Mostrando entradas con la etiqueta El intimismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El intimismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de mayo de 2012

Lost

A veces te cantaba una copla mundana al oído,
O tarareaba por debajo las costuras
Que eras mi vida y mi muerte.


Nunca acabaste de verle la gracia a Rossetta’s Stone,
Parecía como si no creyeras que entender
Mi lengua materna
Mereciera un ápice de tu tiempo,
Aunque me soslayabas
Muchas veces
Con tu acento
Y me decías “gracias” y sabías lo que significaba.
Una vez dijiste que tenía ojos de mapache,
Y no era de haber llorado en tu regazo durante horas,
Era mi lápiz de khol, que a veces,
Se me queda enganchado en los dedos
Y traza las líneas más oscuras por donde hayan de esbozarse los caminos
Que cada uno siga hasta su sien particular.
Parece que los ojos se me hubieran llenado de surcos,
Como tanta cupletista cantando con voz de ajenjo,
Una de las coplas que escuchaba en la niñez.
Entonces me decías que mi voz era hermosa,
Cómo no haberte creído,
En los pantanos de tus palabras, donde la noche más  sombría se vuelve
Y se torna el día más luminoso, y las luces opacas de una carretera lonely
Se convierten en puntos que no doma la distancia.
Cómo no haber seguido de frente tus discursos,
Y haber intentado intercalarlos de españoles soniquetes,
Cuando tus besos me apartaban del mundo
Y aunque no comprendiera todas las letras de tu boca,
Sabía que bebías despacito de mis labios,
Y que escuchabas de veras las canciones de mi vida.
Me lo dijeron mil veces.
Yo sólo pretendía relatarte la forma en que los recodos de mis venas
Se extenuaban de tanto fragor
Cuando me querías,
Y era tan difícil conseguir las palabras
Para hacerte arder en mi locura primigenia,
Que empecé a revolver en demasiados cajones
Para perder por siempre la oportunidad de hablarte.
Y ya supe que siempre te perdería un poco
Y encontraría el dolor para fingir que te tengo,
Y abriría la boca para ahogar tantos gritos,
Y tantas melodías olvidadas en falsete.
Perdí el derecho a conjurarte en las noches,
Y a suplicar que te vuelvas conmigo,
Y a invocarte en las horas de asueto
Cuando el padecimiento me trepa las tripas,
Cuando en el barrizal de mis lapsos de angustia,
Sólo quiero exhortarte y no exorcizarte,
Para hechizar de nuevo tus ojos nacientes,
Porque sólo requiero que tú seas mi muerte.

lunes, 23 de abril de 2012

Mi mandrágora

Yo perdí una mañana a mi mandrágora,
Me la extrajeron de la carne con tenazas.

Era blanca, arrugada y tan acuosa
Que guardaron sus lágrimas amargas
En un frasco anticuado de ambrosía.

Me duraron unas cuantas semanas,
Y con ellas lavaba yo mi herida.

Aprendí que los tubérculos del alma,
A menudo se enraízan y prosperan,
En parásita y alumbrada primavera.

Me sacaron mi mandrágora fetiche,
Hecha de venas, tendones, carne, grasa y mugre,
Cavaron un hoyo profundo,
Tiraron,
Tiraron,
Tiraron,
Y su llanto ensordecedor demolió en masa a la tierra
Que me circundaba.

Mi mandrágora era blanca y tenía los párpados arrugados,
No había visto nunca la luz,
Salió despedida con el dolor de un parto,
Se desgajó de mi piel desprendiendo sólo unas gotas
De pus purpúrea,
Que se quedó para siempre bajo mis membranas.

Tú querías esa mandrágora para ti,
No mientas,
La querías para acompañarte antropomórficamente
En todas las veladas consumidas de tus cantos,
En esa soledad que ambicionabas,
En esas noches que ibas a pasar lejos de mí,
Que ya entonces lo sabías.

Habías ordenado extraer esa mandrágora como un rey despótico,
Disponiendo a tu antojo adónde debía posarse cada hilo de mi carne.
Me llevaste en comitiva traicionera,
A que me extrajeran el fragmento ignominioso
Fruto de una vida entera
De terror a la soledad.

Mi mandrágora está ahora descompuesta, desintegrada , disgregada,
Desbaratada, destruida, corrompida.
Mi mandrágora nunca llegará a la tierra de donde procedía.

domingo, 12 de febrero de 2012

You wanted to treat me right

Querrías llevar un casco para proteger tus emociones
Y así no derrochar más cráneo en las calzadas,
Y así aumentar tu masa encefálica
Y pintarla de otros tonos,
(No de gris)
Pues la materia grisácea se te vuelve a veces negra.

El quinto elemento de tu testa es alabastro,
Y tú querrías que el color no fuera blanco,
Y así acabar de un golpe con el martilleo de tus sienes,
Con el cocoteo de los picos y espolones,
Con esa lucha absurda, gallinácea y desmedida.

