Este es mi pequeño homenaje, el mío, a María Teresa León, una mujer comprometida con la época que le tocó vivir, ecritora y dramaturga, como pocos saben y esposa de Alberti, como saben los más:“...Surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho. Aquella misma noche, por las calles, por las umbrías de los jardines, las penumbras secretas de los taxis sin rumbo, ya respiraba yo inundado de ella, henchido, alegrado, exaltado de su rumor, impelido hacia algo que sentí seguro. Yo me arrancaba de otro amor torturante, que aún me tironeaba y me hacía vacilar antes de refugiarme en aquel puerto. Pero ¡ah, Dios mío!, ahora era la belleza, el hombro alzado de Diana, la clara flor maciza, áurea y fuerte de Venus, como tan solo yo había visto en los campos de Rubens o en las alcobas de Tiziano. ¿Cómo dejarla ir, cómo perderla si ya me tenía allí, sometido en su brazo, arponeado el corazón, sin dominio, sin fuerzas, rendido y sin ningún deseo de escapada? Y, sin embargo, forcejeé, grité, lloré, me arrastré por los suelos…para dejarme al fin, después de tanta lucha, raptar gustosamente y amanecer una mañana en las playas de Sóller, frente al mediterráneo balear, azul y único...”
Si alguien puede escribir algo más hermoso sobre la persona a la que ama, que me lo digan.
Ella estaba casada con otro hombre cuando conoció a Alberti:
“...En algunos diarios y revistas aparecieron notas, siendo la más divertida la que decía: ‘El poeta Alberti repite el episodio mallorquín de Chopin con una bella Jorge Sand de Burgos’. Se buscaba el escándalo, pues esta Sand –una escritora casada y todavía no divorciada- era muy conocida. Nosotros, mientras, nos reíamos, ufanos de que nuestros nombres fueran traídos y llevados por gentes tan distantes de nuestra dicha, de nuestra juventud descalza por las rocas, bajo los pinos parasol o en el recodo de las barcas. [...] Con María Teresa me pasaba las horas trabajando en algunos poemas o ayudándola a corregir el libro de cuentos que preparaba. Una noche –lo habíamos decidido- no volví más a casa. Definitivamente, tanto ella como yo empezaríamos una nueva vida, libre de prejuicios,...”










