Hampón estrecho de miras,
¿Es que no te has dado cuenta
Que escribo para olvidarme
De tu tonsura de monje,
De tus ojos, hendiduras,
De tu cuerpo de maíz,
De tus labios de marisma,
De tus dedazos de arcilla?
Eres un bribón de calle,
Un patán de carretera,
Un borrachuzo de barra,
Un canalla de burdel,
Un miserable de tasca,
Un golfo de puticlub,
Un matón de lupanar,
Un fanfarrón de tugurio,
Un truhán de cuchitril,
Un rufián de bodegón,
Un tunante de motel,
El hijoputa de un antro
Que se rebela mezquino
Que mísero te apuñala,
Por un poco de carnaza,
Por el muslo meretriz
De alguna zorra barata.
Eres un lumpen del hampa,
Un proletarien sin vida,
Un vendido maleante,
Un traficante de alientos,
Jerigonzante y siniestro.
Y además, hueles a humus.
"No hay religión más elevada que la verdad", Helena Petrovna Blavatsky dixit.
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miércoles, 3 de noviembre de 2010
El Humus II
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miércoles, 25 de agosto de 2010
Aquel sueño en tierra extraña
Me desperté soñando contigo, ¡qué alborozo!
Retocé entre las sábanas, tremendo gozo,
Qué alegría, qué alboroto,
Otro perrito piloto.
Me desperté con el sabor azucarado
De algodones rosas pegajosos,
Y con lo fijo de tus ojos
Enganchado en mi hipotálamo.
Me desperté soñando contigo,
Me repantigué en la cama,
Como una muñeca enorme,
De feria,
Despelucá.
Una muñeca feriada, despeluchada y bribona,
Soñando con la tómbola del mundo,
Famosa:
Y otra, y otra, y otra muñeca chochona.
Dedicada a mi incansable Aningunsitio, antes de marcharme a hacer las Américas, porque me propuso el tema de la chochona. Espero le satisfaga ;)
Retocé entre las sábanas, tremendo gozo,
Qué alegría, qué alboroto,
Otro perrito piloto.
Me desperté con el sabor azucarado
De algodones rosas pegajosos,
Y con lo fijo de tus ojos
Enganchado en mi hipotálamo.
Me desperté soñando contigo,
Me repantigué en la cama,
Como una muñeca enorme,
De feria,
Despelucá.
Una muñeca feriada, despeluchada y bribona,
Soñando con la tómbola del mundo,
Famosa:
Y otra, y otra, y otra muñeca chochona.
Dedicada a mi incansable Aningunsitio, antes de marcharme a hacer las Américas, porque me propuso el tema de la chochona. Espero le satisfaga ;)
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miércoles, 4 de noviembre de 2009
A Jack el Destripador, donjuanesco burlador, o de cómo meter la palabra "chistorra" de forma natural en un soneto
Charcutero, matador y perverso,
Que induces a las mozas a modorra,
Persigues solamente a la más zorra,
Abriéndole en canal su cuello terso,
Desde el infierno escribes, tan adverso,
Te buscas, con Scotland Yard, camorra,
Tornando todo órgano en chistorra,
Cuajando sangre del corte transverso.
Dices que preferías ir por partes,
De parte a parte, sí, como el espejo,
Rajas a damas con tus malas artes,
¡Vaya una zafia forma de cortejo!
¿Así buscas esposa para un martes?
Pues, carnicero, no te lo aconsejo.
Que induces a las mozas a modorra,
Persigues solamente a la más zorra,
Abriéndole en canal su cuello terso,
Desde el infierno escribes, tan adverso,
Te buscas, con Scotland Yard, camorra,
Tornando todo órgano en chistorra,
Cuajando sangre del corte transverso.
Dices que preferías ir por partes,
De parte a parte, sí, como el espejo,
Rajas a damas con tus malas artes,
¡Vaya una zafia forma de cortejo!
¿Así buscas esposa para un martes?
Pues, carnicero, no te lo aconsejo.
