"No hay religión más elevada que la verdad", Helena Petrovna Blavatsky dixit.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Versos de la Mujer Barbuda: de cómo la Mujer Barbuda se presenta - Parte II
Yo soy la mujer hirsuta.
No soy moza desabrida,
Nunca estoy boquifruncida,
Las que usan callicida
Ya envidian que no discuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Te recibo en mi vestíbulo,
No estarás en un prostíbulo,
Piensa que esto es el patíbulo,
Porque mi amor es cicuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Y una vez que lo degustes,
Volverás por más ajustes
Para clavarme tus fustes,
Sin admitir sustituta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Tanto es así, caballero,
Que me quitaré el liguero,
Si bajas de tu apeadero,
Te me entregaré, absoluta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Sólo recibo en mi alcoba,
Al que sea un Casanova,
Si no me canta una trova,
No le entrego mi tenuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Amén de mi placidez,
Soy sensiblera cual pez,
Romántica y no soez,
Del afecto una recluta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Los hombres aman mi borra,
Arrullarme cual cachorra,
Rozándome la pantorra,
Para que me repercuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Y yo lo noto de veras,
Entre las abrazaderas,
Apretando posaderas,
Estoicamente archibruta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Pues soy muy señoreada,
A la antigua estoy chapada,
Si me quieres desflorada,
Ofrecerme habrás, permuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Canjearemos los fluidos,
Tú me entregarás zumbidos,
Y una vez los dos mordidos,
Me convertiré en viruta.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Versos de la Mujer Barbuda: de cómo la Mujer Barbuda se presenta - Parte I
Yo soy la mujer hirsuta.
Yo soy la de la gran barba,
No precisamente parva,
La que en tu testa se engarba,
Como una leve voluta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
De humo no soy, no obstante,
Tengo un cutis de adamante,
Tupido vello brillante,
Una perilla impoluta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Que soy fea, no lo creas,
Pues he curvas cicloideas,
Mis hormonas, tiroideas,
No me convierten en bruta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Son las lanas de mi faz
Las que gustan al rapaz,
Con un deseo voraz,
De acariciarme disfruta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Es mi tez papel de lija,
Pero en eso él no se fija,
Sino que se regocija,
En mi pasión disoluta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
A todos los enamoro,
Con mi falta de decoro,
Pues yo siempre presto aforo,
Para acceder a mi gruta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Así, les gusta mi bozo,
Siempre en medio del retozo,
Pues sólo ofrezco alborozo,
Pero no soy una puta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Soy niña de pelusilla,
De barbiespesa mejilla,
Cuando me abro la escotilla,
Es que te ofrezco mi fruta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Soy la matrona erizada,
De piel aterciopelada,
Y aunque no caripelada,
Soy suave, dulce y enjuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Acude a mi camarote,
Para palpar mi bigote,
Y te ganarás el lote,
De mis nalgas de percuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
No soy yo fémina arisca,
No tengo aires de odalisca,
Mas todo el que en mí se enrisca,
Sabe que ostento batuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Aunque soy mujer peluda,
Nunca me verás ceñuda,
Ya sabes que, ante la duda,
Tú siempre la que se embuta.
Me presento, resoluta,
Yo soy la mujer hirsuta.
Soy una hembra peliaguda,
Mas no soy chica sañuda,
Si me deseas desnuda,
Conmigo no habrás disputa.
martes, 15 de septiembre de 2009
A Bella, la zoofílica
¡Cómo no! Pulchra puella sine par,
No te atrae el primor apolinar,
Sino las barbas, pelusas y lanas.
Te estimulan los bárbaros, ¡membranas!
Beso incisivo, muerdo maxilar,
¡Ay!, que te constriñan el costillar,
Aunque tú no eres de las casquivanas.
Al contrario, eres pura y virginal,
Salvaste a tu padre de mangoneos,
Amando al hombre mitad animal,
Su furia, su empaque y sus forcejeos,
No te hicieron ni pensar, hormonal,
Aquello de que se mueran los feos.
lunes, 7 de septiembre de 2009
A un chupasangres ansioso
Así estoy, como una enferma de amor,
Dilapidas mi energía con dolor,
Me bebes y me mermas, estoy pálida.
Delicada estoy, como una crisálida
Desde que soy, señor, tu abrevador,
Líbrame del tormento agotador,
Pues no deseo estar tan escuálida.
Mi sangre hirviendo está de leucocitos,
Se ha vuelto ya y a todas luces, blanca,
Aquejada me dejan tus apetitos.
Finalmente, vampiro, seré franca:
Mi hemograma no muestra fagocitos,
Postrarme has, en la cama y en la hoyanca.
martes, 18 de agosto de 2009
Al Cuervo Negro
Sobrevuelas y ensombreces llanuras,
Pico, plumajes, uña y espesuras,
Eres como el perro del hortelano.
Persigues sólo a los pollos mundanos,
Avechucho con faldas y negruras,
A las zorras, de queso las saturas,
Eres espíritu de tertulianos.
Vedete de siniestro vodevil,
Se auguran con tus tripas mil desgracias;
Clausura tu pico, bellaco y vil,
No alimentes, presente, las falacias
De almas atormentadas, que hay diez mil,
De los suicidas no rías las gracias.
viernes, 24 de julio de 2009
Soneto a un Guarrindongo Hijo de Mala Madre
No alcanzo ni a arrancarte las entrañas,
Me tienes cieguita de musarañas,
Espejeándome en tu ojo abrasador.
Pero, ¡oh!, te venceré, abusador,
Prepararé tu destrucción con saña,
Te juro que hoy concluyo esta patraña
Llenándote la boca de alcanfor.
Labio rojo, leproso, leporino,
Tu hedor es de lo más escandaloso
Apestas, nauseabundo, a cebollino
Me he de mear en tus cuencas, asqueroso,
Paliativo de tus ojos, gorrino,
Para que mueras roñoso, sudoroso.
lunes, 20 de julio de 2009
La señora inquietante del rellano
- Ah, yo entro también, que vengo a visitar a mi amiga…- casi por lo bajini.
Me giro del tirón y me pongo a la defensiva, modo cancerbero, con las llaves en una mano y el pomo en la otra. Whaaaaaaaaaaat? ¿Cómo que va a entrar en MI casa? ¿’Tamos locos?
- Oiga, señora, me parece que se equivoca, este es nuestro piso – por suerte S aunque no vive en el piso anymore, me acompaña. Está igual de flipada que yo. Estas cosas tan surrealistas no tendrían por qué pasarnos, con esta vida tan rutinaria que llevamos. ¿Por qué? Y levanto la vista al cielo, pero me encuentro con el techo del bloque, oscuro y roñoso a más no poder. El Señor no está en casa. Tampoco lo está la presunta amiga de aquí la señora de las gafas ochenteras.
- ¡No!, yo vengo a ver a mi amiga, que ha vivido toda la vida en este piso – me contesta con violencia, mala leche e indignación. Empiezo a dudar ya de mí misma y hasta de que vivo en este piso.
- Oiga, pero es que aquí vivimos nosotras, creo que se ha equivocado usted de piso…
- ¡¡Que no!! Que yo hace un año que vine a visitarla y vivía aquí, hombre.
Ahí sí que ya digo eehhhh, esta señora está como una regadera, oiga.
- Pues eso es imposible, porque…
- ¡A ver! ¿cuánto hace que vivís aquí? Pues yo vine hace un año o así y vamos…
- Pues por eso le digo, porque hace más de año y medio que vivimos nosotras aquí…
- Pues ella vivía aquí, vamos… a no ser que le haya pasado algo…
¿Cómorrrr? Ahora me acusa, indirectamente, de matar a su vieja amiga vieja, lo que hay que oír. Me mira con ojos de sospecha, bajo los cristales ennegrecidos de sus gafas de concha. Me está entrando un mal rollo impresionante. Esta noche me meo en la cama. Al fin, S tiene un momento de lucidez y pregunta:
- ¿Pero cómo se llama su amiga? ¿Se llama Milagros?- Milagros es nuestra casera, y aún a malas, oye, a lo mejor es ella la amiga, aunque esta mujer se ve mayor para ser amiga de nuestra casera, y nuestra casera no ha vivido nunca en el piso, pero sí ha vivido la madre de nuestra casera, que es una vieja sorda que… no. Se llama Dolores. Pienso.
- ¡No!- suelta con ese tonito desafiante otra vez- Se llama Mercedes. Mi amiga se llama Mercedes.
- Ah…
Descartado. Pero la mujer sigue ahí parada, cree que le mentimos. Empiezo a sospechar, y no sé por qué no se me ha ocurrido antes, que esta mujer tiene demencia senil o algo. Sí, ya sé que parece muy obvio, pero no lo era hasta el momento, nos ha pillado tan en bragas que cualquiera le dice algo. Empiezo a aburrirme, parada en la puerta, con la vieja delante, dando por culo.
- Oiga, señora, mire, a lo mejor está usté equivocada de piso…
- ¡Que no!
- Es que, verá, este es el primer piso y debajo está el entresuelo… a lo mejor es ese…
- Uhm… ¿Entresuelo? Pues… no sé, a lo mejor… - duda, por fin.
- Sí, no sé…
- Pues puede ser que aquí no viva mi amiga…
- No, ya le digo yo que aquí su amiga no vive…
- Bueno… veré a ver… ¡Cierra, cierra! ¡Perdona! ¡Cierra! ¡Perdona, eh!- grita con antipatía. Vieja testaruda.
- Vale, no pasa nada.
Tócate los huevos, no pasa nada. El susto que me ha metido en el cuerpo. Dice S: hasta que la tía no ha querido no hemos podido cerrar la puerta…
Válgame. Pero ahora me acojono y pienso en lo cerca que ha estado de meterse en mi piso, como Pedro por su casa… Imaginad las posibilidades de unas gafas y una energía como esa. Un escalofrío me recorre el espinazo. Nunca habléis con extraños, niños.
jueves, 9 de julio de 2009
The Devil Went Down to Georgia
Destaco, también las versiones de la canción, respecto a un insulto: "son of a bitch/son of a gun". Hay versiones con los dos insultos, el ligero y el fuerte, también muy típico de los sureños, el cambiar exclamaciones que al parecer, les resultan blasfemas, como "For Christ's sake" por el "For crying out loud!", o "Fudge!" por Fuck!". Súper divertido y absurdo, algo así como el "¡miér...coles!" por "¡mierda!" de nuestros abuelos, o el "¡me ca... chis en la mar!" por "¡me cago en la madre que te parió!". Todo ello a base de cambios de sonidos y significados, omisiones y otros recursos para no blasfemar ni tomar el nombre de dios en vano.
Parece que Charlie Daniels se inspiró en parte para hacer esta canción en un poema que leyó en la escuela, The Mountain Whippoorwill, de Stephen Vincent Benet, por si os interesan las fuentes. Además, las partes en las que tocan el Diablo y Johnny están hechas por el propio Charlie Daniels y como él mismo explica: "The Devil's just blowing smoke. If you listen to that, there's just a bunch of noise. There's no melody to it, there's no nothing, it's just a bunch of noise. Just confusion and stuff. And of course Johnny's saying something: You can't beat the Devil without the Lord. I didn't have that in the song, but I should have." Vale, mensaje Amoalaura-style. Pero mola.