Quieres tratarme bien,
Y acaricias con tus manos el último reducto de mi piel mineral
Que aún no ha sufrido fustigado por la vara,
Y piensas remordido que es pequeño,
Lo ves como un retal mal ensartado,
Mal hilvanado,
Mal pespuntado,
Mal recortado,
Pero es que mi dermis toda está hecha de carrara,
Eso no lo tuviste en cuenta.
¿No te dije que mi esqueleto es de adamanto puro,
Alguna de esas noches peregrinas?
Pues soy calcárea,
Stone and bone,
Soy de caliza.
Soy de antracita y zirconita,
Soy de arenisca y de cuarcita y de granito.
Mis huesos son de piedra, oraculares,
En ellos ya te he escrito mil verdades.
You wanted to treat me right
And I believe you.
And you treated me so right
Que no me voy. Me quedo.
Para secarte la frente,
Para contar tus pastillas,
Ahuyentar tus pesadillas.

Tus ojos son tan oscuros como un sumidero por donde se escurren
Mi entretela de perra,
La cera de mis párpados,
Y la pus de mis heridas.

Because you make me suffer,
“you make me stutter,
Stunt driver,
Pizza scooper,
Tall buildings,
Stutter”.
In your own words, once.

lunes, 6 de febrero de 2012

Traumatic Brain Injury

Me dabas un poco de vida y un poco de muerte cada día,
Pero ¿cómo no haber amado tus ojos rasgados y oscuros como charcoal,
Que ríen de día y acuchillan de noche,
Matando y alimentando a las abubillas de tu cerebro?

The silent epidemic viene astutamente,
Like a thief in the night,
Como el Coco para comernos,
El temible Sandman para llenar de arena nuestros ojos colmados de sueño y sueños.
El Hombre del Saco secuestrando nuestras fantasías de vagar en libertad
En callejones.
El Bogeyman arañando los cristales por la noche,
Haciendo chirriar las uñas y congelando la sangre,
Tomando la forma de aquello que más te aterra:
El lóbulo frontal de tu cerebro.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Fragmento de Oracular Bones - Inspiración para Lira agria del Grial

Y tan tallado está mi hueso sacro,
Por ser de plata y de diamante y de resina,
De tantos zarandeos de tu embate,
Mi coxis, hueso dulce, madrecielo de las danzas,
Desjarretao como los demoniacos,
Destartalado y tan innominado,
Como otro hueso móvil de pertrechos,
Porque es una trinchera tan medrosa
(Esta coyuntura mía de hembra amarga),
Y se quedó esculpido de tu empuje,
Porque es una bisagra condenada,
Es solo un gozne eterno y tan maldito,
Escarmentado de todo deleite
Un sedimento turbio de crudezas,
Un arsenal de versos derramados.

martes, 5 de julio de 2011

Oracular Bones

I
Es de flesh y hueso de lo que está hecha mi escarapela
Y se encuentra muy adentro,
Tan distintiva del alma,
Y cuando lidian mis huesos
Por repelarse en la muerte,
Los siento como tatuajes que se me hunden en la carne.

Todos estos armazones, que pensé yo de adamanto,
No son más que piedras angulares
(No que no sean importantes)
De mis ruinas y diretes,
Y en cada uno, oraculares,
Está grabado un verso de mi pecho,
Tinta invisible, tatuaje acerbo.

Si era impertérrito este litio de mis huesos,
Se ha vuelto en un marfil extravagante,
Y hacen de aquél variadas chucherías
Pues es mi cuerpo ya de comerciantes.

Si la osamenta que yo arrastro es transgredida,
Se va a poder leer lo que hay escrito,
Y oraculando las verdades ya se encuentra
Martirizada entre los posos de mi historia,
Sin encontrar de carne ni un hilillo,
Dejando al descubierto cuando muera,
Todos los mandamientos del memento.

Compuesto en dos mitades, ya soldado,
Mi hueso coronal lleno de espinas,
Trae escrito ya el lugar de mi mortaja
Y reza un “horror vacui en mi sudario”
En letras de sumerios, cuneiformes.

Mi tarso nunca fue tan vulnerable
Como el talón del miserable Aquiles,
Pero hay grabado a fuego lento,
Con tizones,
Todos los pasos que sobre tu tumba he dado,
Todas las millas que ya he recorrido
Pensando en escaparme de tus manos,
Y desasirme así del bronco de tus labios,
Que me quedó muy dentro, en los pulmones.

