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sábado, 5 de mayo de 2012

Lost

A veces te cantaba una copla mundana al oído,
O tarareaba por debajo las costuras
Que eras mi vida y mi muerte.


Nunca acabaste de verle la gracia a Rossetta’s Stone,
Parecía como si no creyeras que entender
Mi lengua materna
Mereciera un ápice de tu tiempo,
Aunque me soslayabas
Muchas veces
Con tu acento
Y me decías “gracias” y sabías lo que significaba.
Una vez dijiste que tenía ojos de mapache,
Y no era de haber llorado en tu regazo durante horas,
Era mi lápiz de khol, que a veces,
Se me queda enganchado en los dedos
Y traza las líneas más oscuras por donde hayan de esbozarse los caminos
Que cada uno siga hasta su sien particular.
Parece que los ojos se me hubieran llenado de surcos,
Como tanta cupletista cantando con voz de ajenjo,
Una de las coplas que escuchaba en la niñez.
Entonces me decías que mi voz era hermosa,
Cómo no haberte creído,
En los pantanos de tus palabras, donde la noche más  sombría se vuelve
Y se torna el día más luminoso, y las luces opacas de una carretera lonely
Se convierten en puntos que no doma la distancia.
Cómo no haber seguido de frente tus discursos,
Y haber intentado intercalarlos de españoles soniquetes,
Cuando tus besos me apartaban del mundo
Y aunque no comprendiera todas las letras de tu boca,
Sabía que bebías despacito de mis labios,
Y que escuchabas de veras las canciones de mi vida.
Me lo dijeron mil veces.
Yo sólo pretendía relatarte la forma en que los recodos de mis venas
Se extenuaban de tanto fragor
Cuando me querías,
Y era tan difícil conseguir las palabras
Para hacerte arder en mi locura primigenia,
Que empecé a revolver en demasiados cajones
Para perder por siempre la oportunidad de hablarte.
Y ya supe que siempre te perdería un poco
Y encontraría el dolor para fingir que te tengo,
Y abriría la boca para ahogar tantos gritos,
Y tantas melodías olvidadas en falsete.
Perdí el derecho a conjurarte en las noches,
Y a suplicar que te vuelvas conmigo,
Y a invocarte en las horas de asueto
Cuando el padecimiento me trepa las tripas,
Cuando en el barrizal de mis lapsos de angustia,
Sólo quiero exhortarte y no exorcizarte,
Para hechizar de nuevo tus ojos nacientes,
Porque sólo requiero que tú seas mi muerte.

lunes, 23 de abril de 2012

Mi mandrágora

Yo perdí una mañana a mi mandrágora,
Me la extrajeron de la carne con tenazas.

Era blanca, arrugada y tan acuosa
Que guardaron sus lágrimas amargas
En un frasco anticuado de ambrosía.

Me duraron unas cuantas semanas,
Y con ellas lavaba yo mi herida.

Aprendí que los tubérculos del alma,
A menudo se enraízan y prosperan,
En parásita y alumbrada primavera.

Me sacaron mi mandrágora fetiche,
Hecha de venas, tendones, carne, grasa y mugre,
Cavaron un hoyo profundo,
Tiraron,
Tiraron,
Tiraron,
Y su llanto ensordecedor demolió en masa a la tierra
Que me circundaba.

Mi mandrágora era blanca y tenía los párpados arrugados,
No había visto nunca la luz,
Salió despedida con el dolor de un parto,
Se desgajó de mi piel desprendiendo sólo unas gotas
De pus purpúrea,
Que se quedó para siempre bajo mis membranas.

Tú querías esa mandrágora para ti,
No mientas,
La querías para acompañarte antropomórficamente
En todas las veladas consumidas de tus cantos,
En esa soledad que ambicionabas,
En esas noches que ibas a pasar lejos de mí,
Que ya entonces lo sabías.

Habías ordenado extraer esa mandrágora como un rey despótico,
Disponiendo a tu antojo adónde debía posarse cada hilo de mi carne.
Me llevaste en comitiva traicionera,
A que me extrajeran el fragmento ignominioso
Fruto de una vida entera
De terror a la soledad.