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viernes, 24 de julio de 2009
Soneto a un Guarrindongo Hijo de Mala Madre
Aturullada me tienes, malhechor
No alcanzo ni a arrancarte las entrañas,
Me tienes cieguita de musarañas,
Espejeándome en tu ojo abrasador.
Pero, ¡oh!, te venceré, abusador,
Prepararé tu destrucción con saña,
Te juro que hoy concluyo esta patraña
Llenándote la boca de alcanfor.
Labio rojo, leproso, leporino,
Tu hedor es de lo más escandaloso
Apestas, nauseabundo, a cebollino
Me he de mear en tus cuencas, asqueroso,
Paliativo de tus ojos, gorrino,
Para que mueras roñoso, sudoroso.
No alcanzo ni a arrancarte las entrañas,
Me tienes cieguita de musarañas,
Espejeándome en tu ojo abrasador.
Pero, ¡oh!, te venceré, abusador,
Prepararé tu destrucción con saña,
Te juro que hoy concluyo esta patraña
Llenándote la boca de alcanfor.
Labio rojo, leproso, leporino,
Tu hedor es de lo más escandaloso
Apestas, nauseabundo, a cebollino
Me he de mear en tus cuencas, asqueroso,
Paliativo de tus ojos, gorrino,
Para que mueras roñoso, sudoroso.
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jueves, 11 de junio de 2009
Ruptura palindrómica barbarificada
Dábale arroz a la ¡muy! zorra el abad.
Dábale arroz, ¡yum!, a la zorra el abad.
El inglés siempre interponiéndose entre la Academia y los hablantes. La oralidad siempre pertrechando los dichos sentenciosos, cerrados, manidos y tradicionales. Qué mundo este.
Dábale arroz, ¡yum!, a la zorra el abad.
El inglés siempre interponiéndose entre la Academia y los hablantes. La oralidad siempre pertrechando los dichos sentenciosos, cerrados, manidos y tradicionales. Qué mundo este.
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miércoles, 3 de junio de 2009
Metro Golden... presenta...
- Yo ejjqueeee estoy aquí porque me gusta ver gente, ¿sabes?...
- ... jajajajaja...
- ... que mi padresel dueño de la Mercedes...
-... sí, de la Mercedes-Benz... jajajajaja...
Vigilante de la parada del metro de Diagonal (que sigue en obras por los siglos de los siglos) a sus colegas, apostados en las barandillas de la salida.
- ... jajajajaja...
- ... que mi padresel dueño de la Mercedes...
-... sí, de la Mercedes-Benz... jajajajaja...
Vigilante de la parada del metro de Diagonal (que sigue en obras por los siglos de los siglos) a sus colegas, apostados en las barandillas de la salida.
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lunes, 23 de marzo de 2009
Barriobajeras y otras clases de la Barcelona de hoy

Os voy a narrar mis encuentros y desencuentros en un sitio pijo de Barna. No estoy acostumbrada, oye. Llamadme barriobajera, pero yo me definiría más como una chica maja, sencilla y llevadera, amante de la rima consonante.
Estoy con unas amigas en la fiesta de cumpleaños de una y acabamos en la sala de baile del sitio en cuestión. Bailamos como las locas, parece que no nos hayan sacado de casa en un mes. Pero qué le vamos a hacer, si somos provincianas ya hechas a la lifestyle barcelonesa. Me pongo a sudar como las berracas y de inmediato pongo en práctica mi truco namber guan de belleza improvisada en discotecas y locales de alterne varios. Me dirijo al baño con Martita y, ni corta ni perezosa agarro el pitorro (continuad leyendo antes de pensar mal, por favor) del secador de manos, lo giro hacia arriba de forma que queda enchufado hacia mi flequillo y aprieto con fuerza el botón de encendido. Mi sudorcillo se empieza a secar y, de nuevo, mi pelo está estupendo, por unos minutos al menos. Os cuento, el baño de este lugar es, como le dije a Martita cuando fuimos a mear, un baño para follar. Está pintado de negro, super oscuro y con focos morados y azules. Vamos a ver, en este baño no se puede mear ni realizar cualquier otro tipo de actividad higiénica con practicidad ni facilidad alguna. Se nota que estamos en la parte alta de Barna, me digo. Un baño con mucho estilo pero que es un coñazo, vamos. Pero eso forma parte de la primera visita al lavabo. En mi segunda visita, la estrictamente dedicada al cuidado de mi peinado y la que os estaba relatando, yo me hallaba inmersa en un éxtasis de aire cálido, envuelta en el suave sonido ensordecedor del potente secador de manos, con los ojos cerrados contra el viento, al más puro estilo Paulina Rubio en sus sesiones de fotos, cuando se abre la puerta y, en tropel desordenado y ruidoso entran una marabunta de hormigueantes pijas. Oigo, porque tengo los ojos cerrados, os recuerdo.