A continuación, aquí tenéis la canción. Es muy divertida, realmente es como un pequeño cuento para antes de ir a dormir... soñar que eres Johnny y que vences a The Fucking-Devil-Motherfucker:
The devil went down to Georgia, he was looking for a soul to steal.
He was in a bind 'cos he was way behind: he was willin' to make a deal.
When he came across this young man sawin' on a fiddle and playin' it hot.
And the devil jumped upon a hickory stump and said:
"Boy let me tell you what: I guess you didn't know it, but I'm a fiddle player too.
And if you'd care to take a dare, I'll make a bet with you.
Now you play a pretty good fiddle, boy, but give the devil his due:
I bet a fiddle of gold against your soul, 'cos I think I'm better than you."
"The boy said: "My name's Johnny and it might be a sin,
But I'll take your bet, your gonna regret, 'cos I'm the best that's ever been."
Johnny you rosin up your bow and play your fiddle hard.
'Cos hells broke loose in Georgia and the devil deals it hard.
And if you win you get this shiny fiddle made of gold.
But if you lose, the devil gets your soul.
The devil opened up his case and he said: "I'll start this show."
And fire flew from his fingertips as he resined up his bow.
And he pulled the bow across his strings and it made an evil hiss.
Then a band of demons joined in and it sounded something like this.
When the devil finished, Johnny said: "Well you're pretty good ol' son.
"But sit down in that chair, right there, and let me show you how it's done".
Fire on the mountain, run boys, run.
The devil's in the house with the risin' sun.
Chicken in the bread pen, pickin' out dough.
"Granny, does your dog bite?"
"No, child, no."
The devil bowed his head because he knew that he'd been beat.
He laid that golden fiddle on the ground at Johnny's feet.
Johnny said: "Devil just come on back if you ever want to try again.
"I told you once, you son of a bitch, I'm the best there's ever been."
And he played fire on the mountain, run boys, run.
The devil's in the house with the risin' sun.
Chicken in the bread pen pickin' out dough.
"Granny, will your dog bite?"
"No, child, no."
PS: para los flipados del Guitar Hero, sepan que hay una versión de esta canción para tocar.
jueves, 18 de junio de 2009
Greensleeves