Mi mandrágora está ahora descompuesta, desintegrada , disgregada,
Desbaratada, destruida, corrompida.
Mi mandrágora nunca llegará a la tierra de donde procedía.

lunes, 6 de febrero de 2012

Traumatic Brain Injury

Me dabas un poco de vida y un poco de muerte cada día,
Pero ¿cómo no haber amado tus ojos rasgados y oscuros como charcoal,
Que ríen de día y acuchillan de noche,
Matando y alimentando a las abubillas de tu cerebro?

The silent epidemic viene astutamente,
Like a thief in the night,
Como el Coco para comernos,
El temible Sandman para llenar de arena nuestros ojos colmados de sueño y sueños.
El Hombre del Saco secuestrando nuestras fantasías de vagar en libertad
En callejones.
El Bogeyman arañando los cristales por la noche,
Haciendo chirriar las uñas y congelando la sangre,
Tomando la forma de aquello que más te aterra:
El lóbulo frontal de tu cerebro.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Fragmento de Oracular Bones - Inspiración para Lira agria del Grial

Y tan tallado está mi hueso sacro,
Por ser de plata y de diamante y de resina,
De tantos zarandeos de tu embate,
Mi coxis, hueso dulce, madrecielo de las danzas,
Desjarretao como los demoniacos,
Destartalado y tan innominado,
Como otro hueso móvil de pertrechos,
Porque es una trinchera tan medrosa
(Esta coyuntura mía de hembra amarga),
Y se quedó esculpido de tu empuje,
Porque es una bisagra condenada,
Es solo un gozne eterno y tan maldito,
Escarmentado de todo deleite
Un sedimento turbio de crudezas,
Un arsenal de versos derramados.

martes, 5 de abril de 2011

El eneldo

Y son esas mujeres, retuertas y blancas,
Las que recocinean de muerte el pescado
Y hierven esos ojos de cristal viscoso,
Convierten el eneldo en polvillos de oro.

Y son las que embadurnan de tierna manteca
Todos los lupanares del amor que se muere,
Y son las ungidoras que con sangre en las manos,
Y despellejadoras de los pollos humanos,
Con ese ritual de gallina violácea,
Gritan oscuros cánticos
Del amor que se duerme,
Del perejil que crece
En los senderos, polvo,
Y del eneldo virgen te tejen las venas,
Y así entre los humores de gallos pedestres,
No saben si arrancarte el pescuezo a mordiscos,
O si untarte el gaznate con hollín y con cieno.

De todo lo que brota de la tierra almagrada,
Se ha vuelto el eneldo,
Sin sal,
Especia viciada y nauseabunda,
Que esta o aquella mujer gemebunda
Ha acaparado en toda su cocina.

Y es el eneldo inasible,
Es tanta muerte y tanto veneno
Que las mujeres dulces,
(De úteros turgentes)
No han sabido llenar su barriga de aceite,
No han sabido coger de sus tallos más verdes
Todo lo que el eneldo aún demora en su savia,
O la toxicidad de ponzoña sombría,
Narcótico furor de esta hierba detestable,
Abominable el hedor que se extendiere allende,
Y antipático el sabor que hace a la mujer tan bruja,
Bordando entre los claveles
Mil sábanas de burdeles,
Recuperando bebedizos
Para matar a las flores,
Por robar virginidades se haya inventado, el eneldo,
Y por hechicera, arpía, sáquese el ojo del sapo,
Y alíñese con eneldo.

Son esas mujeres negras,
Las que en sucios rituales
De gallinas y de sangre,
Eneldan las madrugadas y abandonan el maíz y lo vuelven todo en humus,
Porque el humus que fermenta,
Es el amor que, doliente,
Se acumula en sus gargantas,
Se materializa en cuerpos,
Se pudre bajo la tierra,
Y organiza los caminos,
Para lombrices eternas,
Para tenias milenarias,
Que devoran tantos menstruos
Que no hay bajo latifundios
Ni una gota del maíz que inunda todas las calles,
Cuando el hombre es luminoso,
Cuando el guisante amarillo da esperanza de ternura,
Y brota de las mazorcas todo lo que estaba muerto,
Todo el ungüento de madres,
Que velan a la verita
De alguna hostil fiebre brava,
Porque sus hijas calientes
Piden humus, linimento, bálsamo de sus terrores,
Y es el humus, no el eneldo, lo que las trae de cabeza,
Lo que supura en vigilia
En su entretela de perra.

jueves, 24 de febrero de 2011

El maíz

Con el kernel dorado y el maíz de los hombres
Voy a hacer la polenta que te ha de alimentar,
Voy a abrir las mazorcas,
(En comitiva de cobre, y simples)
Despiadada, los granos en mi matriz salvaje
(voy a hundir).