Y tan tallado está mi hueso sacro,
Por ser de plata y de diamante y de resina,
De tantos zarandeos de tu embate,
Mi coxis, hueso dulce, madrecielo de las danzas,
Desjarretao como los demoniacos,
Destartalado y tan innominado,
Como otro hueso móvil de pertrechos,
Porque es una trinchera tan medrosa
(Esta coyuntura mía de hembra amarga),
Y se quedó esculpido de tu empuje,
Porque es una bisagra condenada,
Es solo un gozne eterno y tan maldito,
Escarmentado de todo deleite
Un sedimento turbio de crudezas,
Un arsenal de versos derramados.

(Astrágalo, que rezas la desgracia de pisar sin reparar mi corazón sin respirar sin auscultar sin bombear lo que la aurícula
Ventricula y oracula.
Astrágalo, Astrágalo, Astrágalo.
Se repite como un dios, hasta el infinito).

II
En mi hueso occipital,
Las historias de mil cariátides tan putas (¡esternocleidomastoideo!),
Un occipucio (un prepucio),
La hagiografía de mi vida.
Santificados los nombres
De las parias consumidas
Por la lujuria del nombre,
Son tantas memorias tristes,
Por mor de una biblia en verso,
De un evangelio salaz,
Porque tanto sacrilegio me ha de llevar al olvido,
Pero rescata cantares de mi lúbrico lunismo
En huesos de nucas duras que oraculan ora guardan.

El hueso intermaxilar,
El del mordisco saturno
Cincelado de bocados,
De los que te di tan triste,
De los que te diera suave,
De los que me condenaste
A darte sin ton ni son
De los que me abandonaste
A merced de mordedores.
En él se pueden leer las inscripciones ebúrneas
De tantos dientes de cobre marcados en la quijada,
Grabados en la carnaza de un amante vulnerado con el que soñé despierta,
De un cariño adulterado con el que fue mi delirio.

Ya no escondo el tatuaje del primer beso que tuve,
Que ya han pasado los años y fue extirparle la lengua lo que me tiene con vida.
Y el día que yo me muera, será este hueso votivo,
Y penderá de los templos para castigo de aquellos que dejaron de morderse.

Mi hueso piramidal, tanto desentumecer
La soledad de mi almohada,
La entraña descompasada,
La respiración vertiginosa de mi escafandra asfixiante,
La congoja de estar sola
Y el anhelo de tus dientes;
Podrás leer los renglones tan torcidos de algún dios,
Para que no me sintiera sola,
Para que no me durmiera sola,
Para que no me marchara sola,
Para que no me corriera sola,
Para que no caminara sola,
Ni mirara tus ojos sola.

III
La enésima dinastía china se jugó el pellejo
Para escribir en los huesos de mi vida
La historia de un amor interpelado,
Y son, huesos oraculares,
Los que recorren la osamenta de cobre que anida dentro de mi piel,
Los que atraviesan y trasponen mis membranas,
Los que me parten en mitades y en medianas,
Como en este matadero que te conté,
Como el adamanto de tus huesos y mis huesos,
Como el maíz que flota en las concavidades de mis senos,
Como la canela excesiva de este mausoleo de tierra en que me hallo,
Donde he de combatir el eneldo que me acecha, resecado.

Los huesos oraculan mi miseria,
Oraculan todas las profecías que me he de creer,
Por que sean profecías,
Para que sean profecías,
Para que se convierta en profecía,
La metáfora que me brindaron,
De una estrella,
De una providencia,
De un hado,
De un arcano,
De un albur,
En que los huesos hayan de dar cansados pero llenos de enigmas,
De los secretos de la historia,
De todas las palabras que haya hilado,
O al menos de las piedras que he ablandado.

(“Ahora se ha vuelto blando como engrudo
Y aglutinado viscosea en mi esqueleto,
Y va secándose de nuevo como esponjas”).

martes, 5 de abril de 2011

El eneldo

Y son esas mujeres, retuertas y blancas,
Las que recocinean de muerte el pescado
Y hierven esos ojos de cristal viscoso,
Convierten el eneldo en polvillos de oro.

Y son las que embadurnan de tierna manteca
Todos los lupanares del amor que se muere,
Y son las ungidoras que con sangre en las manos,
Y despellejadoras de los pollos humanos,
Con ese ritual de gallina violácea,
Gritan oscuros cánticos
Del amor que se duerme,
Del perejil que crece
En los senderos, polvo,
Y del eneldo virgen te tejen las venas,
Y así entre los humores de gallos pedestres,
No saben si arrancarte el pescuezo a mordiscos,
O si untarte el gaznate con hollín y con cieno.

De todo lo que brota de la tierra almagrada,
Se ha vuelto el eneldo,
Sin sal,
Especia viciada y nauseabunda,
Que esta o aquella mujer gemebunda
Ha acaparado en toda su cocina.

