Hemos subido al rellano y hay una vieja pequeña, de pelo teñido, con gafas ahumadas. Nos saludamos con un sonido vocálico incoherente y medio mascullado. Abro la puerta y entra S, yo entro detrás, y detrás de mí la vieja se dispone a cruzar el umbral de MI puerta.
- Ah, yo entro también, que vengo a visitar a mi amiga…- casi por lo bajini.
Me giro del tirón y me pongo a la defensiva, modo cancerbero, con las llaves en una mano y el pomo en la otra. Whaaaaaaaaaaat? ¿Cómo que va a entrar en MI casa? ¿’Tamos locos?
- Oiga, señora, me parece que se equivoca, este es nuestro piso – por suerte S aunque no vive en el piso anymore, me acompaña. Está igual de flipada que yo. Estas cosas tan surrealistas no tendrían por qué pasarnos, con esta vida tan rutinaria que llevamos. ¿Por qué? Y levanto la vista al cielo, pero me encuentro con el techo del bloque, oscuro y roñoso a más no poder. El Señor no está en casa. Tampoco lo está la presunta amiga de aquí la señora de las gafas ochenteras.
- ¡No!, yo vengo a ver a mi amiga, que ha vivido toda la vida en este piso – me contesta con violencia, mala leche e indignación. Empiezo a dudar ya de mí misma y hasta de que vivo en este piso.
- Oiga, pero es que aquí vivimos nosotras, creo que se ha equivocado usted de piso…
- ¡¡Que no!! Que yo hace un año que vine a visitarla y vivía aquí, hombre.
Ahí sí que ya digo eehhhh, esta señora está como una regadera, oiga.
- Pues eso es imposible, porque…
- ¡A ver! ¿cuánto hace que vivís aquí? Pues yo vine hace un año o así y vamos…
- Pues por eso le digo, porque hace más de año y medio que vivimos nosotras aquí…
- Pues ella vivía aquí, vamos… a no ser que le haya pasado algo…
¿Cómorrrr? Ahora me acusa, indirectamente, de matar a su vieja amiga vieja, lo que hay que oír. Me mira con ojos de sospecha, bajo los cristales ennegrecidos de sus gafas de concha. Me está entrando un mal rollo impresionante. Esta noche me meo en la cama. Al fin, S tiene un momento de lucidez y pregunta:
- ¿Pero cómo se llama su amiga? ¿Se llama Milagros?- Milagros es nuestra casera, y aún a malas, oye, a lo mejor es ella la amiga, aunque esta mujer se ve mayor para ser amiga de nuestra casera, y nuestra casera no ha vivido nunca en el piso, pero sí ha vivido la madre de nuestra casera, que es una vieja sorda que… no. Se llama Dolores. Pienso.
- ¡No!- suelta con ese tonito desafiante otra vez- Se llama Mercedes. Mi amiga se llama Mercedes.
- Ah…
Descartado. Pero la mujer sigue ahí parada, cree que le mentimos. Empiezo a sospechar, y no sé por qué no se me ha ocurrido antes, que esta mujer tiene demencia senil o algo. Sí, ya sé que parece muy obvio, pero no lo era hasta el momento, nos ha pillado tan en bragas que cualquiera le dice algo. Empiezo a aburrirme, parada en la puerta, con la vieja delante, dando por culo.
- Oiga, señora, mire, a lo mejor está usté equivocada de piso…
- ¡Que no!
- Es que, verá, este es el primer piso y debajo está el entresuelo… a lo mejor es ese…
- Uhm… ¿Entresuelo? Pues… no sé, a lo mejor… - duda, por fin.
- Sí, no sé…
- Pues puede ser que aquí no viva mi amiga…
- No, ya le digo yo que aquí su amiga no vive…
- Bueno… veré a ver… ¡Cierra, cierra! ¡Perdona! ¡Cierra! ¡Perdona, eh!- grita con antipatía. Vieja testaruda.
- Vale, no pasa nada.
Tócate los huevos, no pasa nada. El susto que me ha metido en el cuerpo. Dice S: hasta que la tía no ha querido no hemos podido cerrar la puerta…
Válgame. Pero ahora me acojono y pienso en lo cerca que ha estado de meterse en mi piso, como Pedro por su casa… Imaginad las posibilidades de unas gafas y una energía como esa. Un escalofrío me recorre el espinazo. Nunca habléis con extraños, niños.
"No hay religión más elevada que la verdad", Helena Petrovna Blavatsky dixit.
