't beat the Devil without the Lord. I didn't have that in the song, but I should have." Vale, mensaje Amoalaura-style. Pero mola.



A continuación, aquí tenéis la canción. Es muy divertida, realmente es como un pequeño cuento para antes de ir a dormir... soñar que eres Johnny y que vences a The Fucking-Devil-Motherfucker:

The devil went down to Georgia, he was looking for a soul to steal.
He was in a bind 'cos he was way behind: he was willin' to make a deal.

When he came across this young man sawin' on a fiddle and playin' it hot.
And the devil jumped upon a hickory stump and said:
"Boy let me tell you what: I guess you didn't know it, but I'm a fiddle player too.
And if you'd care to take a dare, I'll make a bet with you.
Now you play a pretty good fiddle, boy, but give the devil his due:
I bet a fiddle of gold against your soul, 'cos I think I'm better than you."
"The boy said: "My name's Johnny and it might be a sin,
But I'll take your bet, your gonna regret, 'cos I'm the best that's ever been."

Johnny you rosin up your bow and play your fiddle hard.
'Cos hells broke loose in Georgia and the devil deals it hard.
And if you win you get this shiny fiddle made of gold.
But if you lose, the devil gets your soul.

The devil opened up his case and he said: "I'll start this show."
And fire flew from his fingertips as he resined up his bow.
And he pulled the bow across his strings and it made an evil hiss.
Then a band of demons joined in and it sounded something like this.
When the devil finished, Johnny said: "Well you're pretty good ol' son.

"But sit down in that chair, right there, and let me show you how it's done".

Fire on the mountain, run boys, run.
The devil's in the house with the risin' sun.
Chicken in the bread pen, pickin' out dough.
"Granny, does your dog bite?"
"No, child, no."

The devil bowed his head because he knew that he'd been beat.
He laid that golden fiddle on the ground at Johnny's feet.
Johnny said: "Devil just come on back if you ever want to try again.
"I told you once, you son of a bitch, I'm the best there's ever been."

And he played fire on the mountain, run boys, run.
The devil's in the house with the risin' sun.
Chicken in the bread pen pickin' out dough.
"Granny, will your dog bite?"
"No, child, no."


PS: para los flipados del Guitar Hero, sepan que hay una versión de esta canción para tocar.


viernes, 5 de junio de 2009

Recuerdos Pisers: cualquier tiempo pasado...

Este texto le fue entregado al copista Iesus Allonsus por el amanuense Josephus Catenarius, que arriesgó su vida para que estos hechos constaran en la historia y no cayeran en el olvido para siempre. Yo, Laurae Navarrensis, los recojo humildemente con la misma finalidad, con el apoyo de Sonix Teruelis. Ecce hoc los hechos:


Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.

En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…

En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.

En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…

En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.


En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.

En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.

En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.

La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.

Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.

Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...

martes, 3 de marzo de 2009

Dogville, o como dicen algunos: Viladecans


Sin ánimo de comenzar un blog de reseñas cinematográficas, que para eso ya lo hace, y muy bien, mon ami Le Petit Prince, os hago partícipes de mi primer tropiezo con Lars Von Trier, que ha sido con esta película que me ha dejado pensativa durante varios días. Del impacto inicial de ver ese escenario desnudo, esa charranca pintada con tizas en la que todo el mundo presencia la mierda de todo el mundo, y asimismo, sus pequeños momentos de gloria, si los hubiera, a la sensación final de entre satisfacción, vendetta y vacío existencial (paliable), nihilista. De la blancura sin rotura, nuclear, de una Nicole Kidman dramática, enrojecida y venosa, a la negrura de ese abismo al que nos aboca, o nos obliga a asomarnos el tal alemán o sueco, que es la crueldad humana.


Aunque me digan que no debo abusar de este tipo de posts, y que debo limitarme a la comicidad de mi estilo exagerado, desenfadado y pseudomisantrópico, yo me empeño y me empeño en escibir algún que otro apunte sobre la parte trágica de mi mundo interior que, señores, existe.

martes, 10 de junio de 2008

Figareixon



El barbero de Glastonbury. Donde se arreglaba los pelos y las barbas Lanzarote para ir al encuentro de Ginebra.

jueves, 15 de mayo de 2008

Las brumas de Avalon I


Cuando fui a visitar a mis queridos amigos Hatsue y Aningunsitio me ocurrieron varias desgracias de las que aún no he podido recuperarme, y es que en la actualidad vivo en un mundo goyesco de Parcas negras y de monstruosos aquelarres, en el más absoluto de los silencios...