Greensleeves was my delight,
I have been ready at your hand
Greensleeves was my delight,
Thy petticoat of sendle white
Greensleeves was my delight,
lunes, 15 de junio de 2009
The Cordero Pictures: back
jueves, 11 de junio de 2009
Ruptura palindrómica barbarificada
Dábale arroz, ¡yum!, a la zorra el abad.
El inglés siempre interponiéndose entre la Academia y los hablantes. La oralidad siempre pertrechando los dichos sentenciosos, cerrados, manidos y tradicionales. Qué mundo este.
viernes, 5 de junio de 2009
Recuerdos Pisers: cualquier tiempo pasado...
Aquí dejamos nuestros recuerdos. Pesan, y en un traslado hay muchas cosas que mover de un lado a otro.
En la habitación más grande, las partidas de Trivial; el “jo mai mai” intentando decir cosas ingeniosas; viendo Mujeres Desesperadas, L con temblores y ataque de nervios porque no puede dormir por el ruido que hacen los hooligans en la calle; L colgando su mosquitera para que no le vuelvan a entrar bichos enormes; Je cargándose el segundo objeto de L desde que entramos en el piso, L viendo Rebelde Way con la burla general; los conciertos de Abel arreglados por Ricardo y la paz que nos despertaba; el curry de Ricardo; las amigas de L maquillándose para carnavalear por la Rambla, el día que L volvió de la ducha, se despelotó porque nunca había nadie y en una de las ventanas del Liceu había un limpiacristales; con los prismáticos de S intentando violar la intimidad de vecinos y paseantes varios. La mañana terrible y trágica en la que L se despertó con una cucaracha gigante encima de su cuello… Las noches frías de invierno con aquel techo interminable encima y el tostón de película “La soledad del corredor de fondo”; el alojamiento a las italianas a principios de enero. La madrugada en la que S llevó a Chris a casa por primera vez…
En la otra habitación que da a Sant Pau, las historias urbanas de los vagabundos con sus frases míticas (“¡mierda!¡joder!”); las manifestaciones de los okupas y los proinmigrantes; la juerga en la Rambla; la iglesia de Santa Maria del Pi iluminada, británicos entonando cánticos. El momento en que Jo se cargó la puerta de S, que se quedó encerrada; las fotos monotemáticas de S y Jo sobre la cama sin gafas para estar más monos. Las huellas en el suelo de la noche en que tiramos agua a los guiris porque no podíamos dormir. La voz de Edith Piaf y Carla Bruni sonando en la minicadena de S; las llegadas a casa después de buscar cosas raras en las calles los martes, los días de recogida de trastos en el gótico. La noche de borrachera de pacharán y salida al Magic con Paula y Espe and company; los ensayos de S y L cantando “Johnny and Mary” y “Michelle” por las tardes con el micro y la guitarra; la tarde de música con la habitación llena de gente y L dormida en el colchón porque la música en directo amansa a las fieras; el día en que se volvió a quedar cerrada la puerta de cuarto de S y Jo y L hicieron lo que pudieron para abrirla a lo bestia, arrancando la maneta (con permiso del cabrón del administrador), con éxito.
En la habitación pequeña, todos los pisers uno encima del otro, amontonados encima de Je, incapaces de creer que Chie no conozca a Cher, mientras jugamos a adivinar famosos. Jugando con el chisme de básquet de Je, que nos cuenta cómo cantó ayer en el AK. Je metiéndose en su cuarto mientras enchufa a S y a L a sus colegas frikis tajaos para que las despellejen sin contemplaciones mientras ven una peli de culto en el comedor; el ventanuco que daba al comedor y por donde salía Je al principio haciendo el tonto; cómo todos sabíamos lo que “se cocía” en aquel cuarto gracias a la ventana y los rebuznos…
En el comedor, a la llegada de patinar aquel día en que a Jo le chirriaban los patines y quería hacer creer a L que había encontrado un pájaro con S; las grandes frases lapidarias de L, tumbada filosófica en el sofá, el comer por turnos en la mesa mínima. Las cenas, los pasteles, la comida japo casera y los sachers; Je y sus amigos privando con su lata de birra gigante. Los porrillos de L y S. El olor a la sepia que cocina S al llegar al piso. Sopia y sepia. Je chafardeando lo que las vecinas berrean para contárselo después a L con todo lujo de detalles; S y L siendo apeladas por la vecina jarta que tenía problemas con el calentador y no sé qué “movida”; el calentador que se apagaba demasiado a menudo; el minibalconcillo donde tendíamos, el día en que L llegó a casa y se encontró sus megabragas de dormir colgadas de punta a punta de las cuerdas, a la vista de todo el mundo, como un paracaídas, y las ganas de matar a Jo que era quien las había tendido; la anécdota de la colada especial braguitas de Jo, desperdiciada con el italiano; la funda naranja del sofá más viejo y cómodo del mundo, que se salía a cada rato; la forma en que a L le gustaba sentarse en el brazo del sofá y que sorprendentemente siempre era comodísimo. Los cuatro pisers embutidos en aquel sofá, cuando no hacía calor, en las tardes frías de invierno.
En el baño, cuando descubres que al tirar de la cadena sale mierda por la bañera; la doble tirada de cadena cuando son mayores; el “oh, yes!” de Je cuando salías con una toalla a la cintura/pecho después de ducharte; L ataviada con su toalla negra grande y su toalla pequeña a conjunto liada en el pelo; el mínimo espacio para los jabones; la cortina de topos que sólo tapaba una cara de la bañera, el ventanuco minúsculo que comunicaba el baño con el exterior y que en invierno te hacía desear que estuviera tapado; la bombilla que se tiró días sin cambiarse hasta que Je llegó con su implacable eficiencia y constancia a cambiarla; la única alfombrilla y los utensilios de lentillas que ocupaban el ínfimo espacio del lavamanos.
En la cocina, las cuquis; las comidas que hacía para todos mamá L al entrar en el piso; el pastel de queso de S, que arrasó en la fiesta de Marc; cuando hicimos la broma de poner la jarra del Madrid de Je en la basura de reciclaje de plásticos y nos la dejamos allí… La música electrónica día y noche de un vecino y sus conversaciones por el Messenger; las espiadas a la ventanita del hotel; fregando aquel suelo de goma azul tan raro, que nunca estaba limpio. … Las pizzas caseras con “aceite picantillo”; las noches en las que Jo se ponía a cocinar con toda su pachorra y se hacía las delicatessen más insólitas, que terminaba por comer a las 12 de la noche; las cocas del Viena y los “Boisans”, los crusanitos para desayunar y las notitas en varios idiomas para alertarnos de la existencia de manjares insospechados en la cocina de los pisers. Las cuquis.