Se acaba el rato del secador. Por el espejo veo cómo una de las pijas (pelo largo, escaladito, liso, moreno, cara de palo, alta, flaca, vamos como todas) me mira escandalizada, como si pensara que yo, por meter mi cabeza (de peinado menos convencional que el de ellas seguro, aunque se haya calificado a mi melena de nada menos que “burguesa”) bajo el ruido atronador del secador de un váter público (nótese el bajón de categoría que ha sufrido el recinto de repente), con el lápiz de khol corrido, el outfit de semigótica decimonónica que llevo y mi cara de verdulera del tres al cuarto, fuera (‘neng’) menos persona que ella. Estas pijas. Giro el cuello, la puerta me queda ahora a la derecha a punto para salir escopeteada de allí, y ladeo la cabeza ligeramente hacia la pija que se ha sobresaltado al verme toda puesta en el tuneo de mi look, esa pija que ha puesto cara de ohmygodwarningwarningoseamiradlato-dasloquehaceestatipa. Es una petarda y lo sé. Y ella, en el fondo, también sabe que es una petardaca. La miro, pues, con cierto desprecio y aire de superioridad infundado, fundamentalmente, por la entera certeza de que yo, si bien no tendré más clase ni más glamour, sí que soy más apañada que ella de aquí a Lima. No me hace falta agarrarme de los pelos con ella, ni siquiera me hace falta preguntarle si desea darse de piños conmigo afuera (mmm, me parece que para volver a entrar hay lista VIP y, seriously, I don’t think I could make it again, que he entrado by the face), como tampoco pienso abrir la boca ni mirarla echando atrás la cabeza. Con esa mirada de minisoslayo ella ya sabe lo que hay. Me voy del baño, no lo aguanto más. That bunch of posh bitches is really pissing me off, coño. Es que lo que tiene subir a las altas esferas es que se te pega el gilipolleo internashonal este. Otra de las cosas es que te das cuenta de que la mierda es mierda en todos lados y de que los meódromos apestan a meados igual, sean las pijas quienes cambien el agua a las olivas o shake their lettuces como si es la virgen santa. Me fui del lavabo y Martita vino al cabo de media hora diciendo, toda borrachuna, que se había desgañitado gritando mi nombre en los lavabos, pensando que aún estaba yo dentro de alguna de esas cabinas mortuorias de iluminación folladora, y que, claro, las pijas la habían mirado mal. Le expliqué lo acecido y se murió de la risa.
¡Ja! Barrioaltaneras a mí.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Lo peorcito de cada casa II (y último que se sepa y por el momento)

Porque lo prometido es deuda, y porque esta mañana he tenido otra experiencia desgraciada más en el metro de mi amada Barcelona, os dedico este post. Ante todo, no os alarméis, simplemente he llegado cinco minutos tarde al trabajo por culpa de las aglomeraciones de la gente, que parece que salen de su casa cual cucarachillas buscando la salida. Señores, que nosotros no superaríamos un desastre natural. Ellas sí.
