lunes, 23 de marzo de 2009

Barriobajeras y otras clases de la Barcelona de hoy


Os voy a narrar mis encuentros y desencuentros en un sitio pijo de Barna. No estoy acostumbrada, oye. Llamadme barriobajera, pero yo me definiría más como una chica maja, sencilla y llevadera, amante de la rima consonante.

Estoy con unas amigas en la fiesta de cumpleaños de una y acabamos en la sala de baile del sitio en cuestión. Bailamos como las locas, parece que no nos hayan sacado de casa en un mes. Pero qué le vamos a hacer, si somos provincianas ya hechas a la lifestyle barcelonesa. Me pongo a sudar como las berracas y de inmediato pongo en práctica mi truco namber guan de belleza improvisada en discotecas y locales de alterne varios. Me dirijo al baño con Martita y, ni corta ni perezosa agarro el pitorro (continuad leyendo antes de pensar mal, por favor) del secador de manos, lo giro hacia arriba de forma que queda enchufado hacia mi flequillo y aprieto con fuerza el botón de encendido. Mi sudorcillo se empieza a secar y, de nuevo, mi pelo está estupendo, por unos minutos al menos. Os cuento, el baño de este lugar es, como le dije a Martita cuando fuimos a mear, un baño para follar. Está pintado de negro, super oscuro y con focos morados y azules. Vamos a ver, en este baño no se puede mear ni realizar cualquier otro tipo de actividad higiénica con practicidad ni facilidad alguna. Se nota que estamos en la parte alta de Barna, me digo. Un baño con mucho estilo pero que es un coñazo, vamos. Pero eso forma parte de la primera visita al lavabo. En mi segunda visita, la estrictamente dedicada al cuidado de mi peinado y la que os estaba relatando, yo me hallaba inmersa en un éxtasis de aire cálido, envuelta en el suave sonido ensordecedor del potente secador de manos, con los ojos cerrados contra el viento, al más puro estilo Paulina Rubio en sus sesiones de fotos, cuando se abre la puerta y, en tropel desordenado y ruidoso entran una marabunta de hormigueantes pijas. Oigo, porque tengo los ojos cerrados, os recuerdo.

Se acaba el rato del secador. Por el espejo veo cómo una de las pijas (pelo largo, escaladito, liso, moreno, cara de palo, alta, flaca, vamos como todas) me mira escandalizada, como si pensara que yo, por meter mi cabeza (de peinado menos convencional que el de ellas seguro, aunque se haya calificado a mi melena de nada menos que “burguesa”) bajo el ruido atronador del secador de un váter público (nótese el bajón de categoría que ha sufrido el recinto de repente), con el lápiz de khol corrido, el outfit de semigótica decimonónica que llevo y mi cara de verdulera del tres al cuarto, fuera (‘neng’) menos persona que ella. Estas pijas. Giro el cuello, la puerta me queda ahora a la derecha a punto para salir escopeteada de allí, y ladeo la cabeza ligeramente hacia la pija que se ha sobresaltado al verme toda puesta en el tuneo de mi look, esa pija que ha puesto cara de ohmygodwarningwarningoseamiradlato-dasloquehaceestatipa. Es una petarda y lo sé. Y ella, en el fondo, también sabe que es una petardaca. La miro, pues, con cierto desprecio y aire de superioridad infundado, fundamentalmente, por la entera certeza de que yo, si bien no tendré más clase ni más glamour, sí que soy más apañada que ella de aquí a Lima. No me hace falta agarrarme de los pelos con ella, ni siquiera me hace falta preguntarle si desea darse de piños conmigo afuera (mmm, me parece que para volver a entrar hay lista VIP y, seriously, I don’t think I could make it again, que he entrado by the face), como tampoco pienso abrir la boca ni mirarla echando atrás la cabeza. Con esa mirada de minisoslayo ella ya sabe lo que hay. Me voy del baño, no lo aguanto más. That bunch of posh bitches is really pissing me off, coño. Es que lo que tiene subir a las altas esferas es que se te pega el gilipolleo internashonal este. Otra de las cosas es que te das cuenta de que la mierda es mierda en todos lados y de que los meódromos apestan a meados igual, sean las pijas quienes cambien el agua a las olivas o shake their lettuces como si es la virgen santa. Me fui del lavabo y Martita vino al cabo de media hora diciendo, toda borrachuna, que se había desgañitado gritando mi nombre en los lavabos, pensando que aún estaba yo dentro de alguna de esas cabinas mortuorias de iluminación folladora, y que, claro, las pijas la habían mirado mal. Le expliqué lo acecido y se murió de la risa.