Y es el eneldo inasible,
Es tanta muerte y tanto veneno
Que las mujeres dulces,
(De úteros turgentes)
No han sabido llenar su barriga de aceite,
No han sabido coger de sus tallos más verdes
Todo lo que el eneldo aún demora en su savia,
O la toxicidad de ponzoña sombría,
Narcótico furor de esta hierba detestable,
Abominable el hedor que se extendiere allende,
Y antipático el sabor que hace a la mujer tan bruja,
Bordando entre los claveles
Mil sábanas de burdeles,
Recuperando bebedizos
Para matar a las flores,
Por robar virginidades se haya inventado, el eneldo,
Y por hechicera, arpía, sáquese el ojo del sapo,
Y alíñese con eneldo.

Son esas mujeres negras,
Las que en sucios rituales
De gallinas y de sangre,
Eneldan las madrugadas y abandonan el maíz y lo vuelven todo en humus,
Porque el humus que fermenta,
Es el amor que, doliente,
Se acumula en sus gargantas,
Se materializa en cuerpos,
Se pudre bajo la tierra,
Y organiza los caminos,
Para lombrices eternas,
Para tenias milenarias,
Que devoran tantos menstruos
Que no hay bajo latifundios
Ni una gota del maíz que inunda todas las calles,
Cuando el hombre es luminoso,
Cuando el guisante amarillo da esperanza de ternura,
Y brota de las mazorcas todo lo que estaba muerto,
Todo el ungüento de madres,
Que velan a la verita
De alguna hostil fiebre brava,
Porque sus hijas calientes
Piden humus, linimento, bálsamo de sus terrores,
Y es el humus, no el eneldo, lo que las trae de cabeza,
Lo que supura en vigilia
En su entretela de perra.

jueves, 24 de febrero de 2011

El maíz

Con el kernel dorado y el maíz de los hombres
Voy a hacer la polenta que te ha de alimentar,
Voy a abrir las mazorcas,
(En comitiva de cobre, y simples)
Despiadada, los granos en mi matriz salvaje
(voy a hundir).

El maíz de los hombres ya no huele a placenta,
Y es, de noche, acicate para lobos y hienas,
Y de todo alimento en mi vientre marchito
Es maíz el que satura de acólitos el mundo,
El que llena las bocas de los pájaros sin madre
Y de los llantos tristes de las aves erradas.

Con maíz amarillo yo te he de alimentar,
Y has de catar azúcar refulgente y bruñido,
Y no has de transformar lo que comes en humus,
Pues sube de la tierra y en ella te humillas.

Y yo te enseñaré a buscarte los panes
Y a despanochar las matas de cabellos
Verdes,
Grana,
Donde se han, tus pestañas, tornado en rojas piñas
Porque eres de maíz, hombre de aliento jade,
Hombre color pajizo
De dolor quebradizo.

¿Que qué quiero hacer con el maíz?
Quiero llenar los puentes y llenar las aceras
Con un maíz que explote y que reverbere,
Las calles, callejones, los vastos adoquines
En lluvia de maíz que reviente en los rostros,
Y mate mariposas de muerte ambarina,
Y alcance,
Como misiles,
La ropa en los patios,
Y la llene de úlceras de almidón refulgente,
Porque son las vecinas, recogiendo en esos patios
Esas extensas sábanas tan blancas de armisticio,
Las que dan al maíz dimensión de mujeres
Y las que obran milagros con el repugnante eneldo.

Y si tiene el maíz el dolor femenino,
Bastará con hilarle las barbas de cerdas
En dos hermosas trenzas balanceando de pena,
Y así del corazón, del kernel mencionado
Ya sólo habrá que hacer algún guiso sagrado,
Porque saben las hembras amanecer con hielo
Recuperar las sobras de maíz (amor) desmigajado,
Y componer de nuevo la seda de las rutas,
Donde se han de bordar con los hilos enteros,
Azafrán, cañamazos y regueros de sangre.

martes, 1 de febrero de 2011

Sí amo, pero humo II

...And who but my Lady Greensleeves…
Enrique VIII

Llenarte de tristeza poscoital
Es una de mis máximas pericias,
No soy un hábil prócer en secretos,
No los conozco todos,
Ni lo anhelo.

Pero sé que fracaso en auscultarte el pecho,
Y en diagnosticar qué suerte de dolor blando y laxo
Te brota del tejido más interno.
Sé que soy como una oruga que te pica
Soy un sucio gusarapo de molestias,
Y te como muy despacio por adentro
Y de adentro no me salgo aunque me expelas.

He podido comprobar de qué estás hecha,
Y no he querido más que castigarte
Porque te quiero de una forma extraña,
Y no sé si te quiero aunque me duelas.

Y ya que por fin viste mis ojos vidriados,
Ya que viste el desnudo de mis dientes,
Voy a ver si te puedo convencer
De que soy un profeta deprimente.

Pero sé que he fracasado en adorarte
Y en buscarte las cosquillas en la frente,
Y en contarte los lunares como estrellas
Y en barrer de sosa cáustica tus labios.
Sé que soy un fracaso en ponerte de hinojos,
Y en abrirte los ojos para que te des cuenta
De que yo me doy cuenta,
Y de que soy un fracaso.

