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martes, 4 de enero de 2011

Esquinzadas: Nothing but the blood

La sangre de El Bardo de Avon.
Trilogía de sonetos ingleses y pedantes
deconstruidos y encadenados


A Rey Lear
Inicua, Cordelia, sin sangre, muerte
Tal como virginidad de feriante,
Welfare: hoy no abogara por tu suerte
Ileso ni el soplón angloparlante.

A Romeo y Julieta
Llana, con un beso muere Julieta,
Lo suyo son fluidos venenosos,
¡Hola!, trepa que me meo, mi esteta,
Al infierno nos vamos tan airosos.

A Tito Andrónico
Válgame aquesta tragedia lamentable
En que Tito Andrónico despedaza,
Beligerantemente y poco afable,
Lincha, destaja y fragmenta carnaza.

A Hamlet
¡Oh, ponzoñosa espada del danés!
¡Oh, cruel destino!, lorza en canapés,
Dinamarca se rinde toda al verte
Tormento final sin antioxidante…

A Macbeth
Híspidas brujas de sonrisa inerte,
Estás como un hervido bogavante:
Ya te han cercenado aprisa la jeta,
Salmorejo de tus miembros sabrosos,

A Coriolano
A hierro muere también cual brocheta,
¡Yerba mala!, le matan agraviosos,
Buen Coriolano pinchado en un sable,
Lo desmenuzan como si fuera una hogaza.

A Otelo
Otelo viene ahora, disculpable,
O al menos achacable a otra lenguaza,
Desdémona le gira del revés:
Wahabí que apuñala por estrés.

A Julio César
Ilícito asesino que deserte,
Le dice Julio César, cabildante,
¿Lo que me das es, Bruto Animal, muerte?
Horror, ¿tu quoque, alma de elefante?

A Antonio y Cleopatra
Antonio tenía fácil la bragueta,
¡Voto a Dios! ¡Qué amantes ambiciosos!
Es del César lo que quieres, la teta,
Babor, estribor, áspid, agoniosos.

A William Shakespeare
Lo que nos quiso enseñar, venerable,
O a lo que no supo poner coraza:
¿Os habéis lavado ¡blasfemable!
Donosos, en la sangre de melaza?

William, cordero del Eclesiastés,
Sardónico escritor de paripés.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La poetisa le cuenta a su amor por qué deja de escribirle

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
Federico García Lorca


Que no te dejaré saber qué escondo,
Ni lo que vengo escribiéndote hasta ahora,
No voy a dejar que este despotismo
Me inunde en días negros para siempre,
Y así cuelgo la pluma en tus narices,
Y así me llevo todo de repente,
Me guardo el corazón en un hatillo,
Por desaparecerme en los jamases.

Esta vez has sido tú quien sin conciencia
Me ha abierto venas en duelo de sangre,
Me ha escurrido los pliegues de la almohada
Para dejarme tuerta e infecunda,
Yermando los doseles de mi estancia
Con siniestra burbújula magnética,
Con estruendo de sordina impenetrable,
Sin el eco de la noche escarlatina,
Sin las voces de la parranda de humo.
Que, vamos, que me dejas extraviada,
Perdida y de nuevo en la estacada,
Que esta opresión que me merma las alas
Acabe para siempre y sin despecho.

Y no voy a leerte más poemas,
Porque esto es el final de mi batalla.
Esta vez has sido tú quien rivalmente,
Me ha cerrado los ojos, tan postrero,
Como un muerto incandescente y fatuo,
Como una muerta sola, boca arriba.
Porque me he muerto para ti, para siempre,
Me he muerto y ya no volveré a la vida.

jueves, 7 de octubre de 2010

Hombre unicornio o vampirismo de argento

Cuando tú te conviertes en unicornio,
Frunces el ceño,
Apuntas recto,
Lo ves muy claro,
Bizqueando,
Enfilando.
Tu cuerno es del mejor marfil que me pueda imaginar…

Cuando tú te conviertes en unicornio,
Eres una pelusa inquieta,
Blanca,
Suave,
Lúcida,
Como un fabuloso Platero en negativo,
Y me corres a cornadas.

Cuando tú te conviertes en unicornio,
A veces te persiguen,
Furtivos,
Mercenarios,
Combatientes,
Cazadores,
Y te desnucan el aliento con un tiro.