¡Ja! Barrioaltaneras a mí.

lunes, 9 de marzo de 2009

Crónicas Bampíricas en Varcelona

Me obsesiono con una serie, ya sabéis, como me obsesiono a menudo con cosas. Lo he decidido ya: voy a adquirir un póster de True Blood. Ya oigo las voces que se levantan desde el tapiz internáutico bloguero de mis lectores-amigos, ¿¿otra vez un fucking post sobre True Blood?? Pues sí, sí, It’s my blog and I’ll write what I want to

Pues me dirijo a la tienda de cómics más famosa de la ciudad condal, sorteando todo tipo de personajes rambleros a los que me desacostumbré con el desuso y el olvido de mi antiguo hogar, probablemente convertido del todo en nido de habitantes cucarachiles, entre otros. No me interesa saberlo. El caso es que me acompaña mi amiga Cinta, nos metemos en la tienda de pósters, atestada hasta los topes. Miro en derredor, miro hacia mis flancos, oteo el horizonte, bajo la visera y me dirijo al mostrador. Hay un tío grande, mayorcete, con gafas, de espaldas anchas, pelo canoso y manos destroyer. Se hace el interesante. Debe pensar que es uno de esos maduritos de voz grave y pose altanera que interesan a jovencitas (ejem) incautas (ejem) como yo. Pero, al preguntarle yo por el susodicho póster responde, con cara de haber mordido un limón:

- ¿¿¿¿¿¿True Blood?????? ‘¡No!
- Vale.

Reculo y me meto entre las pancartitas de pósters. Paso tres de ellas, en la sección de bebidas (uno de Coca-Cola, otro con un montón de licores en estanterías y otro que no recuerdo) y allí está el póster. Rojo como la sangre, con letras blancas y la botellita de marras en la esquina derecha del póster. Sonrío, triunfal.

- Aquí está – el deje de mi voz revela felicidad.
- ¿Lo has encontrado? – Cinta curioseaba por la tienda, pero ahora ha visto MI PÓSTER.

Me aposto en el mostrador mientras observo cómo una chica se dirige al antipaticoide dependiente, que está enrollando sus dos pósters, preguntándole:

- ¿Me lo puede envolver para regalo?
- ¡¡No!!
- … - balbuceo entrecortado inaudible…
- No… - intenta arreglarlo- no envolvemos para regalo… no, no envolvemos. Es el sistema – coge de la mesa el plástico cilíndrico, señala a su izquierda, colgados en la pared hay varios tubos anchos de cartón duro – si quieres, lo tendrás que comprar tú.

Mientras tanto pienso: “ahora se va a joder porque le pienso decir que es un puto gilipollas y que no tiene ni puta idea de lo que tiene en su tienda, es más, ni de lo que coño hay por el mundo, porque mira que no saber que tiene un póster de True Blood en su puta tiendecita de los cojones… pues ahora se lo voy a decir, en plan pedante, para que se joda el muy… petulante. Ale”. “Capullo”, añado. Entonces, Míster Simpatía termina (literalmente) con la chica. Se gira hacia mí y le digo:

- El 2118.

Vuelve con el póster estirado, contemplándolo, curioso, una mano en cada extremo del cartel, como si fuera el pregón de su pueblo. Me mira, se sonríe. Vuelve a mirar el póster. Me quedo quieta frente al mostrador. Rebusco en mi bolso. No me salvo. Mierda, ¿qué coño está diciendo?:

- Vaya, otro póster de vampiros… - Mierda, coño, joder, SABE lo de la serie, entonces, ¿ por qué cojones no se ha molestado en mirarlo?- sí que eres tú vampírica… - S. P. M*… la tienda está a petar de gente, maldita sea, goddammit, no sigas, cierra el pico, cállate la boca…- ¿No serás tú una vampira?