Pero aparte de todo eso, pude visitar el muy mítico y apasionante reino de Avalon, claro que sólo unos pocos privilegiados logramos divisarlo entre las nieblas del Tor, el monte y la torre que se encuentran a las afueras del precioso pueblo de Glastonbury, donde tuve la oportunidad de adquirir ciertas chucherías de reminiscencias celtas (no así unas runas por las que me pedían la friolera de 26 libras), como unas chapas que rezan "BeWitched" y "my other car is a broom", que estoy segura de que serían muy del agrado de mi querida Hatsue. No penséis que eso fue lo único que compré, porque tuve la gran suerte de encontrar un hermoso calendario en forma de rueda de la diosa celta que, como sabéis, mis queridos instruidos e ilustrados amigos, no es otra que la Madre Naturaleza dividida en varias épocas del año, coincidentes con las festividades célticas, y representada en la figura de las distintas facetas de la mujer.

martes, 5 de febrero de 2008

The Highwayman


Este poema me viene obsesionando, quizá porque no tengo todas las claves de la historia: el vocabulario del siglo XIX no es moco de pavo. Sé de cierto que nadie se lo va a leer, además de que está en inglés... pero si alguien consigue penetrar en las primeras estrofas y pasar de ahí, a Umberto Eco me remito, descubrirá esta escalofriante historia que quiero desglosar y que tanto me inquieta. Lo descubrí porque Loreena Mc Kennitt lo musicó en mi álbum favorito, The Book of Secrets. Cuenta la historia de un salteador de caminos que va a visitar a su amada. Bueno, el caso es que el poema acaba mal, mal, mal es poco. Si alguien consigue disfrutar de su belleza... me daré por satisfecha, y si no también, porque lo escucho cada mañana, intermitentemente.


Part One
I
The wind was a torrent of darkness among the gusty trees,
The moon was a ghostly galleon tossed upon cloudy seas,
The road was a ribbon of moonlight, over the purple moor,
And the highwayman came riding-
Riding-riding-
The highwayman came riding, up to the old inn-door.
II
He'd a French cocked-hat on his forehead, a bunch of lace at his chin,
A coat of the claret velvet, and breeches of brown doe-skin;
They fitted with never a wrinkle: his boots were up to the thigh!
And he rode with a jewelled twinkle,
His pistol butts a-twinkle,
His rapier hilt a-twinkle, under the jewelled sky.
III
Over the cobbles he clattered and clashed in the dark inn-yard,
And he tapped with his whip on the shutters, but all was locked and barred;
He whistled a tune to the window, and who should be waiting there
But the landlord's black-eyed daughter,
Bess, the landlord's daughter,
Plaiting a dark red love-knot into her long black hair.
IV
And dark in the old inn-yard a stable-wicket creaked
Where Tim the ostler listened; his face was white and peaked;
His eyes were hollows of madness, his hair like mouldy hay,
But he loved the landlord's daughter,
The landlord's red-lipped daughter,
Dumb as a dog he listened, and he heard the robber say-
V
"One kiss, my bonny sweetheart, I'm after a prize to-night,
But I shall be back with the yellow gold before the morning light;
Yet, if they press me sharply, and harry me through the day,
Then look for me by moonlight,
Watch for me by moonlight,
I'll come to thee by moonlight, though hell should bar the way."
VI
He rose upright in the stirrups; he scarce could reach her hand,
But she loosened her hair i' the casement! His face burnt like a brand
As the black cascade of perfume came tumbling over his breast;
And he kissed its waves in the moonlight,
(Oh, sweet black waves in the moonlight!)
Then he tugged at his rein in the moonlight, and galloped away to the West.




Part Two
I
He did not come in the dawning; he did not come at noon;
And out o' the tawny sunset, before the rise o' the moon,
When the road was a gipsy's ribbon, looping the purple moor,
A red-coat troop came marching-
Marching-marching-
King George's men came marching, up to the old inn-door.


II
They said no word to the landlord, they drank his ale instead,
But they gagged his daughter and bound her to the foot of her narrow bed;
Two of them knelt at her casement, with muskets at their side!
There was death at every window;
And hell at one dark window;
For Bess could see, through the casement, the road that he would ride.


III
They had tied her up to attention, with many a sniggering jest;
They bound a musket beside her, with the barrel beneath her breast!
"Now keep good watch!" and they kissed her.
She heard the dead man say-
Look for me by moonlight;
Watch for me by moonlight;
I'll come to thee by moonlight, though hell should bar the way!


IV
She twisted her hands behind her; but all the knots held good!
She writhed her hands till here fingers were wet with sweat or blood!
They stretched and strained in the darkness, and the hours crawled by like
years,
Till, now, on the stroke of midnight,
Cold, on the stroke of midnight,
The tip of one finger touched it! The trigger at least was hers!