Cuando yo te convierto en unicornio,
A veces sangras,
Por un disparo.
Yo te deseo
Y bebo tu savia.
Estás hecho de la misma sangre de plata que yo,
Cuando yo te convierto en unicornio.

Y se amaron dos unicornios,
Mire usté qué maravilla.

martes, 27 de julio de 2010

De lo que se come, se cría

Te has apostado todo lo que tienes
A que no me volveré de porcelana,
Porque me has visto fuerte y aguerrida,
Pero no te lo creas, desgraciado,
Me tienes rota como a una muñeca.

Te has jugado una ristra de incisivos
A que no me cubrirá piel de cebolla,
Porque me has visto dura y bien curtida.
Pero no te confundas, desdichado,
Que me traes descascarada como cal.

Y el juego no ha hecho más que comenzar,
Me llevas por caminos de martirio,
Traslúcida como el esmalte blanco,
Arisca como pellejito seco,
De esa cerámica que me conoces,
De esa bulba incompatible y perniciosa,
Que me hace sollozar a cataratas.

Si mi piel es tierna como esa cebolla:
Te guardo como cascos de matrioska,
Y me haces llorar por desfiladeros,
Y me picas adentro como orugas.

Si mi piel es fina como porcelana:
Me entras como infusión ardiente al cuerpo,
Me hierves la garganta como a un pollo,
Me haces expectorar sueños profundos.

Por respuesta te doy un ultimátum:
Termina con el juego, papanatas,
Acaba con mi vida, botarate,
Y pélame de un golpe, miserable,
Concluye con romperme ya, canalla.

jueves, 22 de julio de 2010

La poetisa amenaza a su amor con una sarta de poemas

Cuando termine de escribir sobre tú y yo,
No podrá conocerte ni tu padre,
(Que a mí no me respetan ya en mi casa)
Así que voy a abrirte la barriga
Para meterte piedras desparejas,
Voy a tirarte al mar, no al río,
Voy a cambiar el cuento por completo,
Voy a escribir la historia de tu hechizo.

Cuando termine de escribir sobre tú y yo,
No va a quedar títere con cabeza,
Yo me habré condenado para siempre,
Te habré llevado al borde de la muerte:
Te habré matado cuatrocientas veces,
Porque es la única forma de que entiendas,
Bajo esta luna ardida a cadenita
Que te idolatro entera y enfermiza.

Cuando termine de escribir sobre tú y yo,
Van a quedar aún cosas que decirte,
Pero he de quedármelas en el tintero,
Si vienen tiempos malos retomarte,
Y clavarte nuevamente los tachones
De esta herejía que yo te profeso.

Cuando termine de escribir sobre tú y yo
Hablaré entonces sobre los demás,
No los conoceré, serán extraños,
Tal como antaño lo fuimos tú y yo,
Pero ha de funcionar, estoy segura,
He de narrar alguna vez lo de los otros.

martes, 20 de julio de 2010

La poetisa le cuenta a su amor por qué le escribe

Si no me cantaras todas las noches, cigarresco,
Y no me hubieses dado tantos pretéritos de tu vida,
Tal vez no me acuciara, tan salvaje,
Esta tiranía de escribirte a bocajarro,
Y de pasearte a todas horas por el techo helado
De mis alcobas de mimbre y de carrizo.

Porque es toda tu sustancia esclavitud,
Y me llevas de cabeza al vasallaje,
Como pánfila señora de su hidalgo,
Gentilmujer que nunca se pregunta
Cómo es que han hecho el aire transparente,
Y si el espíritu entra por la vista,
Cómo es que siempre y de repente,
Te encuentro madrugando ya sin ojos.

No me has dejado relatarte en recovecos
De esa piel que se disipa por los poros,
Y no he encontrado yo huecos mejores
Para dejarte anejos que en la boca,
Que no sabes el peligro que me acecha
Cuando intento impregnar de negra tinta
Los rincones blanquecinos de tus bozos,
O cómo he de aguantar, tan vacilante,
Que no me encuentres nunca anocheciendo
En esta sanguinaria y purgatoria
Enmienda de bilis desaborida.

Y no te dejaré saber qué escondo
En las graves arrugas de mi frente
Y nunca sabrás por qué te escribo
Y por qué yo nunca te lo digo,
Por qué guardo como absurdo secreto
Esta tripa desgajá que me destroza.

martes, 29 de junio de 2010

Mórbida

A veces soy un cetáceo,
ingente, orondo y azul,
ocupo todos los huecos,
soy un lastre de pescado,
y, solitaria, te trago.