¿No serás tú un gilipollas de marca mayor? Me siento freaky y violenta a partes iguales. olvido decirle todo lo que había pensado.

- Je. No, es que ESE ERA EL QUE BUSCABA ¬_¬'
- Ah… ¿era ese?...

Espantoso ridículo en público. La mitad de la tienda piensa que soy una freak amante de Buffy Cazavampiros (puagghh). La otra mitad piensa que el dependiente es subnormal profundo. Ese pensamiento me consuela, y salimos de la tienda comentando lo falto que está el tío de un par de buenos soplamocos (“¡Zas! ¡En to’a la boca!”- pienso).





Suckeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrr

*Su Puta Madre

martes, 3 de marzo de 2009

Dogville, o como dicen algunos: Viladecans


Sin ánimo de comenzar un blog de reseñas cinematográficas, que para eso ya lo hace, y muy bien, mon ami Le Petit Prince, os hago partícipes de mi primer tropiezo con Lars Von Trier, que ha sido con esta película que me ha dejado pensativa durante varios días. Del impacto inicial de ver ese escenario desnudo, esa charranca pintada con tizas en la que todo el mundo presencia la mierda de todo el mundo, y asimismo, sus pequeños momentos de gloria, si los hubiera, a la sensación final de entre satisfacción, vendetta y vacío existencial (paliable), nihilista. De la blancura sin rotura, nuclear, de una Nicole Kidman dramática, enrojecida y venosa, a la negrura de ese abismo al que nos aboca, o nos obliga a asomarnos el tal alemán o sueco, que es la crueldad humana.


Aunque me digan que no debo abusar de este tipo de posts, y que debo limitarme a la comicidad de mi estilo exagerado, desenfadado y pseudomisantrópico, yo me empeño y me empeño en escibir algún que otro apunte sobre la parte trágica de mi mundo interior que, señores, existe.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Lo peorcito de cada casa II (y último que se sepa y por el momento)


Porque lo prometido es deuda, y porque esta mañana he tenido otra experiencia desgraciada más en el metro de mi amada Barcelona, os dedico este post. Ante todo, no os alarméis, simplemente he llegado cinco minutos tarde al trabajo por culpa de las aglomeraciones de la gente, que parece que salen de su casa cual cucarachillas buscando la salida. Señores, que nosotros no superaríamos un desastre natural. Ellas sí.

El tonto de turno que os comentaba, es pequeñajo y tiene una cara cuadrada de bobo impresionante e impresionable. Tiene la boca un poco torcida hacia abajo, los ojos de huevo cocido, o de pescado recién enfilado en un anzuelo. Jódete. Es bajo, muy bajo, retaco. Se agarra a la barra central como si le fuera la vida en ello, se aferra al metal cilíndrico cubierto de huellas dactilares que no identificarían a nadie y sí a todos, una huella dactilar en masa, una gigantesca pangea de babas, mocos, escamas, efluvios de perfume, restos de jabones varios y de pigmentos y condimentos de aperitivos diversos y chucherías inimaginables que pasan por las manos de la gente. Por no hablar de otras cosas que pasan por las manos de la gente (creo que ya os ha dado el suficiente asco como para sugestionaros tanto que al final de este post odiéis al enano coñón tanto como yo). Lleva unos cascos de esos inmensos, con los que la gente va por la calle como diciendo, eh, que yo escucho solo buena música, nada de reguetones ni julandradas, yo soy un entendido en música, un melómano como dios manda. Pues él lo lleva, porque controla mogollón de música, escuchando sólo a los grandes, mientras mira a la gente con cara de aguilucho, y abomba los brazos alrededor de su tronco, dentro de la chupa tejana que se cae de mierda, que lleva. Lo hace para conseguir más espacio, porque él es más importante que nadie, él es él, y cuando llega su parada se pone nervioso y escudriña a todo el que se cruza con su mirada, abre las aletas de la nariz compulsivamente, como un toro que hubiera de arrancar para salir de la barrera y si se han abierto las puertas y tienes la mala suerte de encontrarte junto a él y no haces ademán de moverte, y si encima eres calvo y alto, como le pasó a ese chico el otro día, el tío empieza a gritarte que te quites, que te quiteeeeeeeeeeeeees, coño. Y si le miras, perplejo, como diciendo de dónde cojones ha salido este enano cabrón, hijo de una hiena, puede saltar a tu yugular (porque para eso sí que tiene tiempo antes de salir a trompicones del vagón) y gritarte, amenazante, fuera de sí:

- ¡Gilipollas! Que eres un gilipollas.


Y hay que joderse.

jueves, 22 de enero de 2009

Lo peorcito de cada casa I


Si alguien dijo alguna vez que el metro es para ratas, a pesar de la connotación elitista y borjamariense que esta afirmación pueda tener, hoy no puedo por menos que darle la razón. Porque el metro saca lo peor de nosotros mismos, o porque al metro sólo se sube gente de lo peor. No sé muy bien.

Todas las mañanas me embuto, cual sardinilla enlatada, o cual relleno de morcilla de cebolla en pellejo bien curtido, en los vagones del metro de Barcelona. Parada de origen: Sagrada Familia. Parada de destino: Diagonal, esa estación que está eternamente en obras, y de la que una voz femenina antipática, monocorde, monótona, monolítica, impenetrable, estúpida, tarúpida y recalcitrantemente pedante, de perdonavidas, repite sin cansarse ni un solo día que la puta estación está en obras y que nos vamos a joder vivos porque si queremos hacer trasbordo vamos a tener que recorrer media Barcelona, amén de salir a la calle, esquivar a los repartidores de periódicos gratuitos, caminar por entre el polvoriento vallado sobre una serie de flechas amarillas, que Dorothy para volver a Kansas no tuvo más problemas ni de coña. Además esa voz lo dice todo en catalán "xava, da Barsalona, nen". La odio, por Dios. Esa tía el día que grabó el mensaje no había descubierto los yogures del Coronado, fijo.

Pero eso no es todo, ya que entre la estación de origen y la de llegada, en un trayecto de sólo dos paradas, y calculo que tres o cuatro minutos, pasan cosas que merman la moral y el amor por el género humano de cualquiera. Para comenzar, todas las mañanas, sin faltar ni una, alguien que se encuentra a ti pegado como aquel quevedesco hombre a su nariz, alguien que te mete por las narices su apestoso perfume o que a menudo está a punto de sacarte un ojo con la página 34 de su ejemplar de "La sombra del viento", o que te está dejando sordo con su mp4 a toda hostia, reproduciendo "Baila morena", versión reggaetonmixhop 1.3 de Pappy SuperchulazoDJ, te pregunta sin dilación, con suma desfachatez: "¿Vas a salir?". Entonces le miras y le dices: "No, pero no puedo moverme (señoraporquesuculometieneempotradacontralabarradelcentroy cuandolagentebajeyaveremoscómocoñosalimos)" o "Sí", escueto y tajante, en cuyo caso has triunfado, porque puedes permitirte el lujo de pensar: "Ahora te vas a esperar, gilipollas, porque yo estoy primero, y si no salgo yo, tú no sales ni de coña, capullo, te vas a quedar aquí y vas a pasarte la parada porque el piii, piii, piii de la puerta suena enseguida y las puertas, ¡pum! se cierran herméticamente y te vas a ir hasta Hospital Clínic y vas a llegar tarde a la oficina, subnormal profundo". Y tras responder sí, no te mueves, te quedas petrificado en el sitio hasta que la puerta lleva media décima de segundo abierta, lo suficiente para acojonar a ese gilipollas cagaprisas y reivindicar tu derecho a no ser increpado de buena mañana por desconocidos tocapelotas que son incapaces de levantarse antes porque su vida es tan mierda que les repatea las tripas ir a la oficina a hacer lo mismo cada mañana. A ti también te repatea, pero al menos tu vida no es tan patética, te dices. Y por las mañanas, a mí no se me habla, cojones. Aprended.