Lo de morirte sola
Es una opción que a ti te aterroriza,
Yo creo más en los milaños de tus cuentos,
Que deberías tú creer que te amilanas,
Y que es sacar afuera la cabeza
Lo que te salvará de mis heridas.

Llenarte de tristeza poscoital
Es un inconveniente, demasiado,
Y siento que es un mórbido banquete
Comer lo que te sobra cuando lloras,
Sorber lo que ha quedado cuando imploras
Que ya no te haga daño ni te asuste.

Y eres como una niña, tan perdida,
Te quiero y no te quiero,
Y al robarte
El aliento cuando sufres tan de veras,
Me odio y quiero huir de madrugada,
Saltar por los caminos y perderme,
Saber que he de morir la noche entera
Por devolverme a ti a lágrima viva,
Por descubrir que soy un ser canalla,
Por pretender que puedo redimirme,
Por abrirte en canal esa quijada.

Porque estoy aprendiendo a perder las esquirlas
De esta ternura rara
Con que salpicas mis ojos,
Con la que tú me atacas, velada, tus ojos,
Con la que me despojas de todo, mis ojos,
Con la que me disparas cubierta, tus ojos.
Con esa devoción que es tan muda, de cieno,
En donde nos hundimos, desnudos, de lodo,
Y con esa piedad de las santas de piedra,
Con la que en la bandeja los llevan, sus ojos,
Y muestran los apéndices de sus pechos rojos,
Y aguantan sus espaldas y costillas asadas,
Y duermen la vigilia de su muerte violenta
Orando con sus ojos,
Callando con sus ojos,
Y dejando sus ojos
Macerarse en vinagre,
Y esperando la hora de las fieras cornadas,
Y de supuración en aceites hirviendo,
Y de las bestias pardas y los bravos zarpazos,
Y de agujas punzantes
Y de vientres sangrantes.

Porque te has convertido en la Virgen con ojos,
Y me miras, me escrutas y escudriñas mis ojos,
Y me inquieres, me indagas y no cierras los ojos.

Ya no te quiero más, y nunca te he querido.
Sólo que me atraviesas con tus ojos de fango.

He podido comprobar de qué estás hecha
Y no he querido más que castigarte,
Porque te quiero de una forma rara,
Y no sé si te quiero aunque me duelas.

domingo, 30 de enero de 2011

El hambre de la patata

En mi piel crecen verrugas purulentas
Y pústulas de un negro efervescente,
Y crecen hongos blancos pestilentes
Y estoy cubierta toda de bacteria.

El líquen de mi piel se deteriora,
El alga de mi axila se cuartea,
Húmeda en oquedades,
(Champiñones)
Y bullen en mis ingles los miasmas
De aquel virus fatídico que un día
Se me metió en la carne, tan corrupto.

He podido estar podrida y desgajada
He podido fermentar de madrugada
Y no te hubieses dado cuenta, inmundo,
Que mis membranas nauseabundas se consumen
En aglomeración de codos y rodillas,
Que se coagula el ronco de mi pecho
En un ir y venir de recovecos,
Pastosos de mollejas y de ensalmos,
Porque estoy hechizada de bacilos.

El hambre, la hambruna de la patata,
Patata de tumores y de bultos.
Aquí ha habido que escapar por nuestra cuenta,
Huyendo del deforme contubernio.

El hambre, la hambruna de la patata
Me cogió desprevenida y son
Metamorfosis que dormían en mi organismo
Las que se desarrollan y permutan,
Las que mutan pantorrillas en entrañas,
Las que transmutan dedos en salchichas,
Las que mis hombros truecan en carcasas,
Las que hacen de mi lengua una chuleta.

El hambre de la patata,
Que convirtió mis labios en rizoma,
Que transformó mi cuerpo en una res,
Distribuyó en mis miembros los humores,
Las llagas, las viruelas y las costras,
La fúngica llamada de la tierra,
La desintegración de las ternillas,
Y soy una epidermis tan colgante,
Y soy un gran muñón desfigurado,
Infecto de dolencia y hecho un herpes.

El hambre de la patata,
Desmedido,
Nos obligó a roer en los rincones
Todo lo que ha quedado para el pasto
De verdilentos y espesos gusanos.

El hambre de la patata,
Me ha llenado de lupus los pulmones,
Tuberculosa en tanto que amarilla,
Me ha dejado un esputo en la barriga,
Es real, y se ha vuelto leonada
La poca dermis que quedaba en mis resquicios.

lunes, 24 de enero de 2011

El Humus VI

He creído encontrar el humus negro
Y caliente
Con el que se reviste tu esqueleto,
Porque es de tan adentro que te emana.