En el cuarto de Jo, las cenas del día a día, el origen del MAL; el ataque de risa de S jugando al Trivial con Xavi, que hacía como si supiera las respuestas sin hacerlo; el “me voy a dormir, intentaré no hacer ruido” al acostarse Jo; cuando Jo descubrió en gayumbos al abrir la ventana de su cuarto que había otra señora que se asomaba al patio interior. Internéééé (junto a la ventana). En la tele de Jo, S y L viendo “Callejeros” y el programa de psicólogos y adolescentes, cenando y haciendo tiempo para salir de fiesta al Enfants o al Moog; emperifollándose esas noches para salir, y S esperando a Jo y Jo esperando a S, interminablemente, hasta el fin de sus días esperándose.
La gente de todas las nacionalidades que ha pasado por el piso: Hawaï, Italia, Inglaterra, EEUU, Alemania, Bélgica, Japón, Chile, Francia, Finlandia, Brasil… La noche en que a Jo le robaron la chaqueta con las llaves y la cartera en el Fellini; la jarta de la vecina peleándose con todo y con todos y llamado a nuestro piso a las 6.30 de la mañana (“¡Y mañana hablamos!”); Jo saltando de balcón a balcón cual felino jugándose el tipo; Je “regando” la calle desde el quinto piso tras una gran noche en el AK con Óscar; todos vestiditos de blanco para ir a la fiesta del solsticio e Igor vestido con trapos (blancos, naturalmente); la megaborrachera de L esa noche, de las chungas; la fiesta megapija a la que nos llevó Paula en Sants; S escuchando música indie y viendo pelis iraníes, L dejándonos el teléfono a partir de las 6; oyendo como cada visitante alaba nuestra comunión y se quiere ir a vivir con nosotros; Marc durmiéndose en todas y cada una de las noches en que salimos con él, cómo nos hicimos “nuestros” el ruido y las putas, S recogiendo el hilillo que molestaba a la señora María; lo molones que somos y lo sabemos.
Los pedetes de Je con el enfado de todos, especialmente de Jo; Astérix en francés; cuando descubrimos que con una entrevista descubres cosas de la gente (y de ti mismo) inimaginables. Las primeras compras en el chino, y la ilusión que nos hacía; las compras en Carrefour (“¡espartanos!”); el traslado matador y los dos policías que iban de chulos con Je; las duchas diarias de L; la caída en bici de S, que estuvo dolorida una semana; el alien en la espalda de L y su aniquilación; la señora María espiándonos y sabiendo cuándo, cómo y con quién subíamos; los shawarmas; el día que hicimos una excursión en coche por la montaña para ir a la playa con Ana; el italiano interesado en Jenny, y Pablo buscando información; el estado de ansiedad general cuando Silvia llegaba las primeras veces; el día que a Je le pintaron las uñas de los pies y al no tener quitaesmalte tuvo que ir a la piscina de esa guisa; empezando a ver “Johnny cogió su fusil” pensando que era una película de humor; el pelo de L; Jo echando un euro diario en la hucha para operarse los ojos; los imanes que nuestros amigos nos traen cuando hacen un viaje; el mensaje de L a Sa y el ataque de risa de S y Je.
Son tantas cosas que ya no caben en un post, ni en cincuenta, pero para muestra un botón de lo acaecido, del Cuento de Nunca Acabar, del País de Irás y No Volverás...
miércoles, 3 de junio de 2009
Metro Golden... presenta...
- ... jajajajaja...
- ... que mi padresel dueño de la Mercedes...
-... sí, de la Mercedes-Benz... jajajajaja...
Vigilante de la parada del metro de Diagonal (que sigue en obras por los siglos de los siglos) a sus colegas, apostados en las barandillas de la salida.
jueves, 28 de mayo de 2009
Revisión de Gloria Fuertes 3
LA GALLINITA
La gallinita,
en el gallinero,
dice a su amiga
-Cuánto te quiero.
Gallinita rubia
llorará luego,
ahora canta:
-Aquí te espero...
"Aquí te espero,
poniendo un huevo",
me dio la tos
y puse dos.
Pensé en mi ama,
¡qué pobre es!
Me dio penita...
¡y puse tres!
Como tardaste,
esperé un rato
poniendo huevos,
¡y puse cuatro!
Mi ama me vende
a doña Luz.
¡Yo con arroz!
¡qué ingratitud!
lunes, 18 de mayo de 2009
Revisión de Gloria Fuertes 2
la tierra es un globo donde vivo yo.
martes, 5 de mayo de 2009
Revisión de Gloria Fuertes 1
Hay un colegio
en el fondo del mar,
y allí los "bonitos"
bajan a estudiar.
Y el que más escribe
es el calamar,
y el que menos sabe
no sabe la "a".
A dar la lección
"Pez Espada" va,
lleva su puntero
para señalar:
"Con olas y barcas,
el Norte del mar,
y limita al Este
con playas sin par..."
Y después, muy serios,
todos a rezar:
Pupitre de perlas,
bancos de coral,
encerado verde
y tiza de sal.
Muchos pececitos
ríen al sumar.
Y el buzo a los peces
bajaba a asustar,
con su cara blanca
dentro de un cristal.
Gloria Fuertes.
miércoles, 22 de abril de 2009
Laura, that's hardly a story!
INFORMÁTICO FRIKI 1: Hola...
LAURA: Hola, venía por un portátil que me enseñó tu compañero el informático friki 2, digo, el otro chico...
INFORMÁTICO FRIKI 1: Sí, ¿cuál es?
LAURA: Pues es este... blablabla...
INFORMÁTICO FRIKI 1: Ah, sí, mira (dirigiéndose al estante)... Es éste, es así y asao... blablabla...
LAURA: Te pagaré en efectivo porque mi tarjeta se ha estropeado y blablabla...
INFORMÁTICO FRIKI 1: De acuerdo. Mejor.
Lapso de tiempo en el que Laura se va a un cajero, pero hay un mendigo liándose un porro, con la manta instalada y el típico carrito de la compra (todos los mendigos tienen uno, y eso que son caros de pelotas). Se va a otro cajero, mil manzanas away, y finalmente consigue el dinero. Por el camino piensa "¿y si me roba?" compulsivamente. Trata de no agarrar el bolso con fiereza, porque el atracador lo va a notar, va a notar que está nerviosa y entonces ¡zas! la va a amenazar con una navaja y ella no va a poder hacer nada por evitarlo, va a tener que darle la pasta al muy hijo de una hiena, con lo que le ha costado conseguirla... No, no la pueden atracar, tiene que darse prisa. Por fin llega de nuevo a la tienda.
LAURA: Hola... Vengo porque el otro chico me está preparando la factura del ordenador portátil...
INFORMÁTICO FRIKI 2: Ah, sí... ¡Ricardo!
INFORMÁTICO FRIKI 1 (saliendo de la trastienda): Hola, ya lo tienes ¿eh?, ¿Me acompañas a caja?
INFORMÁTICO FRIKI 2 (girándose hacia mí): Ah... Al final te compras el portátil, ¿eh?
LAURA: Sí... Je, je... Ya tengo el dinero... (atropelladamente) Es que ya no puedo vivir más sin portátil... Je... Je.
INFORMÁTICO FRIKI 2: Es lo que tiene... je, je.
LAURA: Sí, je, je, es lo que tiene.
(INSPIRADO EN UNA FRASE DE JOSE'S BEAUTY, INDICADA EN EL TÍTULO).
lunes, 23 de marzo de 2009
Barriobajeras y otras clases de la Barcelona de hoy