El tonto de turno que os comentaba, es pequeñajo y tiene una cara cuadrada de bobo impresionante e impresionable. Tiene la boca un poco torcida hacia abajo, los ojos de huevo cocido, o de pescado recién enfilado en un anzuelo. Jódete. Es bajo, muy bajo, retaco. Se agarra a la barra central como si le fuera la vida en ello, se aferra al metal cilíndrico cubierto de huellas dactilares que no identificarían a nadie y sí a todos, una huella dactilar en masa, una gigantesca pangea de babas, mocos, escamas, efluvios de perfume, restos de jabones varios y de pigmentos y condimentos de aperitivos diversos y chucherías inimaginables que pasan por las manos de la gente. Por no hablar de otras cosas que pasan por las manos de la gente (creo que ya os ha dado el suficiente asco como para sugestionaros tanto que al final de este post odiéis al enano coñón tanto como yo). Lleva unos cascos de esos inmensos, con los que la gente va por la calle como diciendo, eh, que yo escucho solo buena música, nada de reguetones ni julandradas, yo soy un entendido en música, un melómano como dios manda. Pues él lo lleva, porque controla mogollón de música, escuchando sólo a los grandes, mientras mira a la gente con cara de aguilucho, y abomba los brazos alrededor de su tronco, dentro de la chupa tejana que se cae de mierda, que lleva. Lo hace para conseguir más espacio, porque él es más importante que nadie, él es él, y cuando llega su parada se pone nervioso y escudriña a todo el que se cruza con su mirada, abre las aletas de la nariz compulsivamente, como un toro que hubiera de arrancar para salir de la barrera y si se han abierto las puertas y tienes la mala suerte de encontrarte junto a él y no haces ademán de moverte, y si encima eres calvo y alto, como le pasó a ese chico el otro día, el tío empieza a gritarte que te quites, que te quiteeeeeeeeeeeeees, coño. Y si le miras, perplejo, como diciendo de dónde cojones ha salido este enano cabrón, hijo de una hiena, puede saltar a tu yugular (porque para eso sí que tiene tiempo antes de salir a trompicones del vagón) y gritarte, amenazante, fuera de sí:
- ¡Gilipollas! Que eres un gilipollas.
El tonto de turno que os comentaba, es pequeñajo y tiene una cara cuadrada de bobo impresionante e impresionable. Tiene la boca un poco torcida hacia abajo, los ojos de huevo cocido, o de pescado recién enfilado en un anzuelo. Jódete. Es bajo, muy bajo, retaco. Se agarra a la barra central como si le fuera la vida en ello, se aferra al metal cilíndrico cubierto de huellas dactilares que no identificarían a nadie y sí a todos, una huella dactilar en masa, una gigantesca pangea de babas, mocos, escamas, efluvios de perfume, restos de jabones varios y de pigmentos y condimentos de aperitivos diversos y chucherías inimaginables que pasan por las manos de la gente. Por no hablar de otras cosas que pasan por las manos de la gente (creo que ya os ha dado el suficiente asco como para sugestionaros tanto que al final de este post odiéis al enano coñón tanto como yo). Lleva unos cascos de esos inmensos, con los que la gente va por la calle como diciendo, eh, que yo escucho solo buena música, nada de reguetones ni julandradas, yo soy un entendido en música, un melómano como dios manda. Pues él lo lleva, porque controla mogollón de música, escuchando sólo a los grandes, mientras mira a la gente con cara de aguilucho, y abomba los brazos alrededor de su tronco, dentro de la chupa tejana que se cae de mierda, que lleva. Lo hace para conseguir más espacio, porque él es más importante que nadie, él es él, y cuando llega su parada se pone nervioso y escudriña a todo el que se cruza con su mirada, abre las aletas de la nariz compulsivamente, como un toro que hubiera de arrancar para salir de la barrera y si se han abierto las puertas y tienes la mala suerte de encontrarte junto a él y no haces ademán de moverte, y si encima eres calvo y alto, como le pasó a ese chico el otro día, el tío empieza a gritarte que te quites, que te quiteeeeeeeeeeeeees, coño. Y si le miras, perplejo, como diciendo de dónde cojones ha salido este enano cabrón, hijo de una hiena, puede saltar a tu yugular (porque para eso sí que tiene tiempo antes de salir a trompicones del vagón) y gritarte, amenazante, fuera de sí:
- ¡Gilipollas! Que eres un gilipollas.