Te tengo quieto en mi vientre,
en mis vísceras buceas,
pues yo soy una ballena
de muy amplias tragaderas.

viernes, 18 de junio de 2010

Mujer unicornio

A Lopen ;)

Cuando me convierto en unicornio,
Frunzo el ceño,
Apunto recto,
Veo claro,
Bizqueando,
Enfilando.
Mi cuerno es del mejor marfil que te puedas imaginar.

Cuando me convierto en unicornio,
Soy una pelusa inquieta,
Blanca,
Suave,
Lúcida,
Como un fabuloso Platero en negativo,
Y te corro a cornadas.

Cuando me convierto en unicornio,
A veces me persiguen,
Furtivos,
Mercenarios,
Combatientes,
Cazadores,
Y me desnucan el aliento con un tiro.

Cuando me convierto en unicornio,
A veces sangro,
Por un disparo.
Quien lo desea
Bebe mi savia.
Estoy hecha de la misma sangre de plata que tú,
Cuando me convierto en unicornio.

lunes, 14 de junio de 2010

"Las fugas de mis amigos" (Fragmento 2) de David Rodríguez Ibáñez

Este poema es una pieza que me ha dedicado mi amigo David, periodista de renombre, con motivo de mi inminente "fuga" a los Estados Juntitos. Me ha gustado mucho, me ha llegado al corazón y le he pedido si era posible compartirlo con vosotros, mis lectores. Ahí va:


La otra se va a tierras conquistadas
Por el español de bien
Dicen que no es país para viejos
Pero ella ya sabe lo que es traducir sueños en un santiamén
Buenas noches, que usted descanse y a poder ser sin roncar
Mis amigos saben inglés, yo lo quiero conocer
Mis conocidos tienen pareja, yo la quiero poseer
Mis vecinos chillan por la ventana, pero yo quiero volar
No con una escoba de bruja, sino sólo con la sabiduría de una] tesis doctoral
Lejos quedan y largos parecen cuatro años
En los que puedes volver o quedarte en un nido de placer
Traer al mundo hijos, ver lost en el sofá con un barbudo
O regresar, creyendo que todo estará igual
Pero tu mochila y tu pelo habrán dejado huella
Si vuelves con la cabeza, esté alta o baja
Las pisers dirán dejen paso que acaba de llegar
Si echas raíces en un árbol sin caducidad,
Vivirás en una novela de Paul Auster
Casi toda la eternidad.


¡Gracias David!

lunes, 7 de junio de 2010

Hecha un basilisco

Para mi lengua bífida no han bastado
Ni una sola de tus arterias,
Ni uno sólo de los engranajes blandos
Que configuran el delicado sistema
De tu respiración,
De las contracciones de tu pecho,
De los vasos fragiloides
Que recorren el tejido de tu organismo
Y del eje que te sujeta en pie.

Y no ha podido ella emponzoñar
Ni una sola de las gotas de tu sangre,
Y es que he perdido más de tropecientos dientes,
Buscándote ciega de mordeduras,
Mordiéndote todas las hendiduras,
Hendiéndote incisivo en la garganta,
Gargareando falsas ambrosías
Que me imagino cuando estoy despierta,
Cuando la soledad me acecha enhiesta.

Mi lengua bífida de dos espigas
De víbora se vuelve, repentina,
Cuando te encuentra en el desierto solo,
Y ni todo el veneno de esta aguja,
Puede hacerte serpentearme el alma
Con ese afán de flauta que yo imploro.

lunes, 17 de mayo de 2010

Amor efable, inconfesable 4

No sabes de lo insurgente,
De mi falda adoleciente,
De mi nimbo arborescente,
Mi tranquilidad aparente,
Mi epidermis adherente,
Mi vocablo balbuciente,
De mi soledad consciente,
De mi dedo convergente,
No sabes de lo carente.

Ni mi alma concupiscente,
De mi olfato delincuente,
De mi baba corroyente,
Mi cerebelo demente,
Mi tubérculo evidente,
Mi córnea clarividente,
De mi apéndice creciente,
De mi asadura candente,
Ni mi sombra contundente.

No has computado lo ardiente,
De mi barriga doliente,
De mi dominio apetente,
Mi estómago complaciente,
Mi abdomen circunferente,
Mi tragadera exigente,
De mi bulbo consistente,
De mi raíz bienoliente,
No has computado lo ausente.