V
The tip of one finger touched it; she strove no more for the rest!
Up, she stood up to attention, with the barrel beneath her breast,
She would not risk their hearing; she would not strive again;
For the road lay bare in the moonlight;
Blank and bare in the moonlight;
And the blood of her veins in the moonlight throbbed to her love's refrain.


VI
Tlot-tlot; tlot-tlot! Had they heard it? The horse-hoofs
ringing clear;
Tlot-tlot, tlot-tlot, in the distance? Were they deaf that they did
not hear?
Down the ribbon of moonlight, over the brow of the hill,
The highwayman came riding,
Riding, riding!
The red-coats looked to their priming! She stood up strait and still!


VII
Tlot-tlot, in the frosty silence! Tlot-tlot, in the echoing night
!
Nearer he came and nearer! Her face was like a light!
Her eyes grew wide for a moment; she drew one last deep breath,
Then her finger moved in the moonlight,
Her musket shattered the moonlight,
Shattered her breast in the moonlight and warned him-with her death.


VIII
He turned; he spurred to the West; he did not know who stood
Bowed, with her head o'er the musket, drenched with her own red blood!
Not till the dawn he heard it, his face grew grey to hear
How Bess, the landlord's daughter,
The landlord's black-eyed daughter,
Had watched for her love in the moonlight, and died in the darkness there.


IX
Back, he spurred like a madman, shrieking a curse to the sky,
With the white road smoking behind him and his rapier brandished high!
Blood-red were his spurs i' the golden noon; wine-red was his velvet coat,
When they shot him down on the highway,
Down like a dog on the highway,
And he lay in his blood on the highway, with a bunch of lace at his throat.


* * * * * *
X
And still of a winter's night, they say, when the wind is in the trees,
When the moon is a ghostly galleon tossed upon cloudy seas,
When the road is a ribbon of moonlight over the purple moor,
A highwayman comes riding-
Riding-riding-
A highwayman comes riding, up to the old inn-door.


XI
Over the cobbles he clatters and clangs in the dark inn-yard,
And he taps with his whip on the shutters, but all is locked and barred;
He whistles a tune to the window, and who should be waiting there
But the landlord's black-eyed daughter,
Bess, the landlord's daughter,
Plaiting a dark red love-knot into her long black hair.

by Alfred Noyes


sábado, 22 de diciembre de 2007

A Christmas Carol


Todo el mundo recordará, probablemente, en las mañanas del 24 de diciembre de cada año, la reposición del archifamoso "Cuento de Navidad" de Dickens, tal vez más conocido simplemente como Míster Escruch, en mil formatos diferentes. Un año eran Mickey, Donald y el tío Gilito (a saber el porqué del nombre en español, ya que en inglés es un pato escocés tacaño llamado McDuck, y en Latinoamérica Rico McPato, nuestros compañeros de lengua siempre tanto más acertados en estos apelativos. Tal vez hubiera sido más adecuado Tío McPujol, por aquello de mantener los prototipos comunitarios) quienes ilustraban el famoso cuento de marras, con un ratón Mickey trágicamente triste al llegar a su fría y desolada casa, sin nada que darles a sus ratoniles crías, acostados ya por la mamá Minnie. Otras veces era simplemente el cuento "en película", con un tétrico y hasta decrépito Ebenezer Scrooge, que decías, joder con el viejo rata éste, si está hecho polvo, para qué querrá almacenar su dinero si la va a palmar pero que ya. Pues una vez más, nos encontrábamos ante el tipo del avaro, por más que los niños de los 80 no tuviéramos ni idea de lo que era eso, ni de quiénes eran Balzac ni su puñetera madre.

Como véis, nuestras vidas ya estaban ligadas a los cuentos de por vida, aunque fuera en formato televisivo. A mi favor debo decir que leía cuentos desde los 4 años y veía los Gremlins desde los 2 (¿¿¿o antes???). Otro de mis recuerdos navideños entrañables.

lunes, 5 de noviembre de 2007

El prisionero del Cáucaso

"— Tu dueño considera que quinientos rublos es muy poco. Él ha pagado doscientos por ti a Kasi–Mohamed. Por menos de tres mil no serás libre, y si no escribes esa carta te azotarán.

Jilin pensó que demostrar temor frente a los tártaros sería contraproducente, así es que se puso de pie y gritó:

—Dile a tu amo que sus amenazas no me asustan. ¡Jamás me han atemorizado los tártaros, y tampoco lo conseguirán en esta ocasión! ¡Malditos perros!

El intérprete cumplió con su obligación de traducir, y cuando los otros lo escucharon, volvieron a opinar atropelladamente, hasta que Adbul los hizo callar, y se aproximó a Jilin.

Valiente ruso —dijo en su idioma, y habló algo más con el traductor."

[...]