Finalmente, todo el mundo consigue salir con más o menos éxito del tren, a trompicones, a trancas y barrancas o con cierta elegancia y ‘savoir faire’, a veces con algún incidente amenazante y violento por parte de algún pasajero, pero eso pertenece al siguiente post…

viernes, 19 de diciembre de 2008

¡¡¡¡Piiiii, piiiii, Correos!!!! - ¡En eso estamos!

Experiencia en la oficina de Correos de mi distrito. Postal. Que salgo de mi pueblo y llevando años en esta capital, resulta que no tengo ni pajolera idea de cómo funciona Correos. Primero llego a una oficina blanca y enorme con sólo dos empleadas. Hago cola detrás de un chico moreno con pinta de pijo, un sujeto angloparlante no nativo que articula sonidos anglosajones a través de su móvil, con risitas entrecortadas y yeahs yeahs por doquier. Hago cola detrás de él hasta que termina su turno, la empleada semi-pregunta quién es el siguiente al sonido irritante de piiiiiiiiiiiiiip, y a la lumbre de una miniluz roja que parpadea en algún lugar del techo. Detrás de mí han entrado dos personas a las que me he entretenido en escuchar para adivinar de dónde proviene su dialecto. Manías de una. Estoy encantada con su cantinela dialectal hasta que se percatan de lo mismo que yo: resulta que la cola va por números, y de pronto él se empotra contra la máquina que hay al lado de la cola, para recoger un tiquet, el muy @-+*}<> lo que sea. Sin preguntarme si quiero el primer tiquet que ha sacado, el número 22. Sin ni siquiera mirarme a la cara, sin tener en cuenta y en consideración que llevo como 10 minutos más que ellos en la cola, esperando a que aquel otro @-+*}<> engendro termine de hablar estúpidamente con alguien del otro lado del charco o de enviar su paquete, ¡pero que acabe algo ya!

No, no, miro de reojo a esta pareja de unidades de gentuza, y ni se dignan a decirme, tú estabas primero, pasa tú, ni nada. Es más: llega el momento de atender al siguiente (han transcurrido, a todo esto, unos 4 segundos desde que la empleada del mostrador levantó la nariz para pseudo-preguntar quién era el siguiente) y ni siquiera me miran. No existo en esa blanca oficina de Correos. Me pregunto si llevando a mi lado a un novio con un morramen hasta Lima, que me protegiera ante las colas de ¡2! personas y ante las máquinas de tiquets del mundo, esto me hubiera ocurrido. Qué desvalimiento, cuasi similar al de Madame Bovary. Ay dios mío. ¡Emma!

Eso no es todo porque cuando la culigorda con vaqueros de brillantitos termina su turno, me acerco al mostrador y la empleada dichosa me dice que no, que es el B y que coja número. Tócate los cojones, Mariloles. Hay que hacer un máster para ir a correos, señores. Finalmente me peleo con la máquina, agredida ya en múltiples ocasiones, y hago la cola para recoger mi paquete.

Ay, qué hostilidad, el funcionariado español.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Juguemos a montar una historia


Elementos:


Laura vestida de boda, un zapato de boda, una fondue de chocolate gigante como la anterior, varias copas de más, un camarero que ha visto de todo, unos amigos más contentillos que tú a tu alrededor.


¿Qué ocurre?


jueves, 9 de octubre de 2008

Moniato/Boniato


Otoño. Como llueve tengo ese escalofrío en la espalda de querer meterme en casita, calentita, en zapatillas. Compro unos boniatos/moniatos a 0,99 el kilo. Los he visto y he pensado yupiiiiiiiiii, ya es otoño. A los yanquis siempre les gusta casarse en "the Fall". Será porque es una época bonita/boniata.