El maíz de los hombres ya no huele a placenta,
Y es, de noche, acicate para lobos y hienas,
Y de todo alimento en mi vientre marchito
Es maíz el que satura de acólitos el mundo,
El que llena las bocas de los pájaros sin madre
Y de los llantos tristes de las aves erradas.

Con maíz amarillo yo te he de alimentar,
Y has de catar azúcar refulgente y bruñido,
Y no has de transformar lo que comes en humus,
Pues sube de la tierra y en ella te humillas.

Y yo te enseñaré a buscarte los panes
Y a despanochar las matas de cabellos
Verdes,
Grana,
Donde se han, tus pestañas, tornado en rojas piñas
Porque eres de maíz, hombre de aliento jade,
Hombre color pajizo
De dolor quebradizo.

¿Que qué quiero hacer con el maíz?
Quiero llenar los puentes y llenar las aceras
Con un maíz que explote y que reverbere,
Las calles, callejones, los vastos adoquines
En lluvia de maíz que reviente en los rostros,
Y mate mariposas de muerte ambarina,
Y alcance,
Como misiles,
La ropa en los patios,
Y la llene de úlceras de almidón refulgente,
Porque son las vecinas, recogiendo en esos patios
Esas extensas sábanas tan blancas de armisticio,
Las que dan al maíz dimensión de mujeres
Y las que obran milagros con el repugnante eneldo.

Y si tiene el maíz el dolor femenino,
Bastará con hilarle las barbas de cerdas
En dos hermosas trenzas balanceando de pena,
Y así del corazón, del kernel mencionado
Ya sólo habrá que hacer algún guiso sagrado,
Porque saben las hembras amanecer con hielo
Recuperar las sobras de maíz (amor) desmigajado,
Y componer de nuevo la seda de las rutas,
Donde se han de bordar con los hilos enteros,
Azafrán, cañamazos y regueros de sangre.

martes, 1 de febrero de 2011

Sí amo, pero humo II

...And who but my Lady Greensleeves…
Enrique VIII

Llenarte de tristeza poscoital
Es una de mis máximas pericias,
No soy un hábil prócer en secretos,
No los conozco todos,
Ni lo anhelo.

Pero sé que fracaso en auscultarte el pecho,
Y en diagnosticar qué suerte de dolor blando y laxo
Te brota del tejido más interno.
Sé que soy como una oruga que te pica
Soy un sucio gusarapo de molestias,
Y te como muy despacio por adentro
Y de adentro no me salgo aunque me expelas.

He podido comprobar de qué estás hecha,
Y no he querido más que castigarte
Porque te quiero de una forma extraña,
Y no sé si te quiero aunque me duelas.

Y ya que por fin viste mis ojos vidriados,
Ya que viste el desnudo de mis dientes,
Voy a ver si te puedo convencer
De que soy un profeta deprimente.

Pero sé que he fracasado en adorarte
Y en buscarte las cosquillas en la frente,
Y en contarte los lunares como estrellas
Y en barrer de sosa cáustica tus labios.
Sé que soy un fracaso en ponerte de hinojos,
Y en abrirte los ojos para que te des cuenta
De que yo me doy cuenta,
Y de que soy un fracaso.

Lo de morirte sola
Es una opción que a ti te aterroriza,
Yo creo más en los milaños de tus cuentos,
Que deberías tú creer que te amilanas,
Y que es sacar afuera la cabeza
Lo que te salvará de mis heridas.

Llenarte de tristeza poscoital
Es un inconveniente, demasiado,
Y siento que es un mórbido banquete
Comer lo que te sobra cuando lloras,
Sorber lo que ha quedado cuando imploras
Que ya no te haga daño ni te asuste.