"Por más de un mes vivieron en esas condiciones. Kostilyn se consumía de impaciencia y pena, y escribió nuevamente a su casa, suplicando que le enviaran el dinero. Jilin, en cambio, no esperaba nada.

"Mi pobre madre vivía de lo que yo le enviaba. ¿De dónde habría sacado ella quinientos rublos?", se decía. "¡Con la ayuda de Dios conseguiré escaparme!"

Debido a que tenía gran habilidad para los trabajos manuales, decidió confeccionar cestos de mimbre y muñequitos de greda, mientras imaginaba diferentes formas de huir. En una ocasión hizo un muñeco al que vistió con un blusón tártaro, y lo dejó sobre un tejado. Las niñas que iban a buscar agua, entre las que se hallaba Dinka, la hija de Abdul–Murat, lo vieron y dejaron sus cántaros en el suelo, riendo alegremente. Jilin se lo ofreció, pero ellas no se atrevieron a tomarlo. Sólo cuando él regresó a la caballeriza, Dinka se devolvió, cogió rápidamente el juguete y se alejó corriendo.

A la mañana siguiente, Jilin la observó salir, meciendo el muñeco entre sus brazos. Lo había adornado con cintas de colores y le cantaba una canción de cuna. Desgraciadamente, al poco rato apareció la madre, que se lo arrebató y tiró lejos, rompiéndolo en mil pedazos. Entonces Jilin modeló otro muñeco, mucho más bonito, y se lo regaló a Dinka.

Fue después de este regalo cuando ella vino con un jarrito, y se sentó al lado de Jilin, sonriendo. Él creyó que le traía agua, la misma agua de siempre, pero apenas la probó se dio cuenta de que era leche. Desde esa vez, Dinka le llevó leche diariamente, y en ciertas ocasiones un queso. En una oportunidad en que Abdul-Murat mandó degollar un carnero, la niña escondió un trozo de carne para Jilin. Todas estas cosas se las dejaba y en seguida se marchaba corriendo."


Varón caucásico, 1,75 metros, 67 kg. ...

Fragmento de un cuento de León Tolstoi que yo leía de pequeña. No sabía lo que era el Cáucaso, no sabía quiénes eran los tártaros, pero me fascinaba la parte del muñeco, que en mi libro aparecía dibujado sobre un tejado, precioso, parecido a mis muñecos de goma, para nada con aspecto de muñeco de barro con un soplo de alma. Se parecía a mi muñeco Pepe, uno de goma con pelo rubio. La historia es larga y triste, no sé por qué la leía de pequeña. Es una dura historia de guerra y odio.

Si es que yo leía lo que me daba la gana, en eso no me guiaron.

lunes, 29 de octubre de 2007

L'Espardenyeta


Un conte que em va impactar quan era petita va ser el de L'Espardenyeta, una noia eixerida com un pèsol de la qual nómés recordo que un rei es volia casar amb ella (pederàstia, s'en diria avui) i ella no volia de cap de les maneres (alliberació de la dona en dirien certs col·lectius morats). La nena s'ho munta per fer creure el rei que és la Mort, apareixent-hi a la habitació de nit, disfressada. Tètric o no? Avui en dia aquesta nena estaria al psiquiatra com a mínim.

L'Espardenyeta era cruel i despietada, es presentava amb un plat amb 7 merdes de gos i deia:

"Sóc la Mort que et vinc a matar, si aquests cagallons no et vols menjar".

Porca, la nena. A més a més, no sé per quina extranya raó, recordo que eren 7 cagallons. Ni más ni menos.

Un altre apunt: els dibuixos eren de la Pilarín Bayés. Malgrat tot, no he aconseguit trobar-ne cap de L'Espardenyeta al google, cosa que em rebenta i em fot a parts iguals. Però us en feu una idea, no?

Reflexioneu sobre la frase que pronuncia la nena:

"Sóc la Mort que et vinc a matar, si aquests cagallons no et vols menjar".

No us sembla totalment apocalíptica, i a la vegada no us recorda als jocs que fèiem de petits, on es formulàven hipòtesis sobre un malvat mafiós o un supermaligne monstre que agafava els vostres pares i us deia que si menjàveu caca, escupinades o mocs els deixaria anar (i només en aquests casos), situacions en les quals havíeu de prendre una ràpida decisió sobre la ingesta de tan poc nutritius i tan iòdics aliments?

- Bueno, yo... si fueran a matar a mis padres... pues... sí que me lo comería...

- Aaaaaaaah, ¡qué cerdo! ¡comerías mierda!

- Hombre, pero sólo si fueran a matar a mis padres... (sniff)

- Es igual, ¡¡¡¡eres un guarro comemierda!!!!!


Coses de la canalla.