Y no te has puesto al corriente,
De que cada aparecida,
De que toda sucedida,
Te provoco un accidente,
Te transfiguro en cociente,
Te degusto lo elocuente,
De que toda acaecida,
De que cada arremetida,
Te devuelve a tu presente.

Ni de que eres inclemente,
Ni de que eres astringente,
Ni de que eres convincente
Ni que eres desobediente,
Ni que eres indiferente,
Ni que eres evanescente,
Ni de que eres ascendiente,
Ni de que eres atrayente,
Ni de que eres eminente,
Ni de que eres mi aliciente.

No te embriagas por completo,
Si no bebes mi aguardiente.

martes, 27 de abril de 2010

Amor efable, inconfesable 3

Este poema es la tercera parte del poema que presenté para el tema de Lo Inefable, en Esquince (aquí) , y en mi propio blog (segunda parte). Espero que os guste.


Si observaras lo abatible,
De mi cólera terrible
De mi furia irreprimible,
Mi corazón afligible,
Mi hálito irremisible,
Mi cabellera intangible,
De mi vientre inamovible
De mi humor intransfusible,
Si observaras lo vencible.

Ni mi dolor invisible,
De mi cabeza inteñible,
De mi oreja insumergible,
Mi cutis indefinible,
Mi lamida impredecible,
Mi caninez irrompible,
De mi talento inservible,
De mi lenguaje ilegible,
Ni tu esencia corrosible.

No has reparado en lo horrible,
De mi congoja vertible,
De mi angustia irreversible,
Mi contorno reseguible
Mi sujeto irrebatible
Mi predicado imposible,
De mi tristeza risible,
De mi tez fotosensible,
No has reparado en lo hundible.

Y es que no te has ni enterado,
De que cada clareada,
De que toda despuntada,
Te estrecho el cerco imbatible,
Te transformo en invendible,
Te trago lo putrescible,
De que toda acorazada,
De que cada acordonada,
Te recuerda lo ultimado.

Ni de que eres traducible,
Ni de que eres digestible,
Ni de que eres persuasible,
Ni que eres incombustible,
Ni que eres incombatible,
Ni que eres indestructible,
Ni de que eres componible,
Ni de que eres comprimible,
Ni de que eres esgrimible,
Ni de que me noto hendible.

No me comprendes del todo,
Si no me entrego escindible.

martes, 13 de abril de 2010

Versos de la Mujer Barbuda IV: De cómo la mujer barbuda se une al circo que por allí pasaba (parte iv)

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

La acróbata despechada,
Me empezó a odiar encegada,
Aunque no supiera nada
La menda del incidente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Pues yo estaba encaprichada,
De mi hombretón porfiada,
Y esa malaventurada,
Me parecía insolente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Un día en mi gabinete,
Colocándome un arete,
Aquí y allá un brazalete,
Entró la puta insurgente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Se me agarró del pelacho,
La acompañaba un gabacho,
Me arrancaron el mostacho
Con risa malevolente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Me dejaron humillada,
A la fuerza doblegada,
De hinojos, rodilla hincada,
Los dos, hideputamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Herida, me dio un vahído,
Nadie oyera mi gemido,
Cuando me vio mi garrido,
Me encontraba malviviente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

León juró su venganza,
Prometió rajar la panza,
Llevar a cabo matanza
Del fornido, firmemente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Se batieron en combate,
Y aquel, mi amado gaznate,
Vertiera rojo tomate,
Alcanzado mortalmente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Fui entonces sojuzgada,
A la muerte condenada,
Fui por todos vulnerada,
Fui vejada nuevamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

De noche, entre las hogueras,
Entre dormidas agüeras,
Saltándome las barreras,
Escapé oportunamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

lunes, 12 de abril de 2010

Versos de la Mujer Barbuda IV: De cómo la mujer barbuda se une al circo que por allí pasaba (parte iii)

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Yo me encontraba en la gloria,
Con tamaña ansia amatoria,
Con la tranca inflamatoria
Del domador asistente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y con pocos atavíos,
En medio de desvaríos,
Me declarara amoríos,
Tan exacerbadamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Entre todo el griterío,
Me levantara, cabrío,
Y por la piedra, con brío,
Me pasara diariamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y me llevara en volandas,
Bajo flores de lavandas,
Me prometiera parrandas,
Muy acaloradamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y nos hicimos amantes,
Juntándonos con bacantes,
Siendo estas las causantes,
Del fervor inabstinente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Pero muy pronto la envidia,
Dibujó alguna perfidia,
En alguna moza nidia,
Que acechaba ferozmente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