Y eres como una niña, tan perdida,
Te quiero y no te quiero,
Y al robarte
El aliento cuando sufres tan de veras,
Me odio y quiero huir de madrugada,
Saltar por los caminos y perderme,
Saber que he de morir la noche entera
Por devolverme a ti a lágrima viva,
Por descubrir que soy un ser canalla,
Por pretender que puedo redimirme,
Por abrirte en canal esa quijada.

Porque estoy aprendiendo a perder las esquirlas
De esta ternura rara
Con que salpicas mis ojos,
Con la que tú me atacas, velada, tus ojos,
Con la que me despojas de todo, mis ojos,
Con la que me disparas cubierta, tus ojos.
Con esa devoción que es tan muda, de cieno,
En donde nos hundimos, desnudos, de lodo,
Y con esa piedad de las santas de piedra,
Con la que en la bandeja los llevan, sus ojos,
Y muestran los apéndices de sus pechos rojos,
Y aguantan sus espaldas y costillas asadas,
Y duermen la vigilia de su muerte violenta
Orando con sus ojos,
Callando con sus ojos,
Y dejando sus ojos
Macerarse en vinagre,
Y esperando la hora de las fieras cornadas,
Y de supuración en aceites hirviendo,
Y de las bestias pardas y los bravos zarpazos,
Y de agujas punzantes
Y de vientres sangrantes.

Porque te has convertido en la Virgen con ojos,
Y me miras, me escrutas y escudriñas mis ojos,
Y me inquieres, me indagas y no cierras los ojos.

Ya no te quiero más, y nunca te he querido.
Sólo que me atraviesas con tus ojos de fango.

He podido comprobar de qué estás hecha
Y no he querido más que castigarte,
Porque te quiero de una forma rara,
Y no sé si te quiero aunque me duelas.

domingo, 30 de enero de 2011

El hambre de la patata

En mi piel crecen verrugas purulentas
Y pústulas de un negro efervescente,
Y crecen hongos blancos pestilentes
Y estoy cubierta toda de bacteria.

El líquen de mi piel se deteriora,
El alga de mi axila se cuartea,
Húmeda en oquedades,
(Champiñones)
Y bullen en mis ingles los miasmas
De aquel virus fatídico que un día
Se me metió en la carne, tan corrupto.

He podido estar podrida y desgajada
He podido fermentar de madrugada
Y no te hubieses dado cuenta, inmundo,
Que mis membranas nauseabundas se consumen
En aglomeración de codos y rodillas,
Que se coagula el ronco de mi pecho
En un ir y venir de recovecos,
Pastosos de mollejas y de ensalmos,
Porque estoy hechizada de bacilos.

El hambre, la hambruna de la patata,
Patata de tumores y de bultos.
Aquí ha habido que escapar por nuestra cuenta,
Huyendo del deforme contubernio.

El hambre, la hambruna de la patata
Me cogió desprevenida y son
Metamorfosis que dormían en mi organismo
Las que se desarrollan y permutan,
Las que mutan pantorrillas en entrañas,
Las que transmutan dedos en salchichas,
Las que mis hombros truecan en carcasas,
Las que hacen de mi lengua una chuleta.

El hambre de la patata,
Que convirtió mis labios en rizoma,
Que transformó mi cuerpo en una res,
Distribuyó en mis miembros los humores,
Las llagas, las viruelas y las costras,
La fúngica llamada de la tierra,
La desintegración de las ternillas,
Y soy una epidermis tan colgante,
Y soy un gran muñón desfigurado,
Infecto de dolencia y hecho un herpes.

El hambre de la patata,
Desmedido,
Nos obligó a roer en los rincones
Todo lo que ha quedado para el pasto
De verdilentos y espesos gusanos.

El hambre de la patata,
Me ha llenado de lupus los pulmones,
Tuberculosa en tanto que amarilla,
Me ha dejado un esputo en la barriga,
Es real, y se ha vuelto leonada
La poca dermis que quedaba en mis resquicios.

lunes, 24 de enero de 2011

El Humus VI

He creído encontrar el humus negro
Y caliente
Con el que se reviste tu esqueleto,
Porque es de tan adentro que te emana.

Es un cigarro que me sabe a perro muerto,
Mojado,
Es un odre que quema
Ignífugo,
Tu humus que escalda a los gatos por dentro,
Con agua fría.