Me meto en casa y los horneo, despacito. A la Son-Son y a mí nos encantan estas patatas-zanahorias dulces. Los horneo envueltos en papel de plata. Me meto en la cama a leer, me duermo con la luz encendida, una media hora.

Por la noche, los tubérculos dulces y blanditos todavía están calientes. Pocas cosas han sido más agradables en este día.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Atarazanas

En un día pachucho en la Rambla, un hombre viejo con gafas de concha vende/ofrece/muestra paquetes de klínex en una boca de metro que no se lo traga. Murmura con una voz muy tenue, un hilillo y mira vagamente a la gente, con unos ojos azul celeste. Hace ademán de entregar los pañuelos a cada uno que pasa, con su media voz y su gesto poco resuelto, de forma que nadie le hace el más mínimo caso. De pronto le miro, con cara de pocos amigos, como si eso fuera verdad, como si fuera verdad que no tengo amigos, como si fuera verdad que uno está solo, y tampoco le cojo los pañuelos. Mientras bajo la escalera se me saltan las lágrimas, será el mal día, será el otoño, será el polvo de la estación en obras. Siento tentaciones de volver sobre mis pasos. Será que no tengo unas monedas que escurrir en su mano. Será que a mí no me hacen falta. Entonces prosigo. Una mala mañana la tiene cualquiera. Será eso.

Por la tarde, hundo la cabeza entre las manos y me echo a llorar, despacio, hasta que me escuecen los párpados. Será que no tengo tiempo para llorarlo todo.

lunes, 4 de agosto de 2008

Mesonero Romanos no es sólo una calle de Madrid


Aquí tenéis la causa de mi poco tiempo, de mi desgracia y del abandono de mi blog: el hombre que me tiene robado el sueño estos últimos meses, por fin os lo presento. Espero que nos déis vuestra bendición.

lunes, 21 de julio de 2008

Loreena McKennitt: alfa y omega



Sólo quiero que mis bloguers sepan que ayer tuve una de las experiencias más maravillosas de mi vida, escuchando en directo a la inigualable Loreena McKennitt, con su excelente equipo de músicos. El poder de la música no tiene límites y es un vehículo ideal para hacer llegar a todo el mundo la cultura, que nos hace libres.


Al mismo tiempo, sé que no puedo compartir esta sensación con nadie, así que ahí queda.


Además, he adquirido un colgante con este símbolo celta. Se grababa en los escudos y tiene que ver con la protección y las cruces solares.

lunes, 30 de junio de 2008

¡¡¡Viva la selección española!!!


Por una vez, y sin que sirva de precedente: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Que viva el fúrgol!!!!!!!!!!!!!!!


Esto es para contrarrestar el post anterior, aningunsitioperofurgolero, ¡jejejjejeje!


Un abrazo a todos los que se alegran de que hayamos ganado este estúpido juego de 22 corriendo tras un balón. ¡¡¡¡¡Viva el balompié!!!!!

jueves, 12 de junio de 2008

Huelga de transportistas: por fin alguien da de comer al perro del artista maldito


Porque está en nuestra mano cambiar las cosas, no presenciemos las escenas impasibles ni carguemos contra el prójimo sacando los temas de contexto. Y si ves las barbas de tu vecino pelar, sí, pon las tuyas a remojar, pero con gusto. Y remojemos todas las barbas, hasta las de la mujer hirsuta, que no se diga que aquí, en este país nos tose nadie. Que no se diga que este es el país del "vuelva usted mañana", que aunque sea verdad, duele y se ha de pagar con la bolsa o la vida.

martes, 10 de junio de 2008

Figareixon



El barbero de Glastonbury. Donde se arreglaba los pelos y las barbas Lanzarote para ir al encuentro de Ginebra.

viernes, 23 de mayo de 2008

Las brumas de Avalon II


Como véis, encontré la rueda de las direcciones y, adivinad qué...



¡¡¡Estaba Camelot!!!

Ahí mi dedito señalando la mítica ciudad de caballeros y princesas, aquella hacia donde la dama de Shallot no podía mirar.