Es un cigarro que me sabe a perro muerto,
Mojado,
Es un odre que quema
Ignífugo,
Tu humus que escalda a los gatos por dentro,
Con agua fría.

He creído encontrar el humus negro
Que te brota desde adentro, escarlatino,
Que me ahúma por de dentro, bermejoso,
Ese humus de tu lumbre en escabeche,
Ese humus,
Tan recio y extremado, tan de empaque,
Que se siente y se nota en el estaño de tus ojos.

No puedes esconder el humus marchito,
Marchito de buscar un montón meritorio
Donde extender estiércol y bregar por el grano,
Donde una redención de cosecha infinita
Ha de surcar la tierra en tu yunta perenne
Y ha de hallar los maíces de tu hacienda selecta,
Y ha de reproducir sempiternas panochas
Para este maizal que me buscas inside.

Que para qué te quiero
Tan lleno de humus pestilente.
Pues no lo sé, que me aspen si lo sé.

Mortificada, insalubre
Yo me encuentro aquí en mi lecho,
Y ni todo el melodrama de novela,
Ni el decimononismo de mi alma
Puede curarme de este Humus
Con que me infectaste, infecto.

lunes, 17 de enero de 2011

Sí amo, pero humo I

Si nadie me ha enseñado a ensartarte los ojos,
esos ojos redondos de niña sorprendida,
con la gélida aguja de husos de ruecas viejas,
a lavarte la cara esculpida en cartón piedra,
tan sembrada de luces y de polvo y de cisco,
o a retener tus manos que me buscan sin tino,
o a contar con los dedos tus vestidos de escamas,
o a escucharte de nuevo por comprender tu lengua,
o a correrme soñando que te tengo enlazada,
o a notar tus rodillas de agua cristalizada
cuando dan contra el suelo y el techo del infierno,
cuando esgrimes de noche tu tripa desgajá,
y violentas la calma de mi ensimismamiento,
de mi ombliguismo opiáceo
que te trae de cabeza,
porque no te das cuenta de que yo me doy cuenta
y que estoy aprendiendo a curar tus locuras,
y a cómo acariciarte los muñones de hiedra
por los que alguna savia o veneno de oruga
ha extendido entre el hierro de tu sangre lechosa
una ristra de arena que entorpece tu herida
un reguero de sal que te escuece en la llaga,
una red de burbujas que anega tus venas
un sopor de dolor en que sumes tus codos,
un sartal de sardinas muriendo en la playa. Yo no tengo la culpa. Niña.

Y son esos muñones los que llevan por dentro
todo lo que no dejas florecer como muelas,
deja romper la carne,
y resquebrajarse,
deja que reconozca la polenta en tu bazo,
deja que se macere el maíz en tu vientre
o el grano de este embrujo que te tengo extendido
como una enredadera de azúcar diverso,
porque soy lo que soy: un demonio perverso.

martes, 11 de enero de 2011

No amas II

He explorado los rincones del lenguaje
En busca de las formas y engranaje
Por maldecir tus huesos, tu calaña,
Por artimaña vieja, olvidadiza.

Tú has husmeado en las aldabas de mi alcoba,
Tú has invadido las murallas y las puertas,
Te has decantado por sitiarme hasta en mi casa,
Me has asestado a palo seco de alimaña
Con los puñales de alguna reyerta,
Con la columna vertebral de algún rey muerto,
Muerto que había desertado para siempre,
Y que juró que nunca volvería
(Unas cuantas machetadas).

De todas estas cosas que me has hecho
Ni un solo verso te ha bastado para honrarme,
Ni un mandamiento me has cumplido
Sin ahogarte,
Y en este muladar te has aterido inquebrantable.

Indisoluble me has rajado las entrañas,
He sido víctima
En mi propio matadero,
Mafioso pandillero y delincuente,
Putero sabandíjico de tierra,
Tripero encadenado a los despojos
Inmundo de impudicia y de cinismo.

¿Por qué de la carroña de mis labios
Extraes la mordedura como esbirro?
¿Porque eres un secuaz de satanases?
¿Porque eres un adepto del demonio?
¿Porque eres un adicto a las mortajas?

¿Por qué la necrofilia automatizas?
¿Es que estoy muerta?
¿Me lobotomizas?
Como inmolarse es divertido en estos días,
¿Será que tejerás tú mis sudarios?

sábado, 8 de enero de 2011

No amas

Sentirse miserable y desmedida
No es una torcedura del destino.
Cantarme las canciones de una vida
Es poco en el sigilo de tus dedos,
Es como un hábil truco de tus sesos
Es un inblando y fútil desvarío,
Es como claustrofobia almidonada
Es una tontería almibarada.

Lo que está haciendo este desuello en mis costales
Es cargar con tu anfibia sombra oscura,
Es una sucesión de humos de tierra,
Un amasijo de riñones
En los que nunca me perfilo hermosa.