He creído encontrar el humus negro
Que te brota desde adentro, escarlatino,
Que me ahúma por de dentro, bermejoso,
Ese humus de tu lumbre en escabeche,
Ese humus,
Tan recio y extremado, tan de empaque,
Que se siente y se nota en el estaño de tus ojos.

No puedes esconder el humus marchito,
Marchito de buscar un montón meritorio
Donde extender estiércol y bregar por el grano,
Donde una redención de cosecha infinita
Ha de surcar la tierra en tu yunta perenne
Y ha de hallar los maíces de tu hacienda selecta,
Y ha de reproducir sempiternas panochas
Para este maizal que me buscas inside.

Que para qué te quiero
Tan lleno de humus pestilente.
Pues no lo sé, que me aspen si lo sé.

Mortificada, insalubre
Yo me encuentro aquí en mi lecho,
Y ni todo el melodrama de novela,
Ni el decimononismo de mi alma
Puede curarme de este Humus
Con que me infectaste, infecto.

lunes, 17 de enero de 2011

Sí amo, pero humo I

Si nadie me ha enseñado a ensartarte los ojos,
esos ojos redondos de niña sorprendida,
con la gélida aguja de husos de ruecas viejas,
a lavarte la cara esculpida en cartón piedra,
tan sembrada de luces y de polvo y de cisco,
o a retener tus manos que me buscan sin tino,
o a contar con los dedos tus vestidos de escamas,
o a escucharte de nuevo por comprender tu lengua,
o a correrme soñando que te tengo enlazada,
o a notar tus rodillas de agua cristalizada
cuando dan contra el suelo y el techo del infierno,
cuando esgrimes de noche tu tripa desgajá,
y violentas la calma de mi ensimismamiento,
de mi ombliguismo opiáceo
que te trae de cabeza,
porque no te das cuenta de que yo me doy cuenta
y que estoy aprendiendo a curar tus locuras,
y a cómo acariciarte los muñones de hiedra
por los que alguna savia o veneno de oruga
ha extendido entre el hierro de tu sangre lechosa
una ristra de arena que entorpece tu herida
un reguero de sal que te escuece en la llaga,
una red de burbujas que anega tus venas
un sopor de dolor en que sumes tus codos,
un sartal de sardinas muriendo en la playa. Yo no tengo la culpa. Niña.

Y son esos muñones los que llevan por dentro
todo lo que no dejas florecer como muelas,
deja romper la carne,
y resquebrajarse,
deja que reconozca la polenta en tu bazo,
deja que se macere el maíz en tu vientre
o el grano de este embrujo que te tengo extendido
como una enredadera de azúcar diverso,
porque soy lo que soy: un demonio perverso.

martes, 11 de enero de 2011

No amas II

He explorado los rincones del lenguaje
En busca de las formas y engranaje
Por maldecir tus huesos, tu calaña,
Por artimaña vieja, olvidadiza.

Tú has husmeado en las aldabas de mi alcoba,
Tú has invadido las murallas y las puertas,
Te has decantado por sitiarme hasta en mi casa,
Me has asestado a palo seco de alimaña
Con los puñales de alguna reyerta,
Con la columna vertebral de algún rey muerto,
Muerto que había desertado para siempre,
Y que juró que nunca volvería
(Unas cuantas machetadas).

De todas estas cosas que me has hecho
Ni un solo verso te ha bastado para honrarme,
Ni un mandamiento me has cumplido
Sin ahogarte,
Y en este muladar te has aterido inquebrantable.

Indisoluble me has rajado las entrañas,
He sido víctima
En mi propio matadero,
Mafioso pandillero y delincuente,
Putero sabandíjico de tierra,
Tripero encadenado a los despojos
Inmundo de impudicia y de cinismo.

¿Por qué de la carroña de mis labios
Extraes la mordedura como esbirro?
¿Porque eres un secuaz de satanases?
¿Porque eres un adepto del demonio?
¿Porque eres un adicto a las mortajas?

¿Por qué la necrofilia automatizas?
¿Es que estoy muerta?
¿Me lobotomizas?
Como inmolarse es divertido en estos días,
¿Será que tejerás tú mis sudarios?

sábado, 8 de enero de 2011

No amas

Sentirse miserable y desmedida
No es una torcedura del destino.
Cantarme las canciones de una vida
Es poco en el sigilo de tus dedos,
Es como un hábil truco de tus sesos
Es un inblando y fútil desvarío,
Es como claustrofobia almidonada
Es una tontería almibarada.