"but she looked down to Camelot"...

lunes, 19 de mayo de 2008

El misterio de la incomunicación humana


O de lo difícil que es hacerse entender. O de ermitaños/eremitas. O de apartarse a vivir solo porque esta sociedad no te acepta, o peor aún: los individuos no te aceptan. Ver, oír y callar. Y si no quieres oír y mucho menos callar, no te queda otra que hacerte ermitaño.

jueves, 15 de mayo de 2008

Las brumas de Avalon I


Cuando fui a visitar a mis queridos amigos Hatsue y Aningunsitio me ocurrieron varias desgracias de las que aún no he podido recuperarme, y es que en la actualidad vivo en un mundo goyesco de Parcas negras y de monstruosos aquelarres, en el más absoluto de los silencios...

Pero aparte de todo eso, pude visitar el muy mítico y apasionante reino de Avalon, claro que sólo unos pocos privilegiados logramos divisarlo entre las nieblas del Tor, el monte y la torre que se encuentran a las afueras del precioso pueblo de Glastonbury, donde tuve la oportunidad de adquirir ciertas chucherías de reminiscencias celtas (no así unas runas por las que me pedían la friolera de 26 libras), como unas chapas que rezan "BeWitched" y "my other car is a broom", que estoy segura de que serían muy del agrado de mi querida Hatsue. No penséis que eso fue lo único que compré, porque tuve la gran suerte de encontrar un hermoso calendario en forma de rueda de la diosa celta que, como sabéis, mis queridos instruidos e ilustrados amigos, no es otra que la Madre Naturaleza dividida en varias épocas del año, coincidentes con las festividades célticas, y representada en la figura de las distintas facetas de la mujer.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Cosas de abuelas

Hay tres cosas en la vida que siempre están frías:

1. La nariz de un perro.
2. Las manos de un barbero.
3. El culo de una mujer.

lunes, 28 de abril de 2008

Mi Sí-Cumpleaños


Sobre mis andanzas esta última semana hay poco o mucho que contar, según se mire, pero hoy era obligado escribir, porque es mi cumpleaños, lo demás ya vendrá. He pasado del bonito 25, del cuarto de siglo, del ecuador de la bonita segunda década, del decimoquinto año de existencia de este pequeño ser que se encuentra unas veces in the middle of nowhere y otras mucho más en medio todavía. Como véis, me he puesto filosófica, si es que eso se puede conseguir en un blog de color rosa cuyo último post está dedicado a unas extrañas judías gelatinosas de colores y sabores imposibles.

Hoy, día de mis 26, glorioso momento para la madre que me parió a la edad de 24 años (dios mío, se me pasa el arroz), a las 4.27 de la madrugada de un miércoles (estúpido día donde los haya, e insulso) en el que se había comido un huevo frito que le sentó como un tiro, a la pobre, que vomitaba por arriba un residuo de su digestión y por abajo un pingajo de su corazón. Qué cosas.

Pues hoy, hoy y no otro día, porque es lo que tienen los cumpleaños, que son un día, y al otro día el cumpleaños se ha marchitado ya, y ya no es lo mismo: es tu cumpleaños? no, lo fue ayer! vaya, bueno... ¡¡felicidades?? pero el mío es hoy, hoy, hoy, hoy es mi cumpleaños. Lo imperecedero de los cumpleaños sólo dura 24 horas (¿paradoja?) pero en esas 24 horas lo son, son imperecederos. La gente te dice, ¿te sientes más mayor, cómo se siente uno con X años? y uno responde siempre, haga frío o haga calor, llueva o truene, con un leve levantamiento de hombros, un fruncimiento de labios, que igual que ayer, y todo el mundo se ríe, de forma parecida a cuando vas a un funeral y alguien dice no somos nadie, y todos asienten en silencio o dicen "ya ves", o "desde luego" (los más pedantes).

Así son los cumpleaños, malvados, felices, mágicos y especiales, sólo si tú quieres.

Feliz No-Cumpleaños a todos los que, al contrario que yo, no celebran su aniversario HOY.


"- ¡Vaya! Hoy es mi No-cumpleaños también"


Sombrerero Loco