Os voy a narrar mis encuentros y desencuentros en un sitio pijo de Barna. No estoy acostumbrada, oye. Llamadme barriobajera, pero yo me definiría más como una chica maja, sencilla y llevadera, amante de la rima consonante.
Estoy con unas amigas en la fiesta de cumpleaños de una y acabamos en la sala de baile del sitio en cuestión. Bailamos como las locas, parece que no nos hayan sacado de casa en un mes. Pero qué le vamos a hacer, si somos provincianas ya hechas a la lifestyle barcelonesa. Me pongo a sudar como las berracas y de inmediato pongo en práctica mi truco namber guan de belleza improvisada en discotecas y locales de alterne varios. Me dirijo al baño con Martita y, ni corta ni perezosa agarro el pitorro (continuad leyendo antes de pensar mal, por favor) del secador de manos, lo giro hacia arriba de forma que queda enchufado hacia mi flequillo y aprieto con fuerza el botón de encendido. Mi sudorcillo se empieza a secar y, de nuevo, mi pelo está estupendo, por unos minutos al menos. Os cuento, el baño de este lugar es, como le dije a Martita cuando fuimos a mear, un baño para follar. Está pintado de negro, super oscuro y con focos morados y azules. Vamos a ver, en este baño no se puede mear ni realizar cualquier otro tipo de actividad higiénica con practicidad ni facilidad alguna. Se nota que estamos en la parte alta de Barna, me digo. Un baño con mucho estilo pero que es un coñazo, vamos. Pero eso forma parte de la primera visita al lavabo. En mi segunda visita, la estrictamente dedicada al cuidado de mi peinado y la que os estaba relatando, yo me hallaba inmersa en un éxtasis de aire cálido, envuelta en el suave sonido ensordecedor del potente secador de manos, con los ojos cerrados contra el viento, al más puro estilo Paulina Rubio en sus sesiones de fotos, cuando se abre la puerta y, en tropel desordenado y ruidoso entran una marabunta de hormigueantes pijas. Oigo, porque tengo los ojos cerrados, os recuerdo.
Se acaba el rato del secador. Por el espejo veo cómo una de las pijas (pelo largo, escaladito, liso, moreno, cara de palo, alta, flaca, vamos como todas) me mira escandalizada, como si pensara que yo, por meter mi cabeza (de peinado menos convencional que el de ellas seguro, aunque se haya calificado a mi melena de nada menos que “burguesa”) bajo el ruido atronador del secador de un váter público (nótese el bajón de categoría que ha sufrido el recinto de repente), con el lápiz de khol corrido, el outfit de semigótica decimonónica que llevo y mi cara de verdulera del tres al cuarto, fuera (‘neng’) menos persona que ella. Estas pijas. Giro el cuello, la puerta me queda ahora a la derecha a punto para salir escopeteada de allí, y ladeo la cabeza ligeramente hacia la pija que se ha sobresaltado al verme toda puesta en el tuneo de mi look, esa pija que ha puesto cara de ohmygodwarningwarningoseamiradlato-dasloquehaceestatipa. Es una petarda y lo sé. Y ella, en el fondo, también sabe que es una petardaca. La miro, pues, con cierto desprecio y aire de superioridad infundado, fundamentalmente, por la entera certeza de que yo, si bien no tendré más clase ni más glamour, sí que soy más apañada que ella de aquí a Lima. No me hace falta agarrarme de los pelos con ella, ni siquiera me hace falta preguntarle si desea darse de piños conmigo afuera (mmm, me parece que para volver a entrar hay lista VIP y, seriously, I don’t think I could make it again, que he entrado by the face), como tampoco pienso abrir la boca ni mirarla echando atrás la cabeza. Con esa mirada de minisoslayo ella ya sabe lo que hay. Me voy del baño, no lo aguanto más. That bunch of posh bitches is really pissing me off, coño. Es que lo que tiene subir a las altas esferas es que se te pega el gilipolleo internashonal este. Otra de las cosas es que te das cuenta de que la mierda es mierda en todos lados y de que los meódromos apestan a meados igual, sean las pijas quienes cambien el agua a las olivas o shake their lettuces como si es la virgen santa. Me fui del lavabo y Martita vino al cabo de media hora diciendo, toda borrachuna, que se había desgañitado gritando mi nombre en los lavabos, pensando que aún estaba yo dentro de alguna de esas cabinas mortuorias de iluminación folladora, y que, claro, las pijas la habían mirado mal. Le expliqué lo acecido y se murió de la risa.
¡Ja! Barrioaltaneras a mí.
lunes, 9 de marzo de 2009
Crónicas Bampíricas en Varcelona
Pues me dirijo a la tienda de cómics más famosa de la ciudad condal, sorteando todo tipo de personajes rambleros a los que me desacostumbré con el desuso y el olvido de mi antiguo hogar, probablemente convertido del todo en nido de habitantes cucarachiles, entre otros. No me interesa saberlo. El caso es que me acompaña mi amiga Cinta, nos metemos en la tienda de pósters, atestada hasta los topes. Miro en derredor, miro hacia mis flancos, oteo el horizonte, bajo la visera y me dirijo al mostrador. Hay un tío grande, mayorcete, con gafas, de espaldas anchas, pelo canoso y manos destroyer. Se hace el interesante. Debe pensar que es uno de esos maduritos de voz grave y pose altanera que interesan a jovencitas (ejem) incautas (ejem) como yo. Pero, al preguntarle yo por el susodicho póster responde, con cara de haber mordido un limón:
- ¿¿¿¿¿¿True Blood?????? ‘¡No!
- Vale.
Reculo y me meto entre las pancartitas de pósters. Paso tres de ellas, en la sección de bebidas (uno de Coca-Cola, otro con un montón de licores en estanterías y otro que no recuerdo) y allí está el póster. Rojo como la sangre, con letras blancas y la botellita de marras en la esquina derecha del póster. Sonrío, triunfal.
- Aquí está – el deje de mi voz revela felicidad.
- ¿Lo has encontrado? – Cinta curioseaba por la tienda, pero ahora ha visto MI PÓSTER.
Me aposto en el mostrador mientras observo cómo una chica se dirige al antipaticoide dependiente, que está enrollando sus dos pósters, preguntándole:
- ¿Me lo puede envolver para regalo?
- ¡¡No!!
- … - balbuceo entrecortado inaudible…
- No… - intenta arreglarlo- no envolvemos para regalo… no, no envolvemos. Es el sistema – coge de la mesa el plástico cilíndrico, señala a su izquierda, colgados en la pared hay varios tubos anchos de cartón duro – si quieres, lo tendrás que comprar tú.
Mientras tanto pienso: “ahora se va a joder porque le pienso decir que es un puto gilipollas y que no tiene ni puta idea de lo que tiene en su tienda, es más, ni de lo que coño hay por el mundo, porque mira que no saber que tiene un póster de True Blood en su puta tiendecita de los cojones… pues ahora se lo voy a decir, en plan pedante, para que se joda el muy… petulante. Ale”. “Capullo”, añado. Entonces, Míster Simpatía termina (literalmente) con la chica. Se gira hacia mí y le digo:
- El 2118.
Vuelve con el póster estirado, contemplándolo, curioso, una mano en cada extremo del cartel, como si fuera el pregón de su pueblo. Me mira, se sonríe. Vuelve a mirar el póster. Me quedo quieta frente al mostrador. Rebusco en mi bolso. No me salvo. Mierda, ¿qué coño está diciendo?:
- Vaya, otro póster de vampiros… - Mierda, coño, joder, SABE lo de la serie, entonces, ¿ por qué cojones no se ha molestado en mirarlo?- sí que eres tú vampírica… - S. P. M*… la tienda está a petar de gente, maldita sea, goddammit, no sigas, cierra el pico, cállate la boca…- ¿No serás tú una vampira?
¿No serás tú un gilipollas de marca mayor? Me siento freaky y violenta a partes iguales. olvido decirle todo lo que había pensado.
- Je. No, es que ESE ERA EL QUE BUSCABA ¬_¬'
- Ah… ¿era ese?...
Espantoso ridículo en público. La mitad de la tienda piensa que soy una freak amante de Buffy Cazavampiros (puagghh). La otra mitad piensa que el dependiente es subnormal profundo. Ese pensamiento me consuela, y salimos de la tienda comentando lo falto que está el tío de un par de buenos soplamocos (“¡Zas! ¡En to’a la boca!”- pienso).

Suckeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrr
*Su Puta Madre
martes, 3 de marzo de 2009
Dogville, o como dicen algunos: Viladecans

viernes, 20 de febrero de 2009
True Blood: Drink for the Dead
miércoles, 18 de febrero de 2009
Lo peorcito de cada casa II (y último que se sepa y por el momento)

El tonto de turno que os comentaba, es pequeñajo y tiene una cara cuadrada de bobo impresionante e impresionable. Tiene la boca un poco torcida hacia abajo, los ojos de huevo cocido, o de pescado recién enfilado en un anzuelo. Jódete. Es bajo, muy bajo, retaco. Se agarra a la barra central como si le fuera la vida en ello, se aferra al metal cilíndrico cubierto de huellas dactilares que no identificarían a nadie y sí a todos, una huella dactilar en masa, una gigantesca pangea de babas, mocos, escamas, efluvios de perfume, restos de jabones varios y de pigmentos y condimentos de aperitivos diversos y chucherías inimaginables que pasan por las manos de la gente. Por no hablar de otras cosas que pasan por las manos de la gente (creo que ya os ha dado el suficiente asco como para sugestionaros tanto que al final de este post odiéis al enano coñón tanto como yo). Lleva unos cascos de esos inmensos, con los que la gente va por la calle como diciendo, eh, que yo escucho solo buena música, nada de reguetones ni julandradas, yo soy un entendido en música, un melómano como dios manda. Pues él lo lleva, porque controla mogollón de música, escuchando sólo a los grandes, mientras mira a la gente con cara de aguilucho, y abomba los brazos alrededor de su tronco, dentro de la chupa tejana que se cae de mierda, que lleva. Lo hace para conseguir más espacio, porque él es más importante que nadie, él es él, y cuando llega su parada se pone nervioso y escudriña a todo el que se cruza con su mirada, abre las aletas de la nariz compulsivamente, como un toro que hubiera de arrancar para salir de la barrera y si se han abierto las puertas y tienes la mala suerte de encontrarte junto a él y no haces ademán de moverte, y si encima eres calvo y alto, como le pasó a ese chico el otro día, el tío empieza a gritarte que te quites, que te quiteeeeeeeeeeeeees, coño. Y si le miras, perplejo, como diciendo de dónde cojones ha salido este enano cabrón, hijo de una hiena, puede saltar a tu yugular (porque para eso sí que tiene tiempo antes de salir a trompicones del vagón) y gritarte, amenazante, fuera de sí:
- ¡Gilipollas! Que eres un gilipollas.
jueves, 22 de enero de 2009
Lo peorcito de cada casa I

Todas las mañanas me embuto, cual sardinilla enlatada, o cual relleno de morcilla de cebolla en pellejo bien curtido, en los vagones del metro de Barcelona. Parada de origen: Sagrada Familia. Parada de destino: Diagonal, esa estación que está eternamente en obras, y de la que una voz femenina antipática, monocorde, monótona, monolítica, impenetrable, estúpida, tarúpida y recalcitrantemente pedante, de perdonavidas, repite sin cansarse ni un solo día que la puta estación está en obras y que nos vamos a joder vivos porque si queremos hacer trasbordo vamos a tener que recorrer media Barcelona, amén de salir a la calle, esquivar a los repartidores de periódicos gratuitos, caminar por entre el polvoriento vallado sobre una serie de flechas amarillas, que Dorothy para volver a Kansas no tuvo más problemas ni de coña. Además esa voz lo dice todo en catalán "xava, da Barsalona, nen". La odio, por Dios. Esa tía el día que grabó el mensaje no había descubierto los yogures del Coronado, fijo.
Pero eso no es todo, ya que entre la estación de origen y la de llegada, en un trayecto de sólo dos paradas, y calculo que tres o cuatro minutos, pasan cosas que merman la moral y el amor por el género humano de cualquiera. Para comenzar, todas las mañanas, sin faltar ni una, alguien que se encuentra a ti pegado como aquel quevedesco hombre a su nariz, alguien que te mete por las narices su apestoso perfume o que a menudo está a punto de sacarte un ojo con la página 34 de su ejemplar de "La sombra del viento", o que te está dejando sordo con su mp4 a toda hostia, reproduciendo "Baila morena", versión reggaetonmixhop 1.3 de Pappy SuperchulazoDJ, te pregunta sin dilación, con suma desfachatez: "¿Vas a salir?". Entonces le miras y le dices: "No, pero no puedo moverme (señoraporquesuculometieneempotradacontralabarradelcentroy cuandolagentebajeyaveremoscómocoñosalimos)" o "Sí", escueto y tajante, en cuyo caso has triunfado, porque puedes permitirte el lujo de pensar: "Ahora te vas a esperar, gilipollas, porque yo estoy primero, y si no salgo yo, tú no sales ni de coña, capullo, te vas a quedar aquí y vas a pasarte la parada porque el piii, piii, piii de la puerta suena enseguida y las puertas, ¡pum! se cierran herméticamente y te vas a ir hasta Hospital Clínic y vas a llegar tarde a la oficina, subnormal profundo". Y tras responder sí, no te mueves, te quedas petrificado en el sitio hasta que la puerta lleva media décima de segundo abierta, lo suficiente para acojonar a ese gilipollas cagaprisas y reivindicar tu derecho a no ser increpado de buena mañana por desconocidos tocapelotas que son incapaces de levantarse antes porque su vida es tan mierda que les repatea las tripas ir a la oficina a hacer lo mismo cada mañana. A ti también te repatea, pero al menos tu vida no es tan patética, te dices. Y por las mañanas, a mí no se me habla, cojones. Aprended.
Finalmente, todo el mundo consigue salir con más o menos éxito del tren, a trompicones, a trancas y barrancas o con cierta elegancia y ‘savoir faire’, a veces con algún incidente amenazante y violento por parte de algún pasajero, pero eso pertenece al siguiente post…
viernes, 19 de diciembre de 2008
¡¡¡¡Piiiii, piiiii, Correos!!!! - ¡En eso estamos!
No, no, miro de reojo a esta pareja de unidades de gentuza, y ni se dignan a decirme, tú estabas primero, pasa tú, ni nada. Es más: llega el momento de atender al siguiente (han transcurrido, a todo esto, unos 4 segundos desde que la empleada del mostrador levantó la nariz para pseudo-preguntar quién era el siguiente) y ni siquiera me miran. No existo en esa blanca oficina de Correos. Me pregunto si llevando a mi lado a un novio con un morramen hasta Lima, que me protegiera ante las colas de ¡2! personas y ante las máquinas de tiquets del mundo, esto me hubiera ocurrido. Qué desvalimiento, cuasi similar al de Madame Bovary. Ay dios mío. ¡Emma!
Eso no es todo porque cuando la culigorda con vaqueros de brillantitos termina su turno, me acerco al mostrador y la empleada dichosa me dice que no, que es el B y que coja número. Tócate los cojones, Mariloles. Hay que hacer un máster para ir a correos, señores. Finalmente me peleo con la máquina, agredida ya en múltiples ocasiones, y hago la cola para recoger mi paquete.
Ay, qué hostilidad, el funcionariado español.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Juguemos a montar una historia