Lo que está haciendo este desuello en mis costales
Es cargar con tu anfibia sombra oscura,
Es una sucesión de humos de tierra,
Un amasijo de riñones
En los que nunca me perfilo hermosa.

No me perfilo más que como un monstruo,
Acecho en los rincones de la imagen
Etérea que tienes de damiselas,
Me veo con tus ojos,
Me pregunto
Qué clase es de pupila, iris velado,
Que me mira en la tormenta indiferente,
Que me ve como a un saco de patatas.

Un costalero redundante y flojo,
Hombre de paja,
Con demasiado juicio.
(Brains like yours).
Un salmo triste a paso agigantado.

Y todo he confiado a tu mirada,
Y he desnudado partes sin elipsis,
Y he cruzado los caminos de mi almohada,
Y he pensado en ti tan mema y aguerrida.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Morgue

Ni uno solo de mis huesos
Puede jactarse de tuétano,
Habiendo rebañado tú cada hueco,
Habiendo vaciado cada agujero,
Habiendo relamido los rincones de mis sesos,
Que eres de niebla y eres de hielo a veces,
Y el humo que se levanta entre tú y yo
Me emborrona toda posibilidad de esqueleto,
Toda oportunidad de recortarme en tu horizonte.

Y yo que sólo quiero abrirte la quijada,
Por ver si me quedase deshuesada,
Por ver si eternizaba tu mirada,
Con un poco de hueso desgajado,
Con un poco de amianto acartonado
Tu maxilar tan descuajeringado.
Matarte he,
Porque me fundes,
Me fundes,
Me confundes.

lunes, 13 de diciembre de 2010

El Humus IV

La fascinación que en mí producen
El maíz de tus pestañas y tu vello,
Sigue sin ser acicate
Del recuerdo que te guardo en demasía.

El maíz de tus cabellos
Es amelga que amalgama
Todo lo que haría por tu vientre,
Todo lo que ha sido construido
Sobre la laxa ruta del olvido,
Las hiladas palabras de tu boca.

Y es el mismo maíz,
El que engrana las cuencas de mis ojos,
Dinamita mi piel a finas tiras,
Detona en oquedades gravitadas,
Y explota en las aristas de mis muslos,
Alcornocado en tanto que crujiente.

Y es el mismo maíz el que se pudre,
El que cubre tu pecho y tus cabellos,
Y profético anuncia maizales,
El que cubre tus manos y tus codos,
Y reviste el hueco de tus rodillas,
Y funesto oracula las verdades
De la memoria corta que te oprime,
De la poca presencia de mi mijo,
Que es como porridge lenta,
Panacea
De todas las hambres del mundo,
De las altas tierras verdes,
De la espiga del sur seco,
De ensambladuras recientes,
De tus armas, de tus dientes.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Un secreto

Por las noches, esta noche,
No te ha examinado nadie,
No te han visto el amasijo,
Ni perseguido el dolor
De tu mortecina espina,
De tu médula de astilla,
No se saben tu escondrijo,
Para el cárdeno guisante
De mi cama sin fisuras,
De tu innombrable saeta.

Ni conocen aspirina,
Ni droga que te conforte,
Que te devuelva el color,
Que te provoque esa apnea
Que buscas al respirar.

Y el corazón te chorrea
Como caldosa peonza,
Sangre que no ha de caber,
En esta apretada esponja.

Por más que te encuentre ajado,
Por más que tú te me escapes,
Yo te lo voy a decir.

Cáigate como aguacero,
Como mil lluvias nefandas,
Por las noches, esta noche,
Sin que tú te lo imagines,
Soy dueña de tus meadas,
Antes de que las termines.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El Humus III

De mi entretela de perra,
De tu humus subterráneo,
De mi forro de lejía,
De tu estiércol soterrado,
De mi firme escurridero,
De tu hienda subyacente,
De mi envoltura de dama,
De tu deyección profunda,
No voy a hablarte esta noche.