Y hay que joderse.
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jueves, 22 de enero de 2009
Lo peorcito de cada casa I

Si alguien dijo alguna vez que el metro es para ratas, a pesar de la connotación elitista y borjamariense que esta afirmación pueda tener, hoy no puedo por menos que darle la razón. Porque el metro saca lo peor de nosotros mismos, o porque al metro sólo se sube gente de lo peor. No sé muy bien.
Todas las mañanas me embuto, cual sardinilla enlatada, o cual relleno de morcilla de cebolla en pellejo bien curtido, en los vagones del metro de Barcelona. Parada de origen: Sagrada Familia. Parada de destino: Diagonal, esa estación que está eternamente en obras, y de la que una voz femenina antipática, monocorde, monótona, monolítica, impenetrable, estúpida, tarúpida y recalcitrantemente pedante, de perdonavidas, repite sin cansarse ni un solo día que la puta estación está en obras y que nos vamos a joder vivos porque si queremos hacer trasbordo vamos a tener que recorrer media Barcelona, amén de salir a la calle, esquivar a los repartidores de periódicos gratuitos, caminar por entre el polvoriento vallado sobre una serie de flechas amarillas, que Dorothy para volver a Kansas no tuvo más problemas ni de coña. Además esa voz lo dice todo en catalán "xava, da Barsalona, nen". La odio, por Dios. Esa tía el día que grabó el mensaje no había descubierto los yogures del Coronado, fijo.
Pero eso no es todo, ya que entre la estación de origen y la de llegada, en un trayecto de sólo dos paradas, y calculo que tres o cuatro minutos, pasan cosas que merman la moral y el amor por el género humano de cualquiera. Para comenzar, todas las mañanas, sin faltar ni una, alguien que se encuentra a ti pegado como aquel quevedesco hombre a su nariz, alguien que te mete por las narices su apestoso perfume o que a menudo está a punto de sacarte un ojo con la página 34 de su ejemplar de "La sombra del viento", o que te está dejando sordo con su mp4 a toda hostia, reproduciendo "Baila morena", versión reggaetonmixhop 1.3 de Pappy SuperchulazoDJ, te pregunta sin dilación, con suma desfachatez: "¿Vas a salir?". Entonces le miras y le dices: "No, pero no puedo moverme (señoraporquesuculometieneempotradacontralabarradelcentroy cuandolagentebajeyaveremoscómocoñosalimos)" o "Sí", escueto y tajante, en cuyo caso has triunfado, porque puedes permitirte el lujo de pensar: "Ahora te vas a esperar, gilipollas, porque yo estoy primero, y si no salgo yo, tú no sales ni de coña, capullo, te vas a quedar aquí y vas a pasarte la parada porque el piii, piii, piii de la puerta suena enseguida y las puertas, ¡pum! se cierran herméticamente y te vas a ir hasta Hospital Clínic y vas a llegar tarde a la oficina, subnormal profundo". Y tras responder sí, no te mueves, te quedas petrificado en el sitio hasta que la puerta lleva media décima de segundo abierta, lo suficiente para acojonar a ese gilipollas cagaprisas y reivindicar tu derecho a no ser increpado de buena mañana por desconocidos tocapelotas que son incapaces de levantarse antes porque su vida es tan mierda que les repatea las tripas ir a la oficina a hacer lo mismo cada mañana. A ti también te repatea, pero al menos tu vida no es tan patética, te dices. Y por las mañanas, a mí no se me habla, cojones. Aprended.
Finalmente, todo el mundo consigue salir con más o menos éxito del tren, a trompicones, a trancas y barrancas o con cierta elegancia y ‘savoir faire’, a veces con algún incidente amenazante y violento por parte de algún pasajero, pero eso pertenece al siguiente post…
Todas las mañanas me embuto, cual sardinilla enlatada, o cual relleno de morcilla de cebolla en pellejo bien curtido, en los vagones del metro de Barcelona. Parada de origen: Sagrada Familia. Parada de destino: Diagonal, esa estación que está eternamente en obras, y de la que una voz femenina antipática, monocorde, monótona, monolítica, impenetrable, estúpida, tarúpida y recalcitrantemente pedante, de perdonavidas, repite sin cansarse ni un solo día que la puta estación está en obras y que nos vamos a joder vivos porque si queremos hacer trasbordo vamos a tener que recorrer media Barcelona, amén de salir a la calle, esquivar a los repartidores de periódicos gratuitos, caminar por entre el polvoriento vallado sobre una serie de flechas amarillas, que Dorothy para volver a Kansas no tuvo más problemas ni de coña. Además esa voz lo dice todo en catalán "xava, da Barsalona, nen". La odio, por Dios. Esa tía el día que grabó el mensaje no había descubierto los yogures del Coronado, fijo.
Pero eso no es todo, ya que entre la estación de origen y la de llegada, en un trayecto de sólo dos paradas, y calculo que tres o cuatro minutos, pasan cosas que merman la moral y el amor por el género humano de cualquiera. Para comenzar, todas las mañanas, sin faltar ni una, alguien que se encuentra a ti pegado como aquel quevedesco hombre a su nariz, alguien que te mete por las narices su apestoso perfume o que a menudo está a punto de sacarte un ojo con la página 34 de su ejemplar de "La sombra del viento", o que te está dejando sordo con su mp4 a toda hostia, reproduciendo "Baila morena", versión reggaetonmixhop 1.3 de Pappy SuperchulazoDJ, te pregunta sin dilación, con suma desfachatez: "¿Vas a salir?". Entonces le miras y le dices: "No, pero no puedo moverme (señoraporquesuculometieneempotradacontralabarradelcentroy cuandolagentebajeyaveremoscómocoñosalimos)" o "Sí", escueto y tajante, en cuyo caso has triunfado, porque puedes permitirte el lujo de pensar: "Ahora te vas a esperar, gilipollas, porque yo estoy primero, y si no salgo yo, tú no sales ni de coña, capullo, te vas a quedar aquí y vas a pasarte la parada porque el piii, piii, piii de la puerta suena enseguida y las puertas, ¡pum! se cierran herméticamente y te vas a ir hasta Hospital Clínic y vas a llegar tarde a la oficina, subnormal profundo". Y tras responder sí, no te mueves, te quedas petrificado en el sitio hasta que la puerta lleva media décima de segundo abierta, lo suficiente para acojonar a ese gilipollas cagaprisas y reivindicar tu derecho a no ser increpado de buena mañana por desconocidos tocapelotas que son incapaces de levantarse antes porque su vida es tan mierda que les repatea las tripas ir a la oficina a hacer lo mismo cada mañana. A ti también te repatea, pero al menos tu vida no es tan patética, te dices. Y por las mañanas, a mí no se me habla, cojones. Aprended.
Finalmente, todo el mundo consigue salir con más o menos éxito del tren, a trompicones, a trancas y barrancas o con cierta elegancia y ‘savoir faire’, a veces con algún incidente amenazante y violento por parte de algún pasajero, pero eso pertenece al siguiente post…
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jueves, 13 de noviembre de 2008
Juguemos a montar una historia

Elementos:
Laura vestida de boda, un zapato de boda, una fondue de chocolate gigante como la anterior, varias copas de más, un camarero que ha visto de todo, unos amigos más contentillos que tú a tu alrededor.
¿Qué ocurre?
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miércoles, 7 de mayo de 2008
Cosas de abuelas
Hay tres cosas en la vida que siempre están frías:
1. La nariz de un perro.
2. Las manos de un barbero.
1. La nariz de un perro.
2. Las manos de un barbero.
3. El culo de una mujer.

martes, 24 de julio de 2007
Entremeses y entreactos en la Rambla
¡Pardiez!- me dije- ¿es que en un entremés de Lope de Rueda estoy? ¿me engañan mis oídos o en el siglo XVI he amanecido? Nada, sólo eran berridos en la calle. En esa calle tan concurrida de mala gente, villanos, putas, malandrines, camellos, bribones, trileros, truhanes, cabrones, golfos, yonquis, bandidos, atracadores, malhechores ¡Cuánta bellaquería en esa calle sola!
En esa calle las meretrices les chillan a los camellos a las 5 de la madrugada. No se puede pegar ojo, vamos. En esa calle, de redadas, de batidas, de duelos y de justas, amanezco cada mañana, desvelada por el bullicio.
En una calle de la Rambla, 4.45 a. m., Barcelona.
En esa calle las meretrices les chillan a los camellos a las 5 de la madrugada. No se puede pegar ojo, vamos. En esa calle, de redadas, de batidas, de duelos y de justas, amanezco cada mañana, desvelada por el bullicio.
En una calle de la Rambla, 4.45 a. m., Barcelona.
Meretriz: ¡Hijo de puta!¡Moro mierda!
Camello: ¡Calla sorra! Que te calles, so mamona…
Meretriz: Tú eres un embustero, más cabrón que naide, tú te vas a la mierda, ¡so moraco!
Camello: Pero tú mujer mala, tú mujer sorra, ¡pedaso puta!
Meretriz: ¡Cállate que me estás tocando los cojones! ¡Te voy a meter una hostia!
Camello: Tú muy mala, tú llamar mí, drojas, ahora no sé…
Meretriz: ¡Pero que te calles que no te se entiende!
En fin, Serafín, para que veáis por dónde iba la conversación, si así puede llamársele. No tan distinta resulta, tras breves pesquisas literarias por mi parte, de este fragmento de diálogo entre el tipo del negro y el del señor en la excelentísima
En fin, Serafín, para que veáis por dónde iba la conversación, si así puede llamársele. No tan distinta resulta, tras breves pesquisas literarias por mi parte, de este fragmento de diálogo entre el tipo del negro y el del señor en la excelentísima
COMEDIA LLAMADA ROSABELLA
de Martín de Santander (1550)
Fragmento de la Jornada I
ANTÓN: ¡A, xinor!
JASMINIO: ¿Dó vienes, perro traydor?
ANTÓN: Debaso mandir amuaja.
JASMINIO: Habla claro, malhechor.
ANTÓN: Re cabayo.
JASMINIO: ¡Qué dolor!
¿No hablas, costal de paja?
ANTÓN: Almuassado
Atón, xiñó, no ogado
cabayo turo rimpar.
JASMINIO: Pues dime, perro malvado,
[…]
¡O, Mahoma,
puto moro, carcoma!
Passa aquí, vellaco, perro.
ANTÓN: ¡Dora diabo que ra toma!
JASMINIO: Notad qué gesto que assoma;
yo te cargaré de hierro.
Dexa a mí;
¿no quieres passar aquí,
malino, pelo de frisa?
ANTÓN: Su mecé yamar a mí
Francisco, nunca decí
monicongro y amarpisa.
JASMINIO: No t'entiendo;
todo te lo estás comiendo.
¿Qué parlas allá entre dientes?
Estoyme yo deshaziendo,
tú, perro, más encendiendo
mis passiones y accidentes.
¡Qué trabajo!
Ve d'ay cara d'espentajo,
tira allá essa trapaceta;
ve en un punto, escaravajo,
y en la rima de más baxo
hallarás la escobeta.
Limpiarme has
estos pelos por detrás
que están en este capuz.
¿Vienes? De hecho lo has.
ANTÓN: Ra veniro. Ayaro as
bona xer para tacuz.
Ora ve
rimpar nego a su mecé
caça, su bona pícara,
fatasía su gugunde.
JASMINIO: ¡Por Dios, asno, que te dé!
¿Hasme de fregar la cara?
Albardado
no estoy. Soy a determinado
quebrarte la tripa a coces.
¡O, traydor, perro malvado,
qu'el sentido me has quebrado
a poder de darte bozes!
Ve, enemigo,
malpesar quede contigo.
Ay, la ciudad.
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