León no se percataba,
De que Eleuteria la Brava,
Por sus amores penaba
Y a mí me miraba hiriente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Pues esa niña Eleuteria,
Venida de la miseria,
Huyendo de la difteria,
Llegó un día humildemente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Por lo visto el domador,
La acogiera seductor,
Y entre sus brazos, amor,
Juró improvisadamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y al acabarse el pastel,
De la carne de burdel
De esa tunanta tan cruel,
Desertara inapetente.

martes, 6 de abril de 2010

Versos de la Mujer Barbuda IV: De cómo la mujer barbuda se une al circo que por allí pasaba (parte ii)

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Así a la vida ambulante
Me acostumbrara acuciante,
Y todo el día anhelante
Celaba secretamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Pues no os he dicho verdad,
Porque mi animalidad,
Me quitaba dignidad,
Y así no era concurrente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Yo vivía escarmentada,
Con vergüenza y escaldada,
De semejantes aislada,
Para siempre penitente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y así un buen día de abril,
Como siempre, de aguas mil,
Cual tópico refranil,
Me dio por el aguardiente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

No caminaba derecha,
Pues la bruma y la despecha
Me llenaban la “cabecha”
Y me nublaban la mente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Allí estaba yo borracha,
Y con la mirada gacha,
Con una horrendosa facha
Con un posado doliente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Hasta que vino León
El domador de León,
Con su cría de león,
Con actitud confidente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y me arrebató la copa,
Y allí me arrancó la ropa
Me desempolvó la mopa,
Muy bravucónicamente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Ni a suspirar me dio tiempo,
Con arrebatado tempo,
Y me pillara a destiempo,
Su mandíbula batiente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Pues al abrirme los labios,
Olvidara mis agravios,
Con lametones resabios
Me lo comió vehemente.

martes, 30 de marzo de 2010

Versos de la Mujer Barbuda IV: De cómo la mujer barbuda se une al circo que por allí pasaba (parte i)

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Transité cual alcoyana
Por los cerros de avellana,
Llegando hasta el barbacana
De alguna ciudad de oriente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Escuché la melodía,
Al claro romper del día,
De tamaña algarabía,
Junto al atávico puente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y divisé la tramoya,
Como una brillante joya,
Luz tras de una claraboya,
Que me nublara la mente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Payasos y domadores:
Alma de conquistadores,
Cultivando sus amores,
Pues son género atrayente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y me quedé hipnotizada,
Por el color fascinada,
Por todo maravillada
Con pasión adoleciente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y me maravillaría
Mil veces, ¡Ave María!
Pues accedí a la alegría
Aquella tarde de suerte.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Cuando me acerqué hasta ellos,
Subidos en sus camellos,
Me tocaron los cabellos
Con gracia y afablemente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Me subieron a caballo,
Contamos flores de mayo,
A mí me diese un desmayo:
Son los sueños aliciente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Cantaba yo tonadillas
Con voz de mil abubillas,
Y freía empanadillas
Con soltura bienhaciente.

Camina grandilocuente,
Circo de insólita gente.

Y aunque gastara lanillas,
Yo no tenía ladillas,
Y en todas sus alcobillas
Me metía muy ardiente.

viernes, 26 de marzo de 2010

Versos de la Mujer Barbuda III: De cómo la mujer barbuda pasa días libidinosos en un burdel (parte iiii y última de esta parte)

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pero me pasaba pronto,
Tal como un berrinche tonto,
Cuando me daban el monto,
Muchachos a la leonina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Un buen día el intendente
Se presentó de repente,
Dijo que estaba caliente
Que le diese mi aspirina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Le insté a que guardara turno,
¡Le tocaba en el nocturno!
Se me puso taciturno,
Y me tachó de asesina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Qué bruto aquel concejal,
Se portó como animal,
Como un obseso sexual
Me trató cual campesina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y me armó tal altercado
Montó tal desaguisado,
Que su jeto amembrillado
Magullé de una azotina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

¡Cómo berreaba el bestia!
Sin ni pizca de modestia,
Resultaba una molestia
Para toda bailarina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