jueves, 9 de octubre de 2008
Moniato/Boniato

viernes, 19 de septiembre de 2008
Atarazanas
Por la tarde, hundo la cabeza entre las manos y me echo a llorar, despacio, hasta que me escuecen los párpados. Será que no tengo tiempo para llorarlo todo.
lunes, 4 de agosto de 2008
Mesonero Romanos no es sólo una calle de Madrid

lunes, 21 de julio de 2008
Loreena McKennitt: alfa y omega
lunes, 30 de junio de 2008
¡¡¡Viva la selección española!!!

jueves, 12 de junio de 2008
Huelga de transportistas: por fin alguien da de comer al perro del artista maldito

martes, 10 de junio de 2008
Figareixon

viernes, 23 de mayo de 2008
Las brumas de Avalon II

¡¡¡Estaba Camelot!!!
Ahí mi dedito señalando la mítica ciudad de caballeros y princesas, aquella hacia donde la dama de Shallot no podía mirar.
"but she looked down to Camelot"...
lunes, 19 de mayo de 2008
El misterio de la incomunicación humana

jueves, 15 de mayo de 2008
Las brumas de Avalon I

miércoles, 7 de mayo de 2008
Cosas de abuelas
1. La nariz de un perro.
2. Las manos de un barbero.

lunes, 28 de abril de 2008
Mi Sí-Cumpleaños

jueves, 3 de abril de 2008
Creating "true-to-life" flavors

Atención, estimada audiencia, aquí la Blavatsky descubrió, el fin de semana pasado, cuando iba al cine, en la tienda de enfrente, en la tienda de chuches y de porquerías varias que se compran y se engullen molestando a la gente que va a disfrutar de veras de la película (menos mal que después del franquismo se prohibió comer pipas en los cines, lo que no se explica es tamaña transgresión en una dictadura: ¡cuántas contradicciones!), descubrió la panacea de las golosinas, algo mucho más trascendental que comer dulces, algo sobrenatural que te otorga unos poderes omni-súper-mega-archi-absolutos sobre el mundo de las papilas Gustavitas: las Jelly Belly!!!!!!!!!!!!!! Con una lista de más de 50, atención, 50 sabores que no se quedan en eso, noooo, sino que se pueden mezclar entre sí, para obtener sabe Dios cuántos sabores más, siguiendo un práctico mini-folleto de “recipes” ¿No os parece absolutamente increíble que esto exista en un mundo muggle paralelo y real como la vida misma? Pues yo estoy fascinada, imbuida de un mundo de sabores que jamás pude imaginar, ni en mis más colosales sueños infantiles.
Las Jelly Belly:
http://jellybelly.com/Cultures/en-US/OurCandy/JellyBellyJellyBeans/Jelly+Belly+Jelly+Beans.htm
Recetas:
http://jellybelly.com/Cultures/en-US/Fun/Jelly+Belly+Recipes.htm
Hay incluso “beans” especializadas para eventos memorables!!:
http://jellybelly.com/Cultures/en-US/Ideas/Halloween
http://jellybelly.com/Cultures/en-US/Ideas/ChristmasHanukkah
lunes, 24 de marzo de 2008
¡Que no es serendipia, que eso es otra cosa!
“Gerda Taro llevaba colgados de su hombro los aparatos fotográficos. Ella y Capa, también fotógrafo entusiasta, fueron los huéspedes más queridos de la Alianza de Intelectuales, y eso que hubo tantos. Con toda naturalidad, después del inesperado recibimiento de León Felipe, se instalaron junto a nosotros. Iban constantemente al frente y regresaban cansados y felices. La fama de buen fotógrafo de Capa era internacional. Creo que una de las instantáneas más famosas de nuestra guerra, aquella en la que el soldado herido de muerte comienza a caer en la trinchera abandonando el fusil, es suya. Gerda y Capa eran dos seres alegres y jóvenes capaces de reírse cuando el plato estaba vacío, cuando el fotógrafo americano Harry decía que fumaba “yerbas”, cuando Santiago Ontañón decía que las lentejas tenían gusanos que nos miraban, o Darío Cramona hablaba de sus sueños interminables y hambrientos, o Langston Hughes hablaba con diminutivos aprendidos en México. Entre nosotros Gerda Taro se convirtió en la indispensable. A ninguno se le ocurría temer por esta muchacha decidida que con su máquina fotográfica en bandolera se iba al frente como un soldado, y, sin embargo, un día alguien que llamó precipitadamente a nuestra puerta gritó: “María Teresa, en el frente de El Escorial han herido a Gerda Taro”.
[…]
Ésa fue mi primera experiencia; la segunda llamaba a mi puerta para decirme: “En la retirada de Brunete, Gerda Taro iba subida en el estribo de un camión, la rozó un tanque y la han llevado al Escorial, herida”. Cuando llegamos al Escorial ya había muerto. Nos dijeron: “Era una valiente. Como no había anestesia para operarla nos pidió un cigarrillo”. Fumando rabiosamente la operaron, pero no había remedio. Abrieron una puerta y la vimos tumbada en un cuarto vacío, cubierta por una sábana. Qué pequeñita se había quedado. Durante las guerras faltan siempre cajas para enterrar a los valientes. No encontramos ninguna. Por fin nos buscaron un camión y allí, entre cajones, tendieron a Gerda Taro. La guerra, amiga, no tiene miramientos, balbuceamos, y cuando echó a andar el camión nosotros lo seguimos y atravesamos campos ardiendo y casi no nos dimos cuenta de que los aviones franquistas nos estaban bombardeando.
Depositamos a Gerda en el jardín de invierno de la Alianza de Intelectuales. Velamos a la pequeña heroína francesa como a un soldado. Los milicianos le dieron guardia de honor y fueron desfilando comisiones obreras, jefes militares, amigos, vecinas que iban enterándose… y hacían un gran esfuerzo para no santiguarse. Yo dije a la mujer de nuestro portero: “Santíguate, mujer, quién sabe si le hubiese gustado a Gerda verte”. Al día siguiente se llevaron el pobre cuerpecito de Gerda Taro a París, donde fue recibido como el de un soldado que regresa con su deber cumplido. Capa, su compañero, siguió su camino de extraordinario fotógrafo, disparando su máquina como una ametralladora rabiosa. No hubo conflicto donde él no estuviese presente. La vida parecía importarle mucho menos que los testimonios que él recogía y mostraba de las torpezas del mundo y de la angustia de los hombres. Creo que la muerte que levantaba tantas veces su mano, asombrada de verlo cercado de peligros, un día, creo que en Vietnam, bajó su palma y le tapó los ojos, que eran tan claros como un arma, para siempre."
María Teresa León, Memoria de la melancolía
Pues bien, aquí está el testimonio de María Teresa León, por si nos sirve para ampliar perspectivas.
miércoles, 19 de marzo de 2008
La leyenda del tiempo