No te voy a hablar de olores,
Sólo te diré despacio,
Succionando las palabras
Y soplando las señales,
Aspirando mis verdades,
Sorbiendo las realidades,
Absorbiendo las dicciones,
Lamiendo las expresiones
Calando declamaciones,
Humedeciendo de ensalmos,
Que mi faringe felina,
No está hecha de hojalata.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Viaje al centro de mi hígado II

Nadie te está revolviendo,
Esas tripas de chorlito,
Ni te está hurgando la nuez
Con la crudeza que yo
Te agito el acorazado,
Te zarandeo las masas
De tu cuerpo de hojalata,
Que no tienes corazón.

Y te sacudo a conciencia,
De toda esa veta henchida,
Y te reinvento de nuevo,
Don Juan de mis almas rotas.

Nadie te sabe despojar como yo,
De todo lo que ha sido en vano,
De todas las justas blandidas,
De las batallas perdidas,
Las ofensivas falladas,
Las luchas a contrapelo,
Reyertas de cafres muertos,
Las trifulcas mañaneras,
Las pendencias soñarreras,
Que en tu sueño los agarras,
Por el cuello a los piratas,
Y te quedas con las dudas
De ganar tantos honores,
De chorrocientos galones.

En la noche, calaveras,
Que se mofan de tu estofa,
Que te ven como un milhombres,
En la sombra amanecida,
A los que la oscuridad
Les ciega el ojo y la vida,
Porque pierden tanta sangre
En fragores de alucine,
Que no saben dónde están,
Y no saben si llegar,
Ni si comenzar a andar
Por el sendero que vine.

Lo de fustigarme, te cuento,
No es un modo imaginario,
De caer del campanario,
Sino un refugio, una idea
Del amor, equivocada.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Viaje al centro de mi hígado I

Lo de fustigarme, te comento,
No es un sistema cualquiera
De eludir la primavera,
Sino un refugio, una idea
Del amor, equivocada.

De todas esas veces que te cuento
Cositas a la sombra de la higuera,
Una mitad las baña la leche,
Y la otra mitad la comezón.
Tus brazos son de polvo y urticaria
Siempre que nos arrechuchamos,
Y cuando sorteamos los caminos
En busca de ese grial de calostro,
Bendito, sagrado y santificado,
Que nos llene, a mí la madre,
A ti otra cosa,
De la vida que hemos de vivir,
De auspicio, se supone,
Y de cómo sabes
Que me flagelo y que me muero por tu pelo,
Que me dejas por los suelos,
Nos perdemos, cervantinos.

Esta mañana ha sido tu rostro,
Lo primero que he visto en mi cama,
Desde una tierra prometida, extraña.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Mad Woman

Las perneras de tus pantalones,
Los faldones de tu camisa
Y el nudo de tu corbata
No son arrecifes de los que me quiera colgar.

Que me he propuesto dejarte,
Albedrío de los hombres,
Para no llenarte el sueño de soniquetes
De baba y lágrimas,
Ni de besos estrangulados.

Hombre trastornado,
Meapilas perturbado,
Paradójico donnadie,
Excéntrico petimetre,
Me voy para no volver,
Me llevo la pitillera,
La petaca y la boquilla.
Y ya no me esperes más.

Si me acusan: ¡verbenera!
No vengas a suplicar
Que te acoja entre mis brazos,
Porque ya no ocurrirá.

Las perneras de tus pantalones,
Los faldones de tu camisa
Y el nudo de tu corbata
No son arrecifes de los que me quiera colgar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Ride the white horse

Si has buscado aquel estado lejano en gúguel,
Si has deshojado margaritas,
Si has contemplado alguna vez mis ojos
Entrevistos a la luz de claraboyas,
Cuando los convierto en orientales,
En medio de una bruma londinense
De demasiada hierba.

Si has querido alguna vez respirarme al raso
Abrir mis poros,
Y sacarme lo que tengo dentro,
Si has anhelado mancillar mi cama
Con todo el irrespeto que eso suponga.

Si has deseado tirarme de un padrastro
Y despellejarme viva,
Dejarme desnuda,
Desollarme pulcramente.
Si has buscado terminaciones nerviosas
En la palma de mi mano a ciegas,
Para reseguir todos los recintos de mi cuerpo
A una.

A caballo me has llegado.