La madame compareciera
Con su traje de hechicera,
Y se apareció altanera
Para darme regañina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y al verlo tan malherido
Dando aullido tras aullido
Me espetó con un bufido
Que marchase a la cocina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Entonces hubo consejo,
Tras de un extenso bosquejo,
Amén del alguacilejo,
Me encerraron cual ovina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Así que en el putiferio
Me sentía en cautiverio,
Y tras de aquel vituperio,
Marché pronta, presto, asina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Versos de la Mujer Barbuda III: De cómo la mujer barbuda pasa días libidinosos en un burdel (parte iii)

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me amaban así, tal cual,
Con un afecto abismal,
Viniendo a mi bacanal,
Sin voces de celestina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Así era que en el burdel,
Yo me dejaba la piel,
Por pocos besos de miel,
Me llamaban la divina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pues no existía cincel,
Que no esculpiera en dosel,
Ni esparciera besamel,
En mi pelvis danzarina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Collar de perlas blandía,
Dado con asimetría,
Y sin sufrir afonía,
Ni entrarme la escarlatina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pero a veces la tristeza,
Me hacía ver con certeza,
Que sólo con mi altiveza
No me hallaba yo benina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y a veces con extrañeza,
Me embargaba la flaqueza,
Deprimida con presteza,
Volvía a ser chiquitina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me acordaba de mi pena,
De mi casita serena,
De la torre de mi almena
Donde me sentí heroína.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pero entonces memoraba,
Aquella noche tan brava,
En que me abofeteaba,
Mi padre en aquella esquina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Para escapar de la hiel,
Me fugué de mi dintel,
Pues en casa del lebrel,
Ya me tenían inquina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Así contaba mi historia,
Ya sin ansia adulatoria,
A quien, sin escapatoria,
Me pillase una llantina.

lunes, 22 de marzo de 2010

Versos de la Mujer Barbuda III: De cómo la mujer barbuda pasa días libidinosos en un burdel (parte ii)

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Las ropas arzobispales,
Se quitaban muy puntuales,
Con aspavientos joviales,
Sin miedo a la guillotina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y no era cosa de magia,
Ni tampoco antropofagia:
Cortaba su verborragia,
Con mi destreza ladina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Que yo estaba cultivada,
Para nada era apocada,
Leída, culta, letrada,
Me enojaba la pamplina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Por eso grandes poetas,
Se morían por mis tetas,
A todas las alcahuetas,
Perseguían por mi ruina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Sobornaban con monedas,
Para cruzar mis barredas,
Saltando entre las mohedas
A la vieja sibilina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pobres del amor ardiente,
De lujuria penitente,
Los poetas son la gente
Que más veces traga quina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pues son piratas ilusos,
Creen robarte los usos,
Más tú los pillas, obtusos,
Con pericia alejandrina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Si les derribas el verso,
Con un combate perverso,
Te entregarán su universo,
Si tiras la bambalina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Yo, buena interlocutora,
Y tenaz abogadora,
Muy poco censuradora,
Con mi verdad cristalina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y los conquistaba presto,
Los ponía bajo arresto,
Me respondían aquesto:
“Tú sí que no eres cretina”.

jueves, 18 de marzo de 2010

Versos de la Mujer Barbuda III: De cómo la mujer barbuda pasa días libidinosos en un burdel (parte i)

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me convertí en una amante,
Llena del ansia apremiante,
Con abdomen acuciante,
Con abertura ambarina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Pronto mi tez aberrante,
Dejó de ser vergonzante,
Resultando exorbitante
Para toda picha fina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me reconcilié conmigo,
Me autoretiré el castigo,
Me autoexaminé el ombligo,
Para hacerme concubina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Y a todos los hice machos,
Hordas de grandes hombrachos,
Para mí sola, ¡penachos!
Mas con toda disciplina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me volví toda una experta,
En lo de andar entreabierta,
Guardando mi contrapuerta,
Con falsa seña mohína.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Parece que estoy de vuelta,
Y me recuerdo resuelta,
Entre los pollos muy suelta,
Con pechos de gelatina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Me deseaban con mis lanas,
Más que a las caucasianas,
Pues aunque eran más fulanas,
Yo dominaba la esquina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Atendía a generales,
Con caricias bilabiales,
Visitas arciprestales,
Recibía, clandestina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Revistas archiducales,
Con agasajos cordiales,
Daba a mis habituales
Con una potencia equina.

La pátina femenina,
La matriz adamantina.

Escrutinios diaconales,
Sufrían mis genitales,
Delicias epiteliales,
Si aguardaba escabechina.