
¿Es un hijo un acto de amor? ¿o lo es de egoísmo puro y duro?
Un hijo es siempre una proyección de uno mismo, una prolongación dolorosa de uno mismo, que en ocasiones se rebela contra uno, las muchas. Siempre nos planteamos que no vamos a cometer los mismos errores que nuestros padres cometieron con nosotros, pero ¿es eso realmente cierto? ¿estamos convencidos de que eso va a ser así?
Y, aunque nos lo tomemos en serio y racionalicemos la cuestión, y convengamos y decidamos y nos convenzamos de que la educación que vamos a darle va a estar fundamentada en principios muy diferentes de la que nos dieron a nosotros mismos, ¿no es asimismo, todavía y siempre, un proyecto NUESTRO? Puede sonar mal cuando se diga y hay quien puede querer alzar la mano y protestar (bien, porque para eso está el blog), decir que es plausible y factible no cometer los errores de ulteriores generaciones condicionadas por la represión y la doble moral y la incomunicación y la jerarquía y el autoritarismo. Y probablemente tenga razón. Pero tiendo a pensar que aún en ese caso, tan sumamente positivo y diferente de la educación de antaño, vamos a cometer errores, si no unos, otros.
Un hijo es un acto de amor para con otras personas, y no necesaria ni solamente el cónyuge, sino para con el propio hijo futuro o, las más de las veces, para con uno mismo. ¿Es eso negativo? ¿ es un hecho ponderativo del egocentrismo humano o es solamente eso, un acto de amor, onanista o no?