miércoles, 20 de febrero de 2008
"Memoria de la melancolía"
Este es mi pequeño homenaje, el mío, a María Teresa León, una mujer comprometida con la época que le tocó vivir, ecritora y dramaturga, como pocos saben y esposa de Alberti, como saben los más:martes, 12 de febrero de 2008
Cicatrices antiguas que ya no duelen ni con el cambio de tiempo
Se trata de las cien cosas que aún me quedan por decirte…
… y no puedo parar de llorar porque parece que esto me está purgando pero no: es que lo que me está es hurgando.
Cien cosas, o más, me quedan por decirte.
Cuando las pienso, las cien cosas, se me vuelven muchas más, y ya no sé en qué lugar quedan las cien que ya te dije.
Para que vuelvas, te diría cien cosas.
Pero no te las diré.
Las cuento con anhelo, las cuento con recelo. Cosas que me pasan, ahora que estás lejos. Ahora que el abismo chiquitito que nos separaba se ha abierto. Boca de lobo, abismo.
Pero no te las diré, porque quiero que vuelvas.
Para que vuelvas, te diría cien cosas.
Cada día las cuento, con los dedos de la mano. Cada día las cuento. Y al llegar a nueve me quedo igual. Todo lo que vengo tocando se me transforma en una de cien cosas.
Por orden del rey, se hace saber…
Por orden del rey se hacen saber más de cien cosas al príncipe de mis tristezas.
martes, 5 de febrero de 2008
The Highwayman

Part One
I
The wind was a torrent of darkness among the gusty trees,
The moon was a ghostly galleon tossed upon cloudy seas,
The road was a ribbon of moonlight, over the purple moor,
And the highwayman came riding-
Riding-riding-
The highwayman came riding, up to the old inn-door.
II
He'd a French cocked-hat on his forehead, a bunch of lace at his chin,
A coat of the claret velvet, and breeches of brown doe-skin;
They fitted with never a wrinkle: his boots were up to the thigh!
And he rode with a jewelled twinkle,
His pistol butts a-twinkle,
His rapier hilt a-twinkle, under the jewelled sky.
III
Over the cobbles he clattered and clashed in the dark inn-yard,
And he tapped with his whip on the shutters, but all was locked and barred;
He whistled a tune to the window, and who should be waiting there
But the landlord's black-eyed daughter,
Bess, the landlord's daughter,
Plaiting a dark red love-knot into her long black hair.
IV
And dark in the old inn-yard a stable-wicket creaked
Where Tim the ostler listened; his face was white and peaked;
His eyes were hollows of madness, his hair like mouldy hay,
But he loved the landlord's daughter,
The landlord's red-lipped daughter,
Dumb as a dog he listened, and he heard the robber say-
V
"One kiss, my bonny sweetheart, I'm after a prize to-night,
But I shall be back with the yellow gold before the morning light;
Yet, if they press me sharply, and harry me through the day,
Then look for me by moonlight,
Watch for me by moonlight,
I'll come to thee by moonlight, though hell should bar the way."
VI
He rose upright in the stirrups; he scarce could reach her hand,
But she loosened her hair i' the casement! His face burnt like a brand
As the black cascade of perfume came tumbling over his breast;
And he kissed its waves in the moonlight,
(Oh, sweet black waves in the moonlight!)
Then he tugged at his rein in the moonlight, and galloped away to the West.
Part Two
I
He did not come in the dawning; he did not come at noon;
And out o' the tawny sunset, before the rise o' the moon,
When the road was a gipsy's ribbon, looping the purple moor,
A red-coat troop came marching-
Marching-marching-
King George's men came marching, up to the old inn-door.
II
They said no word to the landlord, they drank his ale instead,
But they gagged his daughter and bound her to the foot of her narrow bed;
Two of them knelt at her casement, with muskets at their side!
There was death at every window;
And hell at one dark window;
For Bess could see, through the casement, the road that he would ride.
III
They had tied her up to attention, with many a sniggering jest;
They bound a musket beside her, with the barrel beneath her breast!
"Now keep good watch!" and they kissed her.
She heard the dead man say-
Look for me by moonlight;
Watch for me by moonlight;
I'll come to thee by moonlight, though hell should bar the way!
IV
She twisted her hands behind her; but all the knots held good!
She writhed her hands till here fingers were wet with sweat or blood!
They stretched and strained in the darkness, and the hours crawled by like
years,
Till, now, on the stroke of midnight,
Cold, on the stroke of midnight,
The tip of one finger touched it! The trigger at least was hers!
V
The tip of one finger touched it; she strove no more for the rest!
Up, she stood up to attention, with the barrel beneath her breast,
She would not risk their hearing; she would not strive again;
For the road lay bare in the moonlight;
Blank and bare in the moonlight;
And the blood of her veins in the moonlight throbbed to her love's refrain.
VI
Tlot-tlot; tlot-tlot! Had they heard it? The horse-hoofs
ringing clear;
Tlot-tlot, tlot-tlot, in the distance? Were they deaf that they did
not hear?
Down the ribbon of moonlight, over the brow of the hill,
The highwayman came riding,
Riding, riding!
The red-coats looked to their priming! She stood up strait and still!
VII
Tlot-tlot, in the frosty silence! Tlot-tlot, in the echoing night
!
Nearer he came and nearer! Her face was like a light!
Her eyes grew wide for a moment; she drew one last deep breath,
Then her finger moved in the moonlight,
Her musket shattered the moonlight,
Shattered her breast in the moonlight and warned him-with her death.
VIII
He turned; he spurred to the West; he did not know who stood
Bowed, with her head o'er the musket, drenched with her own red blood!
Not till the dawn he heard it, his face grew grey to hear
How Bess, the landlord's daughter,
The landlord's black-eyed daughter,
Had watched for her love in the moonlight, and died in the darkness there.
IX
Back, he spurred like a madman, shrieking a curse to the sky,
With the white road smoking behind him and his rapier brandished high!
Blood-red were his spurs i' the golden noon; wine-red was his velvet coat,
When they shot him down on the highway,
Down like a dog on the highway,
And he lay in his blood on the highway, with a bunch of lace at his throat.
* * * * * *
X
And still of a winter's night, they say, when the wind is in the trees,
When the moon is a ghostly galleon tossed upon cloudy seas,
When the road is a ribbon of moonlight over the purple moor,
A highwayman comes riding-
Riding-riding-
A highwayman comes riding, up to the old inn-door.
XI
Over the cobbles he clatters and clangs in the dark inn-yard,
And he taps with his whip on the shutters, but all is locked and barred;
He whistles a tune to the window, and who should be waiting there
But the landlord's black-eyed daughter,
Bess, the landlord's daughter,
Plaiting a dark red love-knot into her long black hair.
by Alfred Noyes