No me perfilo más que como un monstruo,
Acecho en los rincones de la imagen
Etérea que tienes de damiselas,
Me veo con tus ojos,
Me pregunto
Qué clase es de pupila, iris velado,
Que me mira en la tormenta indiferente,
Que me ve como a un saco de patatas.

Un costalero redundante y flojo,
Hombre de paja,
Con demasiado juicio.
(Brains like yours).
Un salmo triste a paso agigantado.

Y todo he confiado a tu mirada,
Y he desnudado partes sin elipsis,
Y he cruzado los caminos de mi almohada,
Y he pensado en ti tan mema y aguerrida.

jueves, 6 de enero de 2011

El Humus V

El sudor de tus recodos
Es metálico y salado,
Imagino.

Los brotes de tu garganta
Son durísimos y viejos,
Me espanta en la madrugada
La piel cetrina que oscurece tus mejillas,
Los macilentos párpados que se mueren de sueño,
La arritmia que me dejas en el pecho,
Hombre de maíz.

Me invades, me penetras, me acometes
Con tus macabras sordas afonías,
Sardónica tu risa y tu quijada,
Maleando la bondad que hay en mis ojos,
La curva cuenca ardiente de mis ojos,
Tan cándida y tan limpia mi mirada,
Insomne y embebida en tu disturbio.

La ronca cuenca sorda en mi faringe,
Las notas asinfónicas que canto,
Canto tan apagadito
De mi rescoldo inaudito,
Que no se oye en esta noche
Tan inundada de acentos.

Y el humus de tus ojos no se marcha,
El humus de tu piel me empalidece,
El humus de tu boca corrompido,
El humus de tus labios emponzoña,
El humus de tus hoyos putrefacto,
El humus de tu cuerpo descompuesto.
El humus como un dios desintegrado,
Como un antiguo resto, vieja gloria.
Un ídolo de piedra un poco absurdo,
Arcaica la obsesión de aquellos cultos,
Un humus resarcido de tropiezos.

Pero no existe, no,
Tal perfección de humus,
Tal sinemácula de esencias,
Tal tumulto del estómago envolvente,
Como llamas al dolor tan de repente.
Te atreves a ponerle nombre a mi dolencia,
Te crees que sabes todo, hombre de grano,
Teatralizas la ternura de mis ojos,
Y escarchas las pestañas de mis ojos,
Salpicas con humores mi pellejo,
Rocías con migajas mi pellejo,
Esparces las cenizas de mis ojos
Congelas las esquirlas de mis ojos.
Con el humus que te brota de mazorcas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Morgue

Ni uno solo de mis huesos
Puede jactarse de tuétano,
Habiendo rebañado tú cada hueco,
Habiendo vaciado cada agujero,
Habiendo relamido los rincones de mis sesos,
Que eres de niebla y eres de hielo a veces,
Y el humo que se levanta entre tú y yo
Me emborrona toda posibilidad de esqueleto,
Toda oportunidad de recortarme en tu horizonte.

Y yo que sólo quiero abrirte la quijada,
Por ver si me quedase deshuesada,
Por ver si eternizaba tu mirada,
Con un poco de hueso desgajado,
Con un poco de amianto acartonado
Tu maxilar tan descuajeringado.
Matarte he,
Porque me fundes,
Me fundes,
Me confundes.

martes, 21 de diciembre de 2010

Esquinzadas: La Trilogía de Nueva Yonki

Antiséptico de la poetisa

Para concederte deseo tras deseo,
(Aunque todo te concedo a ti)
No has tenido que dibujarme demasiados contornos
Con la yema de tus dedos:
Ha sido suficiente con emborracharme.

Suficiente con darme de ese licor,
Que te brota directo de la boca,
Como sapos y culebras,
Cual brujística alcahueta,
Cual nodriza purulenta,
Como aguador bacteriano,
Me has llenado la asadura,
De un veneno de tunante.

Y me has descubierto el pecho,
Saltado la piel a tiras
Con el azote crüel
De esa botella (so drunk!)
Que guardas para escanciar
Los recodos destilados
De tu corazón de lija,
Con tu burbon de menganos,
Tu brebaje de fulanas,
Pócima de muladar.

Ya no me creo al dolor,
Cuando me mojas los labios,
Con esa tontuna esencia
Que me alquitrana las tripas,
Y que me anestesia el alma,
Y que me distrae la sangre
Like today there’s no tomorrow,
Y que me impide entintar,
Las plumas, transpiraciones,
En el sumidero etéreo
De mi entretela de perra.