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lunes, 20 de julio de 2009
La señora inquietante del rellano
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viernes, 5 de junio de 2009
Recuerdos Pisers: cualquier tiempo pasado...
Este texto le fue entregado al copista Iesus Allonsus por el amanuense Josephus Catenarius, que arriesgó su vida para que estos hechos constaran en la historia y no cayeran en el olvido para siempre. Yo, Laurae Navarrensis, los recojo humildemente con la misma finalidad, con el apoyo de Sonix Teruelis. Ecce hoc los hechos:
Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.
En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…
En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.
En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…
En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.
En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.
En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.
En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.
La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.
Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.
Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...
Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.
En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…
En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.
En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…
En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.
En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.
En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.
En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.
La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.
Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.
Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...
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lunes, 26 de noviembre de 2007
Reloj biológico a todo trapo

¿Es un hijo un acto de amor? ¿o lo es de egoísmo puro y duro?
Un hijo es siempre una proyección de uno mismo, una prolongación dolorosa de uno mismo, que en ocasiones se rebela contra uno, las muchas. Siempre nos planteamos que no vamos a cometer los mismos errores que nuestros padres cometieron con nosotros, pero ¿es eso realmente cierto? ¿estamos convencidos de que eso va a ser así?
Y, aunque nos lo tomemos en serio y racionalicemos la cuestión, y convengamos y decidamos y nos convenzamos de que la educación que vamos a darle va a estar fundamentada en principios muy diferentes de la que nos dieron a nosotros mismos, ¿no es asimismo, todavía y siempre, un proyecto NUESTRO? Puede sonar mal cuando se diga y hay quien puede querer alzar la mano y protestar (bien, porque para eso está el blog), decir que es plausible y factible no cometer los errores de ulteriores generaciones condicionadas por la represión y la doble moral y la incomunicación y la jerarquía y el autoritarismo. Y probablemente tenga razón. Pero tiendo a pensar que aún en ese caso, tan sumamente positivo y diferente de la educación de antaño, vamos a cometer errores, si no unos, otros.
Un hijo es un acto de amor para con otras personas, y no necesaria ni solamente el cónyuge, sino para con el propio hijo futuro o, las más de las veces, para con uno mismo. ¿Es eso negativo? ¿ es un hecho ponderativo del egocentrismo humano o es solamente eso, un acto de amor, onanista o no?
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domingo, 18 de noviembre de 2007
La familia es sagrada

Los pisers se han mudado. De casa y de piel. De vida y de domicilio. Ahora ya no pasean por el centro hasta altas horas de la madrugada, rodeados de borrachos, putas y hooligans. Ahora viven en un barrio respetable y tranquilo, con altos carteles de Mariano y muchas tiendas de téxtil chino.
Bienvenidos a vuestra nueva vida, pisers.
lunes, 8 de octubre de 2007
Rincones de antaño
Larga vida a los pisers.
jueves, 9 de agosto de 2007
Gastronomía Piser I

Los pisers son criaturas extrañas que, con frecuencia, se alimentan de pescado crudo. No son alimañas ni depredadores, simplemente es su instinto. No les culpes. Los pisers son glotones y tragaldabas, pero también son muy sibaritas. Por eso entre su gastronomía se cuenta el sushi casero, el secreto de su eterna juventud. Los pisers aman el buen yantar. Algunos, sin embargo, no saben utilizar los palillos. Ni así los maten.
Pregunta: ¿Quién es el piser que no sabe, ni quiere ni puede utilizar los palillos?
El premio es una cena en casa del que lo adivine, para variar ya la costumbre de cenas en casa de los pisers.
viernes, 3 de agosto de 2007
La soledad aprendida en jueves
- Sí, justamente Harry Potter es un gran ejemplo de lo que es la soledad…
- Sí… por eso me encanta…
- Al pobre se le van muriendo todos los modelos. Es un ejemplo de que toda la vida estamos solos. Yo puedo estar muy unido a alguien, pero a lo mejor dentro de un tiempo ya no hay nada que me vincule a esa persona…
- Sí, pero hay otras personas… (con ansiedad)
- Sí, claro, siempre estarás con gente, pero en realidad estás solo, porque todo se acaba….
- Eso no me tranquiliza…
- Ya, Laura, pero es lo que hay… Es así.
- Sí… por eso me encanta…
- Al pobre se le van muriendo todos los modelos. Es un ejemplo de que toda la vida estamos solos. Yo puedo estar muy unido a alguien, pero a lo mejor dentro de un tiempo ya no hay nada que me vincule a esa persona…
- Sí, pero hay otras personas… (con ansiedad)
- Sí, claro, siempre estarás con gente, pero en realidad estás solo, porque todo se acaba….
- Eso no me tranquiliza…
- Ya, Laura, pero es lo que hay… Es así.
viernes, 20 de julio de 2007
Ocurrió cerca de tu casa...
Esta noche he dormido plácidamente. Sí, me he despertado a eso de las cuatro y pico de la mañana, pero de todas formas me despierto casi todas las noches en algún momento del sueño, porque se me cae uno de los tapones del oído, porque me entran ganas de mear o porque me entra sed, más o menos en ese orden de frecuencia. Esta madrugada había oído voces, pero, oye, como cada noche. Nada nuevo bajo el sol. Pero, por lo visto, hoy sí, hoy ha habido tangana, y los pisers sin enterarse. Que se tiene que enterar una en el trabajo.
"20/7/2007 13:26 h OPERACIÓN EN CIUTAT VELLA
Detenidas 40 personas en una redada contra la prostitución en Barcelona
• La mayoría de las mujeres identificadas tienen nacionalidad nigeriana, y los hombres, gambiana
AGENCIASBARCELONA
La policía ha detenido esta pasada madrugada a 40 personas en una redada contra la prostitución y la inmigración ilegal en la Rambla de Barcelona. Todos los detenidos son de origen extranjero: 30 cuentan con documentación en regla y los otros 10 tienen abiertos expedientes de expulsión.
En la redada, que se ha realizado sobre las 4.30 horas en la Rambla, entre las calles del Carme y Hospital (Ciutat Vella), han sido identificadas un total de 64 personas, de las que 40 no han podido presentar documentación, por lo que han sido detenidas y trasladadas a la comisaría de Via Laietana para su identificación. Ley de extranjería.
De los 40 detenidos, 28 son mujeres --la mayoría nacidas en Nigería-- y 12 hombres --casi todos de nacionalidad gambiana--. En el caso de las mujeres, podrían ser acusadas de incumplir la ordenanza cívica municipal que prohíbe la prostitución en la calle, aunque a las que no llevaban documentación se les podría aplicar la ley de extranjería. Fuentes policiales han informado de que redadas de este tipo se realizan cada uno o dos días en algún punto de la ciudad para detectar irregularidades en la vía pública. "
¿De verdad no se han dado cuenta de que cada noche vemos a los Mossos y a las putas codo con codo y de que para nada hay persecuciones policiales todos los días? ¿Esperan que nos lo creamos? ¿Esperan que nos creamos que luchan por la legalidad de la prostitución?¿Esperan que estemos satisfechos porque limpian las calles de esta nuestra cosmopolita ciudad de la escoria inmigrante?
Mientras tanto, yo, tan pancha, durmiendo a pierna suelta.
"20/7/2007 13:26 h OPERACIÓN EN CIUTAT VELLA
Detenidas 40 personas en una redada contra la prostitución en Barcelona
• La mayoría de las mujeres identificadas tienen nacionalidad nigeriana, y los hombres, gambiana
AGENCIASBARCELONA
La policía ha detenido esta pasada madrugada a 40 personas en una redada contra la prostitución y la inmigración ilegal en la Rambla de Barcelona. Todos los detenidos son de origen extranjero: 30 cuentan con documentación en regla y los otros 10 tienen abiertos expedientes de expulsión.
En la redada, que se ha realizado sobre las 4.30 horas en la Rambla, entre las calles del Carme y Hospital (Ciutat Vella), han sido identificadas un total de 64 personas, de las que 40 no han podido presentar documentación, por lo que han sido detenidas y trasladadas a la comisaría de Via Laietana para su identificación. Ley de extranjería.
De los 40 detenidos, 28 son mujeres --la mayoría nacidas en Nigería-- y 12 hombres --casi todos de nacionalidad gambiana--. En el caso de las mujeres, podrían ser acusadas de incumplir la ordenanza cívica municipal que prohíbe la prostitución en la calle, aunque a las que no llevaban documentación se les podría aplicar la ley de extranjería. Fuentes policiales han informado de que redadas de este tipo se realizan cada uno o dos días en algún punto de la ciudad para detectar irregularidades en la vía pública. "
¿De verdad no se han dado cuenta de que cada noche vemos a los Mossos y a las putas codo con codo y de que para nada hay persecuciones policiales todos los días? ¿Esperan que nos lo creamos? ¿Esperan que nos creamos que luchan por la legalidad de la prostitución?¿Esperan que estemos satisfechos porque limpian las calles de esta nuestra cosmopolita ciudad de la escoria inmigrante?
Mientras tanto, yo, tan pancha, durmiendo a pierna suelta.
martes, 10 de julio de 2007
Rambla con Liceo

¿Qué ocurre en ese habitáculo por la noche?
¿Acaso hay ululantes fantasmas que se pasean errantes con sus bolas de hierro forjado? ¿hay ladinos ladrones que con sigilo merodean por las habitaciones? ¿o hay acaso ágiles ratoncillos que cuchichean por los rincones de la cocina? ¿hay libidinosos amantes que chichisbean sin ser
¿Acaso hay ululantes fantasmas que se pasean errantes con sus bolas de hierro forjado? ¿hay ladinos ladrones que con sigilo merodean por las habitaciones? ¿o hay acaso ágiles ratoncillos que cuchichean por los rincones de la cocina? ¿hay libidinosos amantes que chichisbean sin ser
vistos, sin ser oídos, por las alcobas de la casa?
¿hay destellantes luciérnagas, acaso, que iluminen, feéricas, los intrínsecos recovecos de esa morada maldita? ¿hay esperpénticas brujitas en aquelarre discreto en los armarios de los calderos? ¿o hay quizá diminutas pulgas en saltimbánquica comitiva ? ¿o es que hay expediciones de sabios gnomos por la funda del sofá? O me equivoco… ¿tal vez, hay místicas haditas deslizándose entre los botes de los deliciosos afeites de las féminas de la casa? ¿es que hay elfos cantarines que se asoman a las puertas a velar por los sueños de tan ilustres habitantes? ¿hay holoférnicas gorgonas que huyen de los espejos en desazonada agonía? ¿hay leprechauns astutos recogiendo las monedas que sobran del bote común? ¿o tal vez fúnebres banshees aullando por el recibidor? ¡no lo quiera dios! ¿hay incandescentes aves fénix desvaneciéndose en los ceniceros improvisados del balconcillo mientras emiten su último y dulce canto? ¿hay desbocados centauros trotando por el insinuado saloncito del piso? ¿o hay esbeltos unicornios al paso, al paso, al paso por la escalinata del edificio? ¿hay guarrindongos ogros revolcándose en las pestilentes basuras olvidadas en la cocina? ¿o acaso has visto silenciosas gárgolas apostadas en la fachada, vigilantes? O… ¿es que hay dragones titánicos que asoman su churruscado hocico por las ventanas en los cálidos veranos? ¿hay expectantes cancerberos escudriñando cada entrada de la casa con el morro arrugado? ¿y hay ceñudas arpías (1) rapiñeando en la comida que sobra, carroñeras? ¿qué me decís de los sátiros lascivos buscando desafuero en la carne soñolienta de las damas de esta morada? ¿o hay inmensos basiliscos enfilando tubería abajo, tubería arriba, con su mirada pétrea y su gigantismo viscoso? ¿o tal vez hay hidras monstruosas chafardeando el minibar, sin saber qué espíritu, licor o vino es mejor para flambear? ¿o es que hay hermosísimas veelas desparramando su encanto y perversidad por las camas de los habitantes? ¿o lindas y escurridizas sirenas elevando sus notas en la bañera desconchada, tras la cortina de topos? ¿las hay? ¿las habéis visto? ¿hay alguna de todas estas criaturas noctámbulas, humanas o animales, míticas y mágicas, fabulosas y legendarias, fantásticas y mitológicas en el piso de la rambla con liceo, durante la franja vespertina?
Nooooooooooooooooooooooooooooooooo, señores, noooooooooooooooooooooo. Lo único que hay en la residencia de los pisers por la noche son CUQUIS. Repugnantes, asquerosas, inmundas, mugrientas, roñosas, nauseaundas (vagabundas), innumerables, infinitas, múltiples y horrorosamente puercas, marranas, gorrinas y cochinas CUQUIS.
Nooooooooooooooooooooooooooooooooo, señores, noooooooooooooooooooooo. Lo único que hay en la residencia de los pisers por la noche son CUQUIS. Repugnantes, asquerosas, inmundas, mugrientas, roñosas, nauseaundas (vagabundas), innumerables, infinitas, múltiples y horrorosamente puercas, marranas, gorrinas y cochinas CUQUIS.
(1) ¡Vale!, ¡vale! Arpías sí que las hay, ¡maldita sea!
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