***

High

Tú sabes cómo anegar los rincones más apátridos de mí,
Y sabes cómo hacer llegar el río al mar,
Y cómo hacer para que no llueva en las noches de verano,
Tienes ese secreto.
Eres mitológico y eterno,
Y te tengo miedo.
Porque sabes cosas que me erizan la piel,
Sabes cosas que hacen estremecer al mundo,
Eres un sabio indocto, que me trae de cabeza,
Me acelera el pulso,
Me merma,
Me tranquiliza,
Sabes cómo inundar de humo de voluta el pulmón más pequeño de mi pecho,
Atosigas y me aturdes,
Con esa nostalgia que me sé,
Del vientre de mi madre.
Placéntica, me embebo en tu mirada,
Y floto entre unos nenúfares raros,
Que están hechos de humo,
Y por ser humo desfallecen.

No sabes nada de todo lo que me guardo
Por no decirte que me enajenas,
Me enajenas,
Y sólo puedo entornar los ojos,
Y salirme de esta vorágine lentísima
Que me atasca el nublo,
Intentar salirme.

No eres ni la mitad de hombre que me pensaba,
Eres sólo humo, eres sólo una oscura columna
Que se eleva de lo que ya es cenizas.
Los vestigios de mi lengua,
Carne achicharrada que se quema
En todas las hogueras del mundo.
Pero te amo, porro, te amo.

***

Voy de setas

Jamás he podido penetrar la dura piel
De que está hecha tu carrocería,
Dragón inmenso,
Alado y boquinegro.
Tu dermis de diamante
Es una de las pocas cosas que mis ojos no pueden barrenar.

Porque mis ojos son como dos escarpias negras y protuberantes
Que taladran todo lo que ven,
Y te veo a ti,
Dragón descomunal y verde,
Y eres un aspersor de fuego ronco,
Que no alcanzo a trepanar con mi mirada.

Eres como una luna abrumadora y vasta,
Mis ojos no saben a qué atenerse
Cuando en el lodazal de tus cuencas amarillas
Intentan no anegarse, lagrimales,
En esa insípida sustancia que expectoras,
Y tratan de perforarte sin victoria.

Dragón gigante, regio y extremado,
Tu tez es demasiado persistente,
Si intento alguna vez calarte hondo,
Me encuentro al final dándome de bruces,
Como un torpe muñeco del destino,
Como parejas tuertas de ojos tristes.

***

lunes, 13 de diciembre de 2010

El Humus IV

La fascinación que en mí producen
El maíz de tus pestañas y tu vello,
Sigue sin ser acicate
Del recuerdo que te guardo en demasía.

El maíz de tus cabellos
Es amelga que amalgama
Todo lo que haría por tu vientre,
Todo lo que ha sido construido
Sobre la laxa ruta del olvido,
Las hiladas palabras de tu boca.

Y es el mismo maíz,
El que engrana las cuencas de mis ojos,
Dinamita mi piel a finas tiras,
Detona en oquedades gravitadas,
Y explota en las aristas de mis muslos,
Alcornocado en tanto que crujiente.

Y es el mismo maíz el que se pudre,
El que cubre tu pecho y tus cabellos,
Y profético anuncia maizales,
El que cubre tus manos y tus codos,
Y reviste el hueco de tus rodillas,
Y funesto oracula las verdades
De la memoria corta que te oprime,
De la poca presencia de mi mijo,
Que es como porridge lenta,
Panacea
De todas las hambres del mundo,
De las altas tierras verdes,
De la espiga del sur seco,
De ensambladuras recientes,
De tus armas, de tus dientes.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Un secreto

Por las noches, esta noche,
No te ha examinado nadie,
No te han visto el amasijo,
Ni perseguido el dolor
De tu mortecina espina,
De tu médula de astilla,
No se saben tu escondrijo,
Para el cárdeno guisante
De mi cama sin fisuras,
De tu innombrable saeta.

Ni conocen aspirina,
Ni droga que te conforte,
Que te devuelva el color,
Que te provoque esa apnea
Que buscas al respirar.

Y el corazón te chorrea
Como caldosa peonza,
Sangre que no ha de caber,
En esta apretada esponja.

Por más que te encuentre ajado,
Por más que tú te me escapes,
Yo te lo voy a decir.

Cáigate como aguacero,
Como mil lluvias nefandas,
Por las noches, esta noche,
Sin que tú te lo imagines,
Soy dueña de tus meadas,
Antes de que las termines.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El Humus III

De mi entretela de perra,
De tu humus subterráneo,
De mi forro de lejía,
De tu estiércol soterrado,
De mi firme escurridero,
De tu hienda subyacente,
De mi envoltura de dama,
De tu deyección profunda,
No voy a hablarte esta noche.

No te voy a hablar de olores,
Sólo te diré despacio,
Succionando las palabras
Y soplando las señales,
Aspirando mis verdades,
Sorbiendo las realidades,
Absorbiendo las dicciones,
Lamiendo las expresiones
Calando declamaciones,
Humedeciendo de ensalmos,
Que mi faringe felina,
No está hecha de